El universo, las casualidades y la sincronicidad del cerebro por Carl Jung

A menudo se plantean las siguientes preguntas: ¿Por qué sucedió esto?, ¿por qué sucedió aquello?, ¿qué es lo que causa lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos? 

Ante ellas tenemos dos realidades paralelas que están vinculadas y coordinadas sincronísticamente, la relación de la mente con la materia, una fuente inagotable de interés e intriga para Jung. 

En la vida cotidiana somos parte de un acontecimiento que sucede sin que lo notemos, el cual es, sin duda, algo de suma importancia, cuando le tomas el tiempo de analizarlo. Estamos hablando de la suerte, del azar, las casualidades, el universo y muchas otras formas de decirlo; no tenemos claro qué es o cómo suceden, pero es un hecho que todo el mundo tiene este tipo de casualidades latentes, ya sea que estén conscientes de ello o no. De todas formas está sucediendo en todas partes, así pues, surgen preguntas y respuestas interesantes de las que quiero compartirte algunas reflexiones.

En la vida se han presentado este tipo de casos, como por ejemplo encontrar dinero que necesitabas urgentemente y sucede que lo hallas en el suelo de la calle, y justamente pasaste ese día a esa hora exacta, cuando la calle estaba vacía, prácticamente ese dinero estaba esperando por ti. Podrías interpretarlo como una respuesta del universo, y estoy seguro de que a más de uno le ha sucedido algo similar. 

Carl Jung, notable psicólogo, trabajó junto a Sigmund Freud, ambos fueron pioneros en el psicoanálisis, pero Jung hizo un camino diferente y siguió sus propias ideas de pensamiento científico, místico, religioso y casi mágico. Intentó mantener esta tensión sin favorecer a ninguno de los dos elementos, religión y ciencia, esa es la pieza fundamental de su trabajo, postuló que los seres humanos tienen un pensamiento causal, pero que también tienen un pensamiento científico.

Para Jung, desafiar el experimento causal es ignorar el sentido común, al cuestionar el argumento de causa y efecto. Jung encontró que la física moderna era aliada, ya que se había enterado de que la descomposición de los elementos radioactivos también era causa de probabilidades donde se puede mostrar un análisis matemático, sin embargo, no se ha encontrado un argumento especifico, que de fe a su acontecer. ¿Se trata solo de elementos causales?, la probabilidad es importante para abordar este tema. 

Jung se alejaba de las correspondencias que han sido propuestas por unos filósofos como Arthur Schopenhauer, decidió tener una postura científica, empírica y racional. Durante muchos años lidió con el misterio de lo oculto, con los temas de tesis acerca del puente sobre lo material con lo sutil (lo que se puede ver y lo que solo se puede sentir). 

 El problema de la sincronicidad me ha confundido mucho tiempo, desde la mitad de los años veinte, cuando estaba investigando un fenómeno del inconsciente colectivo y me encontraba continuamente con relaciones que, sencillamente, no podía admitir como agrupaciones casuales o “rachas”. Lo que encontré fueron “coincidencias”, que estaban tan significativamente relacionadas que su probabilidad de producirse era increíble.

Carl Jung

Su teoría de “los arquetipos” y del “sí mismo” se combinaron con la “sincronicidad” para llegar a un solo pensamiento, esta debe ser considerada como la sincronicidad. Además, también para entenderse, debe comprender la teoría de los arquetipos, por ese motivo es que pocos psicólogos han seguido a Jung en cuanto a esta teoría,.

Según el propio Jung, son pocos los psicólogos que se sentían cómodos en abarcar esta teoría que brinda una lección mental que pocos académicos podrían igualar, son tímidos a la hora de apartarse de su propio tema, pero Jung nos presenta una característica de trascendencia más allá de la conciencia y la psique.

Para un mejor entendimiento de mis lectores, haré un paréntesis y hablaré brevemente sobre el significado de los “arquetipos”, Jung, en su libro Arquetipos e Inconsciente Colectivo, hace referencia a los arquetipos como símbolos o imágenes inconscientes que pueden suscitarse mediante los sueños, nos pueden indicar un significado mediante símbolos, muchas veces son la inspiración que uno tiene para pintar algún cuadro, escribir algún cuento o novela, componer una sinfonía, escribir una canción; sin que lo sepamos, puede pertenecer a un recuerdo de algún familiar o antepasado que, gracias a los cromosomas o los genes (que son los únicos que nunca se extinguen), podemos tener esas “luminarias” o inspiración que no sabemos de dónde nos llega, pero según lo que postula Jung, son arquetipos que pueden provenir  de nuestros antepasados. 

Por ello, Jung propone un conocimiento inexplicable que puede acontecer en un momento crucial, que podemos llamar existencia inmediata de imágenes inconscientes que no tienen bases reconocibles o que también se encuentran situaciones causales reconocibles.

Es así como llegó a la conclusión de que, al parecer, la presencia de la afectividad tiene influencia para que la sincronicidad aparezca. 

Una coincidencia temporal significativa puede adoptar tres formas: 

  1. La coincidencia de un estado psíquico (pensamiento) con su proceso objetivo (materia) correspondiente, cuyo acontecer tiene lugar simultáneamente. Ejemplo: Pienso y deseo fervientemente que me toque un as en la baraja para ganar un juego de póker.
  2. La coincidencia de un estado psíquico subjetivo con un fantasma (sueño o visión) que más tarde aparece como reflejo más o menos fehaciente de un suceso “sincronístico” y objetivo que tuvo lugar, más o menos, simultáneamente, aunque a distancia. Ejemplo: Sueño que estoy en medio de una guerra, días después veo en las noticias que empezó un conflicto armado entre potencias mundiales.
  3. Lo mismo, salvo que el evento percibido tiene lugar en el futuro y está representado en el presente solo por un fantasma que se corresponde con él. 

Hablando de manera técnica, para los psicólogos que lean este artículo, entendemos que en el primer caso, un suceso objetivo coincide con un contenido subjetivo, la sincronicidad en los otros dos casos solo puede comprobarse después, aunque el suceso sincronístico como tal este constituido por la coincidencia de un estado psíquico neutro con un fantasma (sueño o visión).

En su libro Sincronicidad, Jung nos indica lo siguiente: «Con frecuencia la sincronicidad ocurre cuando una persona se encuentra psíquicamente en un estado-nivel más bajo de consciencia, es una disminución de un estado de alerta de conciencia, cuando una persona a avanzado a un nivel que su inconsciente pasa a un estado mas activo y puede pasar el umbral hacia la consciencia es posible que lo psíquico se encuentre en un estado intuitivo». Basándose en su propia experiencia, Jung afirma que el inconsciente tiene un conocimiento a priori.  

¿Cómo puede un evento remoto en el tiempo y en el espacio producir una imagen psíquica correspondiente?

Según lo que postula Jung, tenemos en el inconsciente un conocimiento a priori, o una teoría que tiene una base causal, reconoceremos que somos capaces de conocer cosas que nosotros tenemos dentro de nuestro inconsciente, para Jung el inconsciente desafía las teorías del conocimiento, en cuanto a los limites de lo que es posible conocer. 

Leamos el siguiente fragmento de Sincronicidad:

En mi propia experiencia médica: «Una paciente, de cuya fiabilidad e integridad no me cabe la menor duda, me contó que su primer parto fue difícil. Tras treinta horas de trabajo en vano, el doctor consideró que sería necesario utilizar los fórceps, lo cual se realizó bajo una ligera anestesia. Se desgarró muchísimo y tuvo una gran pérdida de sangre. Cuando el doctor, su madre y su marido se habían ido, todo estaba en orden. La enfermera quería comer y la paciente la vio asomarse a la puerta y preguntar. ´¿quiere algo antes de que me vaya a cenar?´. Ella intentó contestar, pero no pudo. Tenía la sensación de que, a través del colchón, se estaba hundiendo en un vacío insondable. Vio a la enfermera corriendo hacia la cabecera de la cama y cogerle su mano para tomarle el pulso. Por la forma de mover sus dedos de un lado a otro, la paciente pensó que debía ser casi imperceptible. No obstante, ella se sentía bastante bien y hasta le resultaba un poco divertida la alarma de la enfermera. No estaba asustada en lo mas mínimo, eso fue lo último que pudo recordar durante mucho tiempo. Lo que recordó después fue que, sin sentir su cuerpo ni su postura, se encontraba mirando hacia abajo, desde el techo, desde donde podía ver todo lo que sucedía en la habitación debajo de ella: se vio a si misma echada en la cama, mortalmente pálida y con los ojos cerrados. A su lado se encontraba la enfermera. El doctor andaba inquieto de un lado para otro de la habitación, y le pareció que había perdido el control y no sabia que hacer. Sus parientes se amontonaban a la puerta. Su madre y su marido entraron y la miraron con cara de susto. Se dijo que era demasiado estúpido por su parte pensar que se iba a morir, pues volvería en si de nuevo. Durante todo ese tiempo, sabía que detrás de ella había un paisaje celestial, como un parque que brillaba con los colores mas refulgentes, y, en particular, un prado verde esmeralda con una hierba baja, era primavera y el césped estaba salpicado de pequeñas y alegres flores que nunca había visto. Toda la región centelleaba con la luz del sol y todos los colores tenían un esplendor indescriptible. El prado, que hacia una ligera pendiente, estaba limitando a ambos lados por los árboles verde oscuros. Le dio la impresión de que había un bosque que todavía no había pisado pie humano. ´sabia que era la entrada a otro mundo y que, si me volvía a contemplar el cuadro directamente, sentiría la tentación de entrar por la puerta y dejar la vida´. Ella, en realidad, no vio el paisaje, puesto que estaba de espaldas a él; pero sabía que estaba allí. Sentía que no había nada que le impidiera cruzar la verja. Solo sabía que regresaría a su cuerpo y que no moriría. Por eso encontraba ridícula y fuera de lugar la excitación del médico y la preocupación de sus parientes. Lo que ocurrió después fue que despertó de su coma y vio a la enfermera inclinada sobre ella en la cama. Le dijeron que había estado inconsciente durante media hora. Al día siguiente, unas quince horas después, cuando se sintió un poco más fuerte, hizo una observación sobre el comportamiento incompetente e ´histérico´ del médico durante su estado de coma. La enfermera negó enérgicamente esa critica creyendo que la paciente había estado completamente inconsciente en aquel momento y que no podía, por lo tanto, saber nada de lo que había ocurrido. Solo cuando describió con toda suerte de detalles lo que había sucedido, la enfermera se vio obligada a admitir que la paciente había captado todos los acontecimientos como habían sucedido en realidad». (Jung, 1988, p. 120) 

En este ejemplo resulta difícil explicar cómo puede producirse un proceso psíquico tan intenso y recordarlo en un estado de colapso grave, ni como la paciente pudo observar los sucesos reales con detalles concretos con los ojos cerrados. Lo que cualquiera podría pensar es que una amnesia cerebral impediría que se produjeran procesos de este tipo Para Jung este ejemplo podría abrir una última posibilidad de su teoría de la sincronicidad, ya que estas percepciones independientes del espacio y del tiempo no pueden explicarse como procesos en el substrato biológico. 

Esta actividad de la conciencia se da en casos excepcionales, pero, suelen ser frecuentes en un estado de desmayo. Jung habla sobre el sistema simpático, que podría considerarse como un posible vehículo de las funciones psíquicas, de igual modo, los posibles sueños conscientes pueden considerarse de la misma forma. En este caso, según Jung, los sueños se producen no tanto por la actividad de la corteza dormida como por la del sistema simpático que no duerme, y son, finalmente, de naturaleza trascerebral. 

Podemos darnos cuenta de que el inconsciente sabe muchas cosas que no podríamos percatarnos que sabemos, este suceso puede ser denominado como pensamientos no pensados o pensamientos a priori. Recuerda esta locución, pues la tocaremos mas adelante.

¿Acaso nuestro nacimiento y la familia que nos tocó se debe al azar o la casualidad?, ¿o debe tener un significado?, ¿o la psique esta por secuencia de etapas epigenéticamente establecidas? 

En mi anterior artículo, sobre el Bardo Thodol y la liberación de la conciencia, que esta publicado en este mismo blog (y te invito que lo revises si aún no lo has hecho), indico que, según el Bardo Thodol, nuestro inconsciente o espíritu, constantemente está de vida en vida, moviéndose por eones de años y busca donde encarnarse, así pues, es importante mencionar que los sacerdotes tibetanos tienen un entrenamiento o siguen un camino de preparación de toda una vida, para cuando llegue el momento de morir, así, su conciencia o espíritu ya no vuelve a encarnarse, sino que regresa al creador y se vuelve uno con él. De hecho, esto no está exclusivamente dado para los sacerdotes, sino para todo aquel que este buscando un camino superior hacia la divinidad y alcanzar nuevos límites de conciencia. 

De acuerdo a la experiencia de Jung, los misterios que se incorporan en los sucesos sincronístico transforman a las personas, su vida adquiere un nuevo rumbo y lleva a la conciencia hacia niveles más profundos. 

Existe una filosofía o experiencia de vida de estar en el Tao, lo que se hace asequible para la conciencia, es la esencia de lo real porque, como seres humanos podemos estar y todo esto tiene que ver con la voluntad de Dios. Para Jung nuestra conciencia es capaz de reflejar en el cosmos y atraerlo, vivimos en un universo que puede describirse, haciendo uso de cuatro principios.

  1. Causalidad.
  2. Sincronicidad.
  3. Causa.
  4. Efecto.

Poco a poco, Jung se fue adentrando en temas sobre el universo y la conciencia, indicó que el universo procede a nivel del psicoide del inconsciente, estos son ciertos patrones de orden y cualquier individuo puede ser testigo, tal como es arriba así es abajo, tal como es adentro también es afuera, son leyes universales que están ahí, para todo el mundo.

Aquí tienen un ejemplo de casualidad brindado por el propio Jung:

El 1 de abril de 1949

Es viernes, tenemos pescado para comer, a alguien se le ocurre mencionar la costumbre tradicional de dar inocentadas ese día. Aquella misma mañana escribí una nota que decía “est hotmo totus medius piscis ab imo”. Por la tarde, una antigua paciente mía, a la que no había visto desde hacía meses, se me enseñó algunos dibujos de peces, muy llamativos, que había pintado por aquellos días. Por la noche me enseñaron un bordado con monstruos semejantes a peces. El 2 de abril por la mañana, otra paciente, que no había visto desde hacia muchos años, me contó un sueño en el que, a orillas de un lago, vio un gran pez que nadaba hacia donde ella se encontraba y se puso a sus pies. Por aquel entonces yo estaba estudiando la simbología del pez en la historia. Solo lo sabía una de las personas mencionadas aquí. Es completamente lógico suponer que se trata de un caso de coincidencia significativa, es decir una conexión a causal. Debo confesar que estos sucesos me impresionaron mucho. Me pareció que tenían alguna cualidad sobrenatural. En tales circunstancias nos inclinamos a decir que “eso no puede ser una simple coincidencia”, sin saber exactamente lo que estamos diciendo. […] Es muy extraño que el tema del pez aparezca no menos de seis veces en 24 horas; pero debemos recordar que el pescado en viernes es una cosa normal y el 1 de abril no podría pensar muy fácilmente en el pescado de abril. Por entonces, yo llevaba trabajando varios meses sobre la simbología del pez. Los peces aparecen muchas veces como símbolos de satisfacciones inconscientes. Por eso no hay justificación posible para ver en ello algo más que una coincidencia del azar. (Jung, 1988, p. 15)

En su libro, Sincronicidad, Jung cita un experimento realizado a cinco personas: «El experimento consistía en poner 25 cartas en grupos y que las personas por turnos intenten descifrar las cartas correspondientes a sus pares, en el experimento se dieron cuenta que el azar podría ser algo estadístico y que las cinco personas que tuvieron resultandos diferentes, algunos con más acierto que otros, indican estadísticamente y matemáticamente que el azar son hechos estadísticos, que suceden 1 de 1,500 veces, en otros casos 1 de 1,500 al cuadrado». 

Entonces, que cualquier persona entusiasta por la estadística le dedique tiempo a verificar o experimentar con las probabilidades, de una u otra forma, podemos concluir que las cosas (que podemos llamar azar o casualidades) suceden estadísticamente de 1: 1500, no obstante, Jung nos da un análisis más profundo. 

Me pongo en el lugar del lector, y sé que estas citas son largas, pero quiero rescatar la esencia de lo que Jung postula en su libro Sincronicidad. Bien, ya que estos hechos de causa y efecto suenan como algo difícil de entender, daremos un concepto general acerca de lo que es la sincronicidad para Jung: Sincronicidad es una sucesión simultanea de dos acontecimientos significativos no relacionados causalmente, que tienen el mismo significado o similar, contrastando con el “sincronismo” que manifiesta el acontecimiento simultaneo de dos sucesos. 

De hecho, por medio las investigaciones y experimentos de J. B. Rhine, Jung construyó una base estadística para su teoría de la sincronicidad; se dio cuenta de algo muy interesante: En uno de sus experimentos, decidió utilizar unos dados para ver en tal caso, cuál era la probabilidad de que salga un número en específico. Después de varias pruebas con diferentes personas, se dieron cuenta de que obtuvieron mayores aciertos cuando la persona que tiraba los dados deseaba fervientemente que salga dicha numeración, en este caso tuvo más acierto que los demás que lanzaban los dados de manera mecánica, entonces, aquí tenemos una conclusión y debemos formularnos una pregunta: ¿El azar se puede inducir con el deseo y los sentimientos? 

Según Jung, cuando se considera un acontecimiento sin restricciones experimentales, el observador puede estar influido fácilmente por un estado emocional que altera el espacio y el tiempo por “contracción”, esto quiere decir que cada estado emocional produce una alteración de conciencia que llaman “descenso del nivel mental”. Lo cual significa que se produce una reducción de conciencia con su correspondiente aumento del inconsciente, en el caso de sentimientos fuertes, esto es perceptible incluso para el inexperto o para los que no están familiarizados con el tema.

Haciendo una referencia al libro Arquetipos, podemos destacar la aparición de imágenes y recuerdos olvidados que no pueden reproducirse por el momento, y quizás nunca. Entre los contenidos subliminales, se distingue la percepción de un “conocimiento inexplicable” o “existencia inmediata”.

Podemos afirmar que, en la cultura popular, muchas personas han tenido, al menos una vez en su vida, el famoso déjà vu, acontecimientos o escenas que crees que ya pasaste o que se te hacen conocidas por alguna razón inexplicable. En tanto a las investigaciones de Jung, en el inconsciente hay algo así como un conocimiento a priori o una presencia inmediata de sucesos a los que falta una base causal. Por lo que afirma que en su concepto de causalidad es incapaz de explicar los hechos. 

Así pues, ya que el tema se torna complicado, Jung, trata de ayudarse para la explicación mediante sus experimentos y citas.

La sincronicidad se compone de dos factores: 

  1. Una imagen inconsciente entra dentro de la consciencia, ya sea de forma directa o indirecta (simbólica o sugerida) a modo de sueño, idea o premonición.
  2. Una situación objetiva con este contenido. 

En Sincronicidad, Jung cita a Alberto Magno, denominado el santo de la ciencia: “He descubierto un relato instructivo (de magia) en el Liber Sextus Naturalium de Avicena, que dice que reside en el alma humana un cierto poder de alterar las cosas y que subordina a ella todo lo demás, en especial cuando la mueve un arrebato de amor, odio o placer. Por eso cuando el alma de un hombre cae en una pasión desmesurada, enlaza cosas (mágicamente) y las transforma a su antojo. Durante mucho tiempo no lo creí, pero después de haber leído libro nigrománticos y otros sobre signos y magia, me di cuenta de que la emotividad del alma humana es la causa principal de todas estas cosas, ya sea porque, debido a su gran emoción, cambia su sustancia corpórea y las demás cosas en las que ella busca, ya porque, considerando su dignidad, las otras cosas inferiores están sometidas a ella, o bien porque la hora apropiada o la situación astrológica u otro poder coincide con tan desordenada emoción, y nosotros (en consecuencia) creemos que es el alma la que desencadena este poder, quienquiera que aprenda el secreto de hacer y deshacer estas cosas, debe saber que cualquiera puede influir en todo con la magia, si cae en algún arrebato… y que debe hacerlo en el momento en que le sobreviene el arrebato y actúa con las cosas que el alma le indica. Pues el alma esta entonces tan deseosa del trabajo que debe realizar que, por iniciativa propia, escoge el momento astrológico mejor y mas significativo y que rige además en las cosas relacionadas con el tema. Por tanto, es el alma la que desea una cosa con más intensidad, la que hace las cosas mas efectivas y mas parecidas a como suceden. Así es como procede el alma cuando desea algo intensamente. Todo lo que hace con vistas a lograr ese objetivo tiene fuerza motriz y eficacia para lo que ella desea”.

Según la cita de Jung, Alberto Magno, como gran filósofo y teólogo, confirma que, gracias a sus estudios, tiene la certeza de que dentro de nosotros existe un poder oculto, que se desencadena o se activa mediante las fuertes emociones y sentimientos. Nuevamente, Jung se apoya en las citas de personajes para darle bases contundentes y opiniones de grandes pensadores para su teoría de la sincronicidad.

Pintura de Alberto Magno, filósofo, teólogo y obispo católico.

Además, gracias a los experimentos antes mencionados de Rhine, sus conclusiones acerca de los números indican que lo más parecido a pruebas concretas de lo que somos y de lo que existe, son, en efecto, los números. Es así que evaluó a mujeres y hombres con diferentes variaciones y dio con diversos números, estimaciones y valores de media. Para entender que la sincronicidad muchas veces se ubica de manera estadística y poder ver en qué momento podría ocurrir un azar gracias a los números. No obstante, podemos entender que, aunque el azar ocurra de manera estadística, nosotros podemos causarlo mediante emociones y sentimientos. 

Para Jung el arquetipo representa una probabilidad psíquica, puesto que reproduce los sucesos instintivos (tipos). El psicólogo fue franco en su investigación y admitió que la sincronicidad no es un fenómeno fácil de demostrar. 

La sincronicidad no es una opinión filosófica, sino un concepto empírico que plantea un principio intelectualmente necesario, esto no puede llamarse materialismo o metafísica, ningún investigador serio afirmaría que la naturaleza de lo que se observa que existe y la de lo que lo observa, es decir, la psiquis, son cantidades conocidas y reconocidas. Si las últimas conclusiones de la ciencia se están aproximando cada vez más a la idea unitaria del ser, caracterizada por la de espacio y el tiempo, por un lado, y por la causalidad y la sincronicidad, por el otro, eso no tiene nada que ver con el materialismo. Parece demostrar, por el contrario, que hay posibilidad de deshacerse de la inconmensurabilidad existente entre el observador y lo observado, el resultado, en este caso, sería la unidad del ser, que habría de expresarse con un nuevo lenguaje conceptual, un “lenguaje neutro”.

Jung 

En sus propias palabras, Jung nos indica que «la razón principal es sencillamente la ignorancia que, hoy en día, por desgracia, oculta el horizonte por fuerza limitada de los estudios especializados desde todos los puntos de vista y de la forma más indeseable. ¡Cuántas veces no hemos descubierto que las llamadas “supersticiones” contienen una base verdadera que vale la pena conocer! Los anhelos con sentido de deseo podrían ser una acción mágica, y la creencia tradicional en la eficacia de la plegaria, estén basadas ambas en la experiencia de fenómenos sincronísticos concomitantes». 

Cuántos de ustedes no han hecho plegarias y en algunos casos lo han pedido con tanta fe que se han cumplido. Estoy seguro que conocen a alguien que le sucedió algo similar, de hecho, yo tengo varios pasajes en mi vida que me asistió la casualidad y por eso mismo le dedique tiempo a este tema para traerles de manera entendible (a medida de lo posible) y juntos, poder llegar a un mejor entendimiento de lo que sucede en nuestra vida cotidiana, y expandir nuestra mente y nuestra conciencia.

A diferencia de la cultura occidental, ponemos el caso de China como base anclada a la filosofía del Tao, en la que está impregnada la causalidad en toda su cultura. Lao-Tse describe el Tao en su libro, Tao Te King

Hay algo sin forma, aunque completo, que existe antes que el cielo y la tierra.
¡Que apacible¡, ¡que vacío!
No depende de nada, no cambia,
lo impregna todo, es infalible.
Uno puede considerarlo como la madre de todas las cosas que existen bajo el cielo.
No conozco su nombre, pero le llamo “significado”.
Si tuviera que darle un nombre lo llamaría “El Grande”.

El Tao Te King es una obra sublime, para aquellas personas que tienen una inclinación hacia su ser, su conciencia y quieren encontrar el equilibrio en sus vidas, esta obra, aunque está escrita de una manera filosófica y en alguna medida metafórica, paradójicamente, también dice las cosas de manera directa y deja que el intelecto de quien lo lee sea capaz de captar su esencia y llegue a sus propias conclusiones.

Ponemos treinta radios juntos y lo llamamos rueda, pero la utilidad de la rueda depende del hueco donde no hay nada.
Amasamos la arcilla para hacer una vasija; pero la utilidad de la vasija depende del hueco donde no hay nada.
Creamos, puertas y ventanas para hacer una casa, pero la utilidad de la casa depende de esos huecos en los que no hay nada
(Tao Te King, capítulo XI).

Con el fragmento anterior, Jung hace referencia al Tao para explicar ciertas cuestiones subjetivas e indica que al aprovecharnos de lo que es, deberíamos reconocer la utilidad de lo que no es. Nada es, evidentemente “significado” o “propósito” y se le llama “nada” porque se manifiesta a sí misma en el mundo sensible, del que es organizadora.

Pintura de Chuang Tse

Utiliza tu ojo interno y tu oído interno para penetrar en el corazón de las cosas y no tengas necesidad del conocimiento intelectual.

Chuang Tse

Según Jung, esta es una alusión al conocimiento absoluto del inconsciente y a la presencia de acontecimientos macrocósmico en el microcosmos. Dicha concepción taoísta es típica del pensamiento chino. 

Esto me lleva a pensar en Platón y en su alegoría la caverna, donde hace una referencia de hombres que están atrapados en una caverna, viendo solamente sombras en la pared que otros proyectan, y piensan que es la realidad, sin embargo, el gran objetivo es salir de la caverna y darte cuenta de que allá afuera se encuentra la realidad y es muy diferente de lo que ellos piensan que es real estando dentro de la caverna. Tiene un sentido metafórico para que, nuevamente, cada uno saque sus propias conclusiones. 

Jung postula que estos hechos no son causa desconocida, sino que la causa no es ni siquiera imaginable en términos intelectuales, es decir, lo que causa que tengamos consciencia y un inconsciente, y que el modo de operar de estos tenga una causa superior, es precisamente el caso cuando el espacio y el tiempo pierden su significación o se han hecho relativos. La existencia de espacio y tiempo para su continuidad se hace completamente impensable, de hecho, hablar de un ser superior escapa totalmente del raciocinio humano, ya que no puede entender lo que es, ni como es, porque no existe una palabra que lo describa en la filosofía hindú, más bien le llaman el “El Todo” 

Llegando a una conclusión, primero sobre el arquetipo, es la forma de la ordenación psíquica a priori, que puede reconocerse de modo introspectivo; indica que los procesos sincronísticos externos también están ordenados por el universo, y que la ordenación psíquica son actos que podemos crear en el tiempo. algo característico de estos fenómenos y por lo que Jung les ha llamado sincronísticos. Entonces, ¿Jung nos trata de decir que podemos ordenar y crear casualidades en el espacio-tiempo y eso se llamaría sincronicidad? 

Así es, en mi opinión, gracias a nuestros sentimientos, deseos y emociones, nosotros podemos crear en el espacio-tiempo una brecha para que el universo manifieste una casualidad que, por consiguiente, sería una sincronicidad: puede ser de aquello que soñamos y, a la vez, surge en la realidad como la conocemos.

Es decir, aquello que anhelamos pueden ser tus sueños más apreciados, deseos fervientes, metas y objetivos en tu vida cotidiana, los cuales, al ser combinados con sentimientos fuertes, hacen que puedas causar tus propias casualidades. Si hace unos minutos creías que sucedían por azar, ahora sabes que ese azar está a tu favor, si lo utilizas de manera adecuada.

“Cristo entro en la sala”, lo digo de una manera pintoresca porque para mí es un personaje muy importante que partió la Historia en dos, y soy un fiel seguidor de su verdadera enseñanza. Recordemos lo que dijo: “Lo que entra por la boca, no mata al hombre, sino, lo que sale de su boca” (Mateo 15: 11).

En tal sentido, para que todo esto se lleve a cabo, hace falta el poder de la “palabra”, lo que sale de tu boca te puede matar, pero también te puede construir. Lo que quiero decir es que, no basta solo con tener el sentimiento o el pensamiento de tus deseos fervientes, sino también, hace falta pronunciarlo, decirlo en voz alta, la palabra, el logos. “Y el verbo se hizo carne”, ¿recuerdas? 

Cristo mostrando la clave en su mano derecha, por Leonardo da Vinci

Quiero dejar algo bien en claro, y espero que te lo lleves a casa como un mensaje importante. Nosotros podemos causar nuestras casualidades, pero tenemos que tener intención, por ejemplo, ¿quieres ser un gran orador? Entonces, ¿qué esperas que no practicas? Toma acción y muévete donde haya presión, habla delante de muchas personas, muéstrate y practica en público, pronto la casualidad te asistirá porque estarás haciendo lo que dijiste que harías. Tú no sabes como llegará la casualidad, nadie lo sabe, pero será armonioso para tu vida, porque pondrás pensamiento, sentimiento y tu palabra. Piénsalo, imagínate que, por casualidad, justo ese día que vas a una plaza para hablar de un tema x, va una persona que busca un orador y te contratan por tu habilidad, por decir algo…

Lo mismo aplica para los que quieren ser artistas, cantantes, actores o escritores. No basta con el deseo ardiente de querer que se cumpla, ya tienes el cetro en tus manos para realizar cualquier cosa que te propongas, sabes como poner de tu lado al universo, ya sabes como causar tu propia casualidad, como indica Jung, la sincronicidad perfora el espacio y el tiempo. 

Te invito a que salgas de la caverna y cumplas todos tus sueños y objetivos, recuerda que el azar favorece al que esta preparado.

Referencias

Cappelletti. A. (s/f). CHUANG TSE: UN NATURALISMO MÍSTICO Y ANÁRQUICO. https://bibliotecavirtual.unl.edu.ar:8443/bitstream/handle/11185/4357/RU059_03_A001.pdf?sequence=1&isAllowed=y

Jung, C. (1988). Sincronicidad. Málaga: Editorial Sirio S. A. https://www.formarse.com.ar/libros/libros-Jung/JungCarlGustavSincronicidad.PDF

Lao Tse (s/f). Tao Te King. http://bibliotecadigital.ilce.edu.mx/Colecciones/ObrasClasicas/_docs/TaoTeKing_LaoTse.pdf

Lugo, M. (2023). Tipos de sueños y sus características. https://www.psicologia-online.com/tipos-de-suenos-y-sus-caracteristicas-6897.html

Ocampo, J. (1999). AVICENA: Médico árabe medioeval. Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Anales de la Facultad de Medicina 60(4), pp. 298-303. https://sisbib.unmsm.edu.pe/bvrevistas/anales/v60_n4/pdf/a10v60n4.pdf

Platón: El mito de la caverna. https://arditiesp.files.wordpress.com/2012/10/platon_caverna.pdf

Sala de prensa de la Universidad Autónoma de Barcelona (2020). Una nueva hipótesis explica por qué el cromosoma Y no se ha extinguido (todavía) en los mamíferos. https://www.uab.cat/web/sala-de-prensa/detalle-noticia/una-nueva-hipotesis-explica-por-que-el-cromosoma-y-no-se-ha-extinguido-todavia-en-los-mamiferos-1345667994339.html?noticiaid=1345823680906

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Entendiendo la identidad

Entendiendo la identidad

Para dejarlo claro de entrada, la identidad siempre está presente en toda persona, solo que, en ocasiones, no la potenciamos y nos abatimos por las dificultades, pero siempre tendremos características, que nos distingan del resto. Pero entonces, ¿por qué pareciera que hay una falta de identidad en algunas personas? Pues esto no es más que una pérdida temporal de nuestras habilidades y rasgos que sucede por diversas situaciones de nuestra vida, especialmente se da en familias disfuncionales y en situaciones estresantes, que nos llevan al límite.

LA IDENTIDAD Y MI PROPÓSITO

La identidad va ligada con nuestro propósito de vida, y para saber este, se debe contestar con sinceridad las siguientes preguntas:

¿Quién soy?

¿En qué creo? ¿Sigo alguna religión? Sí o no, y por qué.

¿Cuáles son mis valores morales?

¿Qué me gusta de la vida? ¿Qué podría hacer sin recibir dinero?

¿Qué me hace feliz? ¿Dónde estaría más feliz? ¿Me gusta mi alrededor?

Por lo tanto, una persona que conoce su identidad, debe ver forzosamente el tema espiritual, porque te orienta al camino que deseas seguir en la vida. Tiene mayor facilidad para alcanzar sus metas porque, en primer lugar, sabe lo que quiere, y tal vez aprendió a través de sus errores. Es entonces importante considerar que las personas se sienten sin identidad, cuando no aprenden de sus yerros. Y muchas veces sus padres son sobreprotectores, los que, al protegerlos de cualquier daño posible, los hacen débiles; o quizás, del otro lado de la moneda, tienen padres tan autoritarios que los vuelven personas muy críticas con ellos mismos, y en busca de esa aprobación ausente, pierden parte de su identidad. Es muy fácil caer en esto, sobre todo en la adolescencia, en la que aún no se ha formado completamente el carácter, y la familia es una guía fundamental en nuestra vida.

Carl Jung: Sombra, ego e identidad

El inconsciente es nuestra sombra, lucha por mostrarse, pero es reprimido por el ego, esto claramente es una causa de una crisis de identidad; cuando reprimimos emociones, no sacamos a flote nuestro verdadero yo (Giardini et al, 2017).

ilustracion 1: Carl Jung, sombra-ego

Identidad y alma

El alma, según todos sabemos, es lo que queda cuando el cuerpo muere y va al cielo, al infierno o al purgatorio; asimismo, para otros esto aún es un misterio. Quizá para los que no creen en estos lugares celestiales y de sufrimiento, les sea más difícil tomar conciencia de sus acciones diarias, quizá pueden vivir el día a día, llenos de miedos, angustias y obsesiones; no obstante, los creyentes tampoco están exentos de estas dificultades

Como premisa, el que tiene identidad, busca ayuda… Quien busca ayuda está bien. ¿Por qué? Porque reconoce que no es perfecto, que hay momentos donde nos marchitamos; pero entiende que volverá a florecer con ayuda de otros y confiará cada vez más en sí mismo.

ilustracion 2: identidad y alma

EJERCICIOS PARA COMPRENDER NUESTRA IDENTIDAD:

  • Escribir quién eres, lo importante del ejercicio es no pensarlo mucho y ser lo más sinceros posibles, y leerlo en voz alta; pues hablar sana, y en voz alta, mucho más; por ello las terapias con psicólogos se hacen hablando y escuchando. Nuestras palabras tienen poder.
  • Trabajar la inseguridad, por cualquier arista se puede empezar a mejorar, no hay una lista exacta de cosas a hacer. Para comenzar a mejorar, en cualquier aspecto que perjudique nuestra identidad, puedes usar tu imaginación, esta ha sido una muy buen arma ante las más grandes dificultades a lo largo de la Historia.
  • Otra herramienta que incrementa nuestra seguridad y fortalece la identidad es leer, el conocimiento es la buena amiga que nos ayuda a tener más cultura y adentrarnos en el mundo.
  • Dejar de lado la alienación, el uso excesivo de redes sociales y el miedo; allí se pierde el alma, la identidad. Hay que volver a las bases, al principio hacer cosas que, por sentido común, sabes que son buenas. ¿Qué es lo más simple que te puede hacer feliz? Podría ser sentarnos a tomar sol; mirar las plantas; rezar; dormir temprano; escuchar atentamente lo que otro nos dice sin pensar en nosotros mismos; poner nuestros pies descalzos en la hierba; escribir en una hoja todos tus miedos y luego leerla en voz alta para después quemarla; tomar un baño con agua caliente y dejar que el agua arrastre tu tristeza; etc.
  • Seguir nuestra intuición, si estamos en una situación complicada, por muchos consejos que recibamos, tenemos que seguir nuestra intuición, porque esta nunca se equivoca, aunque está presente el riesgo de confundirla con una falsa creencia de seguridad y podemos terminar tomando decisiones desde el apego, desde la duda, o desde el miedo.
  • «¿Puede haber un yo sin un tú? La existencia de uno depende de la del otro. Yo soy yo, en la medida en que puedo distinguirme de otro y puedo reafirmarme como un individuo diferente y singular, con su propia historia y con su propio bagaje de sentidos e interpretaciones. Mi identidad se construye gracias a la alteridad”. (Padilla, 2022)

Referencias

Padilla, J. (marzo de 2022). La mente es maravillosa. Obtenido de https://lamenteesmaravillosa.com/que-es-identidad-personal-como-se-construye/

Giardini, A.; Baiardini, I.; Cacciola, B.; Maffoni, M.; Ranzini, L. y Sicuro, F. (2017). Comprende la Psicologí­a. Carl Gustav Jung: El inventor de la psicología analítica. Barcelona: Editorial Salvat, S.L.

El poeta; la poesía; y Carl Jung

Carl Gustav Jung es un referente de la psicología, su pensamiento fue ampliamente lúcido y sus teorías, como las de los arquetipos y el inconsciente colectivo son imprescindibles para el que quiera formarse en psicología o simplemente, para entender un poco más al ser humano. Más allá de esas teorías y otros postulados cuestionables, o de plano nocivos para la persona, que también defendía; hoy les quiero compartir mis reflexiones alrededor de un particularísimo ensayo suyo llamado “Psicología y poesía”.

Carl Gustav Jung

Primero debemos entender  (al igual que Jung en su ensayo) a la poesía en su sentido clásico, “poiesis” que significa “creación” o “producción”. Por ende, el poeta será todo creador artístico y la poesía será toda obra de arte. Con respecto al arte, quizá jamás podremos explicarla científicamente, pero Jung tuvo muy en claro que la Psicología es la ciencia ideal para relacionarse con el arte, en particular con la literatura, hablamos de una relación de apoyo y complementación. La Psicología no podrá englobar al arte pero si es capaz de describirla, de esclarecer su misterio en cierta medida.

Del alma salen todas las ciencias y del alma sale toda obra de arte (Jung, 1976, p. 9).

Para entender una obra de arte, sería de mucha ayuda entender la psicología personal del artista, del creador, pero quedarse solo en ello sería un error.  La auténtica obra de arte, va más allá de su creador y pasa a ser un tesoro de toda la humanidad.

El poeta se alza sobre lo ordinario, recoge en su alma lo más alto de sus vivencias y plasma con contundencia la expresión artística. Su creación, su poética, transporta al lector a una claridad de las cosas; lo lleva a sí-mismo y a esbozar lo más elevado de la humanidad. La conformación poética transfigura la conciencia humana (Jung, 1976, p. 12).

Si hablamos del proceso de creación artística, Jung, considera que es un proceso claramente psicológico en cuanto el poeta, mediante lo que comprende y conoce es que puede conformar su obra (1976, p.12). Y razón no le falta, también fue prudente al no decir que es un proceso puramente psicológico, pues ya podemos ver el alto factor espiritual que se encuentra presente.

Jung propone que tenemos “material psíquico” para la creación artística:

  • La pasión y sus destinos
  • Los destinos y su padecer
  • La naturaleza eterna, sus bellezas y sus espantos

Jung (1976, p. 18) nos cuenta que en el arte se integra lo inconcebiblemente elevado hasta lo grotesco y perverso. Mientras él elogiaba ambos extremos, hay voces más prudentes que consideran que el arte más elevada, debe buscar siempre la belleza y no lo grotesco. Pero eso no quiere decir que no se pueda usar lo bajo, como recurso para esta búsqueda ¿Qué sería del Siddhartha de Hermann Hesse, sin sus crisis y dolores del alma que se presentaron en su camino a la iluminación? La gran poesía es la que toca el alma de la mismísima humanidad.

Es el poeta entonces quien tiene la voz de miles y de miles de miles. Él es quien retrata y transforma la conciencia (o del inconsciente colectivo como diría Jung) de su época y de las posteriores. Un ejemplo valioso de esta idea sería nuestro Julio Ramón Ribeyro, ampliamente conocido por ser la voz de los que no tienen voz.

Muy a menudo, al poeta le toca sacrificar todo lo que al hombre ordinario le brinda una serena felicidad y todo lo que hace de su vida, más llevadera (Jung, 1976, p.22). El poeta tiene dentro suyo, una dualidad. Están su hombre común y su genio creativo, en constante conflicto, para ver quien se impone, pero en verdad es una lucha de nunca acabar en lo que dure la vida.

Tener el genio creativo es un don muy escaso, muy raro entre los hombres y como todo objeto raro, tiene un precio elevado que el poeta paga, en mayor o menor medida, con su propia vida.

Jung nos da esta figura: Es como si todo hombre naciera con una energía vital. Lo que ocurre con el poeta es que su arte demanda mucha energía vital, dejando muy poca para el desarrollo de la vida cotidiana. Esto no es necesariamente inevitable, al fin y al cabo es solo una metáfora, pero no por nada existen términos como “artista incomprendido” y “poeta maldito”, también se puede echar un vistazo al cómo vivieron muchos de los más grandes (y no tan grandes) artistas de la historia: unos victimarios y otros víctimas de vidas colmadas en desenfreno y excesos mundanos.

«El Jardín de los Poetas» de Vincent Van Gogh.
Es bien sabido que Van Gogh fue un alma atormentada que vivió muchas penurias en su paso por la tierra.

El auténtico poeta es un médico curador de heridas que lleva una llaga abierta.

Todo lo mencionado, nos muestra que el poeta, es alguien excepcional, su esencia y estado de conciencia está elevado por encima de los demás. Pero eso no lo vuelve un superhombre, al final sigue siendo de carne y hueso, sigue teniendo una voluntad e inteligencia sujeta al error, no tiene la vida resuelta y puede ser que ni siquiera esté plenamente consciente de su genio, y esto no es novedad. Ya Sócrates en su apología lo había notado, Platón es quien nos lo narra: “Así pues, también respecto a los poetas me di cuenta, en poco tiempo, de que no hacían por sabiduría lo que hacían, sino por ciertas dotes naturales y en estado de inspiración […] En efecto también estos dicen muchas cosas hermosas, pero no saben nada de lo que dicen”. (1985, p. 156)

Para darle un ejemplo importante a la propuesta de Jung, podemos pensar en Franz Kafka, gran referente de los artistas que pusieron en el centro de sus creaciones a la mente del individuo, el viaje interior y el diálogo con lo profundo del inconsciente (Giardini et al. 2017, p. 129).

Hermann Hesse es otro excelente ejemplo, de un artista que se sumerge en la interioridad del ser (sin mencionar que tuvo influencia directa de Jung, a quien conoció personalmente) terminaré mi texto con unas líneas de Hesse, que son oportunas para retratar gran parte de lo expuesto:

“El que yo tenga habitualmente en el campo de la conciencia, el círculo de las cosas que me interesan, no decide sobre el valor  y la supremacía de mi yo; solo significa que entre el círculo de la conciencia y lo inconsciente mantengo buenas relaciones, unas relaciones flexibles y dúctiles”. (2007, p. 163)

Hermann Hesse, escritor. Autor de obras maestras como el Lobo Estepario; Siddhartha y Bajo la rueda

Referencias

Giardini, A.; Baiardini, I.; Cacciola, B.; Maffoni, M.; Ranzini, L. y Sicuro, F. (2017). Comprende la Psicologí­a. Carl Gustav Jung: El inventor de la psicología analítica. Barcelona: Editorial Salvat, S.L.

Hesse, H. (2007). Pequeñas alegrías. Madrid: Alianza editorial.

Jung, C. G. (1976). Formaciones de lo inconsciente. Buenos Aires: Editorial Paidós.

Platón (1985). Diálogos I. Madrid: Gredos.