Leopoldo Chiappo y William Shakespeare: Sobre bondades y tempestades

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El doctor Leopoldo Chiappo

Leopoldo Chiappo fue un ilustre hombre de ideas, psicólogo peruano, profesor universitario, filósofo, escritor y portador del singular mérito de ser nuestro primer especialista en Dante Alighieri. En esta ocasión quiero compartirles mis reflexiones acerca de los postulados principales sobre su “Psicología de la bondad”, un estudio magnifico acerca del hombre bueno, visto en “La Tempestad” de William Shakespeare. Si en mi artículo anterior sostuve que hay una gran compatibilidad de la Psicología con la Literatura, este es un momento oportuno para darles un ejemplo palmario.

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El cisne de Avon

William Shakespeare fue un dramaturgo talla prócer, no es necesario mayor presentación. En sus obras, se dedicó a mostrar la decadencia humana. En Macbeth, Otelo o Hamlet podemos encontrar claros ejemplos de lo trastornada que puede llegar a ser la mente del hombre, del hombre en decadencia por supuesto. No obstante, en su última gran obra “La Tempestad”, Shakespeare también nos brinda la otra cara; la auténtica cara del ser humano, la de un hombre que busca ser bueno.

Chiappo (2013, p. 157) sostiene que Próspero, el protagonista de la obra, es un hombre de categoría superior, debido a su benevolencia y bondad, en contraste al hombre vulgar, impulsivo y ambicioso. Apreciar el arte, culturizarse, meditar, es lo que llevó a Próspero a alcanzar la sabiduría.

Que no tema el lector de seguir leyendo, pues me encargaré de desarrollar las ideas universales dentro de la obra, revelando poco de la trama.

«Próspero y Ariel» de William Hamilton

Destierro, soledad, sufrimiento y meditación es lo que sirvió a Próspero para desarrollar poderes supranormales, y así poder convocar seres mágicos del mundo ideal. Esta es una representación simbólica del elevado entendimiento de las cuestiones de la vida. Chiappo (2013, p. 158) nos comenta esto como una experiencia psicológica humana de sublime categoría. Por otro lado, la angustia, la traición, los males de la vida en general, son los que atentan contra la idealidad que se presenta en la contemplación serena.  

“Del amor y de la esperanza nace el mundo ideal, del odio y del desencanto, su destrucción” (Chiappo, 2013, p. 159).

Nuestro cuerpo, al igual que las riquezas terrenas, es material. Por ello tanto el cuerpo como aquellas riquezas caerán al suelo, hechos polvo. Pero nosotros poseemos un espíritu, que permanece a pesar de la muerte de la carne, y como románticamente dice Próspero: “Estamos tejidos de idéntica tela que los sueños, y nuestra corta vida se cierra con un sueño” (Shakespeare, 2003, p. 53), es decir vamos más allá del mundo material a pesar de estar en el mundo material.

Chiappo nos comenta que corrientes de pensamiento como el agnosticismo, el relativismo y el nihilismo, amputan la capacidad de maravillarse y enceguecen la mirada hacia los ideales (2013, p. 159). Una cosa es ser realista y ver la vida con la cabeza fría y otra cosa es querer arrancarse la esperanza y el legítimo deseo de ver algo más elevado de lo que la mundanidad tiene para ofrecer.

Somos imperfectos y siempre estaremos proclives al error, pero cuando fallemos, no debemos dejar que la amargura y la decepción, corrompa a la noble melancolía que no deja de anhelar el bien y que lucha por lo ideal (Chiappo, 2013, p. 160).

Ante las desgracias y la aparente vacuidad de la vida, el hombre corre el peligro de caer en el escepticismo radical, amargando su vida y la de los demás. Pero la amargura y la muerte nunca tendrán la palabra final.

“La última palabra viene del espíritu, que es vida de vida” (Chiappo, 2013, p. 160). Se trata de ser sereno, ante los infortunios, las injusticias, la adversidad, el despojo y la soledad, así como lo hizo Próspero en “La Tempestad”.

Son la ciencia, el arte y la fe, los pilares que sostienen al ser humano. La misma historia de la humanidad se ha encargado de demostrarlo. Estos pilares nos protegen de no caer en la amargura, en la tristeza envenenada por la ira.  Chiappo (2013, p.161) nos dice que el gran fracaso no es el amoroso, el profesional, el comercial, etc. Más bien, el gran fracaso es renunciar a la posibilidad de reivindicación, de redención, y de la búsqueda de ideales.  

Darle cabida a la amargura del alma, seria denotar el fracaso existencial del hombre decadente. Chiappo llama al hombre amargo un “fracasado existencial primordial” (2013, p. 161).

Por otro lado, la alegría de vivir, la serenidad, la calma, la paz, el júbilo que viene del alma (y no hablo de placeres sensoriales) son las que nos llevan al auténtico deleite alcanzable en esta vida.

Ahora bien, el alma entendida en el arte y la ciencia, está ante el peligro de la vanidad y pretenciosidad, Chiappo nos advierte que para alcanzar la auténtica serenidad de vida, es necesario renunciar a las banalidades y confiar en el prójimo (2013, p. 162). También nos menciona que a esto, el Maestro Eckhart le llamaba “Gelassnheit” (es decir,  abandono, disponibilidad) y San Juan de la Cruz, “desasimiento”. En conjunción, hay que desasirnos, soltarnos de nosotros mismos y abandonarse a la benevolencia y buena voluntad del prójimo. Es así como uno puede vivir sin temor ni sospecha. Pero esto ha de hacerse con prudencia y no con incauta ingenuidad.

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No podemos controlar los corazones de los demás pero si podemos guiar el nuestro, siempre tenemos el poder de dar el paso de abrazar la bondad y la benevolencia propia. Este paso, en su simpleza, es sumamente difícil de concretar y puede que para lograrlo, cueste toda la vida en este mundo, pero no debemos permitir que eso nos desanime de perseverar en el intento. Busquemos salir al encuentro con el prójimo, no podremos “cambiarles la vida” a todos, pero debemos intentar “deleitar”, “complacer” o por lo menos “agradar” (como diría Shakespeare) a las personas con las que podamos relacionarnos. No sabemos cuán valioso podría ser el bien que estemos haciendo. Por supuesto Chiappo no era ningún iluso, y sabía que en el mundo hay muchas personas que, con terquedad y torpeza, hacen amargas e infelices sus vidas y las vidas de las personas que las rodean. Eso se debe combatir con dulzura, delicadeza y gentileza (Chiappo, 2013, p. 162), quizá eso le haga bien a la persona hostil, pero sin lugar a dudas, nos hará mucho bien a nosotros mismos.

La psicología de la bondad, habla de una bondad que parte del nivel psico-espiritual, por encima del bio-temperamental. La bondad de la que nos habla Chiappo va más allá del simple buen humor y la bonachonería (que si bien no son malos, tampoco son suficientes para sostener la vida). Pero es la Bondad, esculpida quizás, por los golpes de la vida, como la traición, el dolor y la hostilidad, la que es capaz de generar un amor más fuerte y elevado.

Chiappo (2013, p. 163) acuñó el neologismo “bienser”, que es el estado del ser humano, en el que refleja la nobleza del alma e irradia bondad en todos sus pensamientos, ideas, actos y respuestas. Hablamos de una bondad profunda, pura, desinteresada que no oculta nada detrás.

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Es cierto que Chiappo le dio más importancia al “bienser” que al “bienestar”. Yo creo que “bienser” y “bienestar” deben ir juntos, de la mano. La experiencia de bondad será más completa, más redonda, más detallista, cuando uno pueda “ser y estar” dentro de la misma.

El pensamiento de Chiappo es lúcido y fascinante, muy provechoso para el que escucha. Espero que los pensamientos e ideas expuestos en estas líneas, hayan sido beneficiosas y agradables (en el sentido Shakespeariano) para mis lectores. No tengan duda de que les contaré mucho más acerca de Leopoldo Chiappo y sus ideas, en próximas entregas.

Referencias

Chiappo, L. (2013). Hacia una psicología de la bondad. Estudio sobre «The Tempest»; de Shakespeare. Revista De Neuro-Psiquiatria64(2), 156-164. https://doi.org/10.20453/rnp.v64i2.1484

Shakespeare, W. (2003). La Tempestad. Buenos Aires: Editorial del Cardo.

El poeta; la poesía; y Carl Jung

Carl Gustav Jung es un referente de la psicología, su pensamiento fue ampliamente lúcido y sus teorías, como las de los arquetipos y el inconsciente colectivo son imprescindibles para el que quiera formarse en psicología o simplemente, para entender un poco más al ser humano. Más allá de esas teorías y otros postulados cuestionables, o de plano nocivos para la persona, que también defendía; hoy les quiero compartir mis reflexiones alrededor de un particularísimo ensayo suyo llamado “Psicología y poesía”.

Carl Gustav Jung

Primero debemos entender  (al igual que Jung en su ensayo) a la poesía en su sentido clásico, “poiesis” que significa “creación” o “producción”. Por ende, el poeta será todo creador artístico y la poesía será toda obra de arte. Con respecto al arte, quizá jamás podremos explicarla científicamente, pero Jung tuvo muy en claro que la Psicología es la ciencia ideal para relacionarse con el arte, en particular con la literatura, hablamos de una relación de apoyo y complementación. La Psicología no podrá englobar al arte pero si es capaz de describirla, de esclarecer su misterio en cierta medida.

Del alma salen todas las ciencias y del alma sale toda obra de arte (Jung, 1976, p. 9).

Para entender una obra de arte, sería de mucha ayuda entender la psicología personal del artista, del creador, pero quedarse solo en ello sería un error.  La auténtica obra de arte, va más allá de su creador y pasa a ser un tesoro de toda la humanidad.

El poeta se alza sobre lo ordinario, recoge en su alma lo más alto de sus vivencias y plasma con contundencia la expresión artística. Su creación, su poética, transporta al lector a una claridad de las cosas; lo lleva a sí-mismo y a esbozar lo más elevado de la humanidad. La conformación poética transfigura la conciencia humana (Jung, 1976, p. 12).

Si hablamos del proceso de creación artística, Jung, considera que es un proceso claramente psicológico en cuanto el poeta, mediante lo que comprende y conoce es que puede conformar su obra (1976, p.12). Y razón no le falta, también fue prudente al no decir que es un proceso puramente psicológico, pues ya podemos ver el alto factor espiritual que se encuentra presente.

Jung propone que tenemos “material psíquico” para la creación artística:

  • La pasión y sus destinos
  • Los destinos y su padecer
  • La naturaleza eterna, sus bellezas y sus espantos

Jung (1976, p. 18) nos cuenta que en el arte se integra lo inconcebiblemente elevado hasta lo grotesco y perverso. Mientras él elogiaba ambos extremos, hay voces más prudentes que consideran que el arte más elevada, debe buscar siempre la belleza y no lo grotesco. Pero eso no quiere decir que no se pueda usar lo bajo, como recurso para esta búsqueda ¿Qué sería del Siddhartha de Hermann Hesse, sin sus crisis y dolores del alma que se presentaron en su camino a la iluminación? La gran poesía es la que toca el alma de la mismísima humanidad.

Es el poeta entonces quien tiene la voz de miles y de miles de miles. Él es quien retrata y transforma la conciencia (o del inconsciente colectivo como diría Jung) de su época y de las posteriores. Un ejemplo valioso de esta idea sería nuestro Julio Ramón Ribeyro, ampliamente conocido por ser la voz de los que no tienen voz.

Muy a menudo, al poeta le toca sacrificar todo lo que al hombre ordinario le brinda una serena felicidad y todo lo que hace de su vida, más llevadera (Jung, 1976, p.22). El poeta tiene dentro suyo, una dualidad. Están su hombre común y su genio creativo, en constante conflicto, para ver quien se impone, pero en verdad es una lucha de nunca acabar en lo que dure la vida.

Tener el genio creativo es un don muy escaso, muy raro entre los hombres y como todo objeto raro, tiene un precio elevado que el poeta paga, en mayor o menor medida, con su propia vida.

Jung nos da esta figura: Es como si todo hombre naciera con una energía vital. Lo que ocurre con el poeta es que su arte demanda mucha energía vital, dejando muy poca para el desarrollo de la vida cotidiana. Esto no es necesariamente inevitable, al fin y al cabo es solo una metáfora, pero no por nada existen términos como “artista incomprendido” y “poeta maldito”, también se puede echar un vistazo al cómo vivieron muchos de los más grandes (y no tan grandes) artistas de la historia: unos victimarios y otros víctimas de vidas colmadas en desenfreno y excesos mundanos.

«El Jardín de los Poetas» de Vincent Van Gogh.
Es bien sabido que Van Gogh fue un alma atormentada que vivió muchas penurias en su paso por la tierra.

El auténtico poeta es un médico curador de heridas que lleva una llaga abierta.

Todo lo mencionado, nos muestra que el poeta, es alguien excepcional, su esencia y estado de conciencia está elevado por encima de los demás. Pero eso no lo vuelve un superhombre, al final sigue siendo de carne y hueso, sigue teniendo una voluntad e inteligencia sujeta al error, no tiene la vida resuelta y puede ser que ni siquiera esté plenamente consciente de su genio, y esto no es novedad. Ya Sócrates en su apología lo había notado, Platón es quien nos lo narra: “Así pues, también respecto a los poetas me di cuenta, en poco tiempo, de que no hacían por sabiduría lo que hacían, sino por ciertas dotes naturales y en estado de inspiración […] En efecto también estos dicen muchas cosas hermosas, pero no saben nada de lo que dicen”. (1985, p. 156)

Para darle un ejemplo importante a la propuesta de Jung, podemos pensar en Franz Kafka, gran referente de los artistas que pusieron en el centro de sus creaciones a la mente del individuo, el viaje interior y el diálogo con lo profundo del inconsciente (Giardini et al. 2017, p. 129).

Hermann Hesse es otro excelente ejemplo, de un artista que se sumerge en la interioridad del ser (sin mencionar que tuvo influencia directa de Jung, a quien conoció personalmente) terminaré mi texto con unas líneas de Hesse, que son oportunas para retratar gran parte de lo expuesto:

“El que yo tenga habitualmente en el campo de la conciencia, el círculo de las cosas que me interesan, no decide sobre el valor  y la supremacía de mi yo; solo significa que entre el círculo de la conciencia y lo inconsciente mantengo buenas relaciones, unas relaciones flexibles y dúctiles”. (2007, p. 163)

Hermann Hesse, escritor. Autor de obras maestras como el Lobo Estepario; Siddhartha y Bajo la rueda

Referencias

Giardini, A.; Baiardini, I.; Cacciola, B.; Maffoni, M.; Ranzini, L. y Sicuro, F. (2017). Comprende la Psicologí­a. Carl Gustav Jung: El inventor de la psicología analítica. Barcelona: Editorial Salvat, S.L.

Hesse, H. (2007). Pequeñas alegrías. Madrid: Alianza editorial.

Jung, C. G. (1976). Formaciones de lo inconsciente. Buenos Aires: Editorial Paidós.

Platón (1985). Diálogos I. Madrid: Gredos.

Freud en otra mirada: Cartas de amor

Sigmund Freud, fundador del psicoanálisis. Para bien o para mal, precursor de la Psicologí­a. Criticado por muchos y estimado por otros tantos, pero no se trata de eso, lo que les quiero compartir en esta ocasión.

Una vez, mientras estaba viendo libros en descuento en una librerí­a muy conocida de mi ciudad, encontré dos libros recopilatorios de Freud: Tres ensayos sobre la teorí­a sexual, y Cartas de amor, una selección de 46 cartas que el polémico doctor le escribió a su, en ese entonces, prometida, Martha Bernays (cabe mencionar que Freud le escribió más de mil quinientas cartas durante toda su vida).

Martha y Sigmund

Compré ambos, pero el libro de las cartas fue el que más me llamó la atención por un par de motivos: No esperaba encontrarme con un epistolario romántico perteneciente a Freud; el título tan sencillo pero a la vez atractivo y no menos importante, la portada del libro. En ella podemos ver a los futuros esposos: Martha luce formal, con una mirada fija y seria, a pesar de ser una jovencita. Y luego está Freud, también jovencí­simo, muy diferente al clásico retrato que la mayorí­a de nosotros tenemos en la mente, su cabello está más poblado y no peina canas, su barba es más frondosa, y lo más resaltante, su mirada es muy diferente a la que tiene en el semblante duro y casi amargo, de su más famoso retrato. Se puede ver cierta inocencia aun no arrebatada, en unos ojos inspirados, llenos de vitalidad, centrados en las grandes metas que el joven se proponí­a. También son los ojos de alguien que tiene la seguridad que brinda el saberse amado por la mujer amada.

La fotografí­a original

Las cartas compiladas, desarrollan todo lo que les he descrito. En ellas podemos ver a Freud sembrando las semillas de sus objetivos, no solo en lo sentimental como te harí­a pensar el título del libro, sino también en lo profesional, en lo económico, en lo social, etc. Pero todo compartido con su amada novia, y casi todo motivado por el amor. Pues el amor, quizás es el motor más fuerte de todos (sin duda alguna, el más bello).

En el contenido de las misivas pude ver que Freud era un romántico sin remedio, lo que me sorprendió pues no me imaginaba que alguien con su reputación hubiera sido así. Y ni que decir sobre su teorí­a sexual, que no es un estudio «muy sensible» por así decirlo, por supuesto que tampoco pretendía serlo.

Después de todo, el doctor terminó siendo como casi todo hombre, alguien que cuando está enamorado, se da el permiso de perder el seso, aunque sea un poco. En su caso, nos da distintos resultados, unos con calidad artí­stica, unos conmovedores y otros inquietantes; que hicieron preguntarme qué hubiera ocurrido si Sigmund Freud se hubiera dedicado al verso o a la prosa, en lugar de la labor académica. Aquí les comparto unas lí­neas notables:

Empecemos con fuerza

«Yo me sentaré en la silla redonda y hablaremos de nuestro futuro, cuando ya no exista diferencia entre el día y la noche, y cuando ni las molestias ajenas, ni las despedidas, puedan ya volver a separarnos». (Freud, 2017, p. 20)

«Hoy no te dejarí­a separarte de mi lado aunque cayera sobre mí­ la mayor maldición y tuviese que cargar su peso sobre mis espaldas y no te olvides del desdichado al que hiciste tan increí­blemente feliz». (p. 22)

«Marty, ¿te aburre, que te hable de estas cosas? Estoy seguro que no. Eres tan buena y, entre nosotros, escribes con tanta inteligencia y eficacia, que me das un poco de miedo. Todo esto contribuye a demostrar una vez más la superioridad de la mujer sobre el hombre. Y no tengo nada que perder en este aspecto». (p. 46)

En efecto, todo un romántico

«Si supieras cuántas locuras se alborotan dentro de mí­ a cada momento… No obstante, trataré de llegar hasta a ti con la necesaria cordura». (p. 25)

«Me siento alegre hoy sin otra razón que la que me proporciona tu carta, y me gustarí­a oí­rte hablar y cerrarte la boca de cuando en cuando con un beso». (p. 58)

«Necesito el alivio y la expansión de tenerte nuevamente en mis brazos con la misma continuidad con que preciso beber y alimentarme». (p. 66)

Una simpática manifestación de amor

«Y con tus cartas, el mundo se torna de nuevo cálido, alegre y fácil de comprender. Mi dulce amada, no eres una alucinación ni tienes que ser objeto de una experimentación quí­mica». (p. 48)

Pensando en el mañana con realismo y seriedad

«Solo me duele mi incapacidad para poder demostrarte mi amor, pero mientras mantengas la fe en mí­ y me ames, y sé que en ambas cosas eres honesta, no hay duda que nos llevaremos bien y seremos capaces de gozar tiempos mejores». (p. 32)

«Hay gente que sólo sabe, seguir su senda en circunstancias favorables. Nosotros, tú y yo, miraremos hacia adelante y aunque estemos separados y no nos acompañe la suerte». (p. 52)

No todo son maravillas, aquí un momento de crisis

«Querida, ¿es posible que sólo seas afectuosa en verano y que en invierno te congeles? Siéntate y contéstame sobre esto inmediatamente, pues aún estoy a tiempo de salir y buscarme una novia para los inviernos». (p. 83)

Y ante las pruebas; el consuelo y la esperanza

«Por el contario, me sentiré feliz prescindiendo de lo trivial, de lo incierto y de lo ambiguo, para elegir algo tan digno, estimulante y fructí­fero como el compartir mi vida contigo». (p. 63)

«¿Te das cuenta de toda la clases de limitaciones que amenaza a la felicidad humana y que sólo con pensar en esto nos sentimos desdichados? Mantengámonos unidos y así podremos ayudar a las personas queridas». (p. 97)

Estas lí­neas expuestas, y seguramente muchí­simas de las mil quinientas cartas escritas, son testimonio del amor de Freud por su mujer. Lamentablemente, hay espinas en los caminos de rosas, y este matrimonio, puede que haya tenido una espina muy dolorosa. El fantasma de la infidelidad, acecha esta historia de amor; la duda y sospecha de que Sigmund haya engañado a Martha hiere todo lo construido por ambos. ¿Estos rumores empezados por Carl Jung -otro referente de la Psicologí­a y antiguo discí­pulo- habán sido ciertos? Los estudiosos de Freud todaví­a lo debaten, lo innegable es que la pareja jamás se separó y fueron esposos hasta la tágica muerte del doctor.

Quizás nunca ocurrió nada; quizás Martha, en un acto de virtud o resignación, perdonó la infidelidad, no lo sé. Sigmund Freud fue un hombre apasionado y no se puede decir exactamente cuan grave fue el daño de las llamas de sus pulsiones, tanto a sí­ mismo como a sus seres queridos y su alrededor. No podemos leer los corazones de la gente, pero sí­ podemos aprender de los aciertos de otros, así mismo podemos prevenirnos de cometer los errores de otros; para dirigir rectamente nuestra propia historia.

Escribamos cartas de amor con puño y letra, y con nuestras vidas.   

Fuente: Freud, S. (2017). Cartas de amor. Barcelona: Olmak Trade S.L.


El amor a la luz de Eric Fromm y Marco Aurelio Denegri

Ya que hablar de amor es algo prácticamente inagotable, en este pequeño artí­culo, vamos a concentrarnos en algunas de las ideas más resaltantes de la cosecha de Eric Fromm y Marco Aurelio Denegri. Empezando por los tipos de amor de Fromm, luego por las formas del amor compartidas por Denegri, seguidamente de un rápido análisis de la palabra amor, para concluir con unas reflexiones personales.

Palabras clave: Amor, amare, diligere, propósito, humanidad

«El jardí­n del Amor» de Pedro Pablo Rubens

Fromm y el amor

Eric Fromm

Eric Seligmann Fromm (1900-1980), fue un psicoanalista, psicólogo social y filósofo humanista nacido en Alemania. Fue uno de los que renovaron el psicoanálisis en el Siglo XX.

Fromm (según Giardini et al., 2017, p. 105) nos dice que el amor es un acto social. El hombre que quiere ser libre y autónomo, debe abrirse al encuentro con los demás. Amar es juntar el «tú» con el «yo», esto hace que la identidad e integridad de la persona  que ama y la que es amada, se enriquezcan.

Entonces podemos ver al amor como la guí­a que hace que el hombre alcance su plenitud. Nuestro amar no debe reducirse a un cí­rculo pequeño e í­ntimo (si bien este cí­rculo es muy valioso para cada uno y no hay nada malo en amarlo con fervor), sino que debe ampliarse a toda la sociedad. Compartir y confraternizar con distintos grados y formas de amar, dirigidos a un solo propósito, darle sentido a la existencia del ser. El amor es un movilizador, que pone en marcha la voluntad y el alma.

Los rostros del amor

Así es como Fromm (en Giardini et al., 2017, p. 106), nos muestra los diferentes rostros del amor, con diferentes caracterí­sticas con respecto a lo que es amar. No son caretas del amor, son diferentes actitudes inmanentes a la capacidad de amar. El amor no es unidireccional es un cí­rculo virtuoso que da y genera más amor.

Según Fromm (1984, p. 56), el hombre posee la necesidad de trascender su propia naturaleza humana, el hombre no busca ser solo criatura sino también creador. Lo mejor que podemos crear es amor y el amor materno (Fromm, 1984, p. 54 y 55) es un ejemplo completí­simo de ello. Crear una vida que sea capaz de amar, que la madre esté dispuesta a entregarse toda ella a su bebé que no es puede retribuir tal donación proporcionalmente, es una manifestación del amor circular y virtuoso del que hablamos anteriormente. Un recto amor de madre prepara al hijo para la misión de amar y repartir más amor a la humanidad. El sentimiento —o virtud, dirí­a yo— de un amor puro y desinteresado es el verdadero aliciente para el hijo de una madre y posteriormente, para el prójimo del hombre.

Mientras Fromm habla del amor fraternal, universal para la humanidad, que «por él se entiende el sentido de cuidado, respeto y conocimiento con respecto a cualquier ser humano» (1984, p. 52). también menciona un amor exclusivo que no desentona con el anterior, hablamos del amor erótico (según Giardini et al., 2017, p. 108), que restringe a quien se ama según el deseo sexual pero que abre paso al amor respetuoso, atento, responsable y conocedor de la persona amada. El deseo sexual llevado con rectitud, puede abrir la puerta al amor a la propia esencia del ser a quien se ama, es decir, no ama solo su superficie sino también su alma, sus profundidades en un todo que no excluye nada de su identidad. Este amor está libre de la fugacidad y lo banal.

Fromm también nos habla del amor a uno mismo (Giardini et al., 2017, p. 109). Uno debe amar su propia naturaleza y su propia esencia, para poder amar a los demás. Tener deseos y buscar nuestra propia felicidad no es malo en lo absoluto, el error se encuentra en la corrupción de estos intereses, esto es el egoí­smo que ya no busca amarse a sí­ mismo para entrar en comunión con los demás, sino que nos encierra; estanca y embrutece. Que uno se vea reflejado en la humanidad y ame al otro como a sí­ mismo, es un paso más a la solución de la cuestión acerca de la existencia humana. El amor brinda significado y valor al hombre, tanto como individuo y como parte de la humanidad.

Fromm va incluso más allá de ello y nos presenta el amor a Dios (Giardini et al., 2017, p. 111), este amor se vislumbra a partir de nuestra existencia limitada, y la conciencia de lo corta que es nuestra duración en el mundo. Cuando hablamos del amor a Dios hablamos del amor y el anhelo de lo eterno, no porque Dios nos entregue cosas o haga esto o aquello, sino porque lo amamos a él mismo, que nos ama infinitamente. El amor a Dios por el hombre y el amor del hombre a Dios, no deben separarse. No obstante el amor de Dios por el hombre nunca desfallece aún si el hombre no dirija su amor hacia él. Es el hombre consciente de su caducidad y sus propios lí­mites, el que es capaz de un recto amor por Dios (quien encarna los principios de verdad, justicia y amor, tan buscados por la humanidad).

Toda esta variedad del amor, le da complejidad y hondura. Trabajar con él es un arte; el amor es sí mismo es un arte, y Fromm no se equivoca en catalogarlo como tal. Como todo arte, se debe cultivar con atención y cuidado, durante toda la vida. Buscar la belleza del amor y el conocimiento de uno mismo son cimientos fortí­simos para la vida del ser humano, que, con este apoyo, puede combatir la soledad al mismo tiempo que consigue su libertad.

Denegri y el amor

Marco Aurelio Denegri

Marco Aurelio Denegri Santagadea (1938-2018) fue un destacado intelectual peruano. Hasta los últimos años de su vida se preocupó por preservar y difundir la cultura.

Denegri (2015), nos comparte que el psicoanalista Theodor Reik, sostiene que, cuando nacemos, somos tan capaces de amar como de leer, es decir, somos totalmente incapaces, por supuesto que eso se corrige con el tiempo y aprendemos a leer y amar. Dice Reik que para aprender a amar correctamente —para desenvolverlo y darle fruición— debemos ser amados.

La capacidad del amar, afirma Denegri, se ve afectada por dicho factor. Y la intensidad y magnitud variaran dependiendo de la persona. Poder amar nos corresponde a todos, pero no se desenvuelve en todos de la misma manera. Cada individuo ama de manera diferente, grande, pequeña, o quizá no ame casi nada. En este sentido el amor es un reflejo de nuestra personalidad. Es necesario desarrollar nuestra personalidad para poder desarrollar nuestra capacidad de amar y no quedarnos cortos, con poco o nada que ofrecer. Denegri habla de esta carencia como una indigencia y nos explica el uso de la palabra:

«El indigente, en tal sentido, es el pobre; pero a lo que yo me refiero, cuando digo indigente, es al ser humano carente de contenido, que no tiene intereses, ni inquietudes, ni valores, ni desarrollo; que ignora la expansión mental y desconoce la riqueza espiritual«. (Denegri, 2014, p. 53)

Y concluye Denegri (2006, p. 31) con: «Esto quiere decir que el amor sin el conocimiento, si el conocimiento particularmente de uno mismo, es manco».

San Agustí­n de Hipona

Dos maneras de amar

Denegri (2018) nos da noticia que en el idioma latí­n, se diferencian dos verbos relacionados con el amor. Amare (amar; verbo admitido en el lexicón oficial del idioma español) y diligere (diligir; no admitido, aunque palabras como diligencia o diligente sí­ lo están). Es un gran vací­o que el español y otros idiomas solo admitan el verbo amar, pues admitir los dos verbos sería un gran facilitador para el entendimiento del amor.

Continuando con la idea, Denegri (2016) nos explica que la muy famosa frase de San Agustí­n: «Ama, y haz lo que quieras«, si es leí­da en latí­n dice «Dilige, et quod vis fac«. Nos damos cuenta entonces, que una traducción más certera serí­a «Dilige, y haz lo que quieras«. Denegri también nos comenta que, en la Vulgata de San Jerónimo (la traducción al latí­n de la Biblia), el verbo amare se usa 51 veces pero diligere (y sus derivados) se usa 465 veces. La razón es muy simple, diligere calza mucho mejor con la concepción del amor predicado en la Biblia.

Agrega Denegri (2015) que, por un lado, amare es adhesivo, es el amor que desea, que se pega al otro, que busca posesión, carnal y pasional. Pero esto no significa que este amor sea malo; en un recto sentido, el interés propio, puede ser bien llevado a cabo, sin cosificar al ser amado. Y por otro lado, diligere es reflexivo, es el amor diligente, atento, responsable, y desinteresado, que busca al otro por su bien, por su desarrollo en valores y crecimiento espiritual. Hablamos de un amor tierno y puro, totalmente desinteresado.

Denegri (2015), sostiene que los antiguos Santos Padres de la Iglesia, hablaban del amor de concupiscencia y el amor de benevolencia. La concupiscencia es el deseo de bienes terrenos y la apetencia incoercible de placeres mundanos, es una corrupción del amor. Mientras que el amor de benevolencia es el mismo amor que se propone en la concepción de diligere, es decir, el amor desinteresado y virtuoso.

Tal y como sugiere Denegri, haciendo esta diferenciación, podremos comprender mucho mejor las ramificaciones del amor y distinguir al que esta guiado por la virtud y al que esta guiado por las pulsiones. También nos daremos cuenta con que tipo de amor estaremos actuando en nuestro día a día.

Podría decirse que, diligere debe darle recto sentido al amare, en especial cuando se trata de relaciones de pareja. El fuego y pasión de una relación amorosa, debe ordenarse lo mejor que se pueda, para que el fuego no se apague rápidamente y para que no lastime a la pareja amada. Cuando amare quede debilitado y pequeño a causa del inevitable paso del tiempo, lo sostendrá diligere, que permanecerá fuerte e íntegro.

En definitiva, nos hemos dado cuenta que Fromm y Denegri coinciden en muchos aspectos interpretados a su propio modo, el primero, concibiendo sus propias ideas y el segundo, brindando certeras reflexiones de los postulados de grandes figuras del mundo académico. Tales como, la universalidad del amor, el esfuerzo que conlleva amar, los distintos destinatarios del amor o la naturaleza trascendente del amor que va más allá del propio ser humano.

Podemos afirmar que los dos autores se complementan, Fromm hace énfasis en la variación del amor dentro del orden abstracto y psicológico; Denegri no olvida mencionar que nuestra capacidad de amar se verá afectada en mayor o menor medida, por nuestro contexto sociocultural. también nos ilumina con un análisis de la palabra amor (regresando a sus raíces en el latí­n). Y ambos autores, hacen un gran énfasis en el autoconocimiento. Todo esto nos ayuda a aproximarnos al entendimiento de una cuestión tan compleja —y quizás, casi inexplicable— como el amor.

El tema da para mucho más y no duden de que revisitaremos la fructí­fera obra de Fromm y Denegri, en futuras entradas. Los dejo con un vídeo que contribuyó mucho a la inspiración de estas lí­neas.

https://www.facebook.com/watch/?v=1794972160538926

Referencias

Denegri. M. A. (2006). De esto y aquello. Lima: Universidad Ricardo Palma.

Denegri. M. A. (2014). Polimatí­a. Lima: Fondo editorial de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega.

Denegri, M. A. (23 de marzo del 2015). La necesidad de ser amado. El Comercio. https://elcomercio.pe/opinion/columnistas/necesidad-amado-marco-aurelio-denegri-345451-noticia/

Denegri, M. A. (4 de enero del 2016). Propercio y el amor. El Comercio. https://elcomercio.pe/opinion/columnistas/propercio-amor-marco-aurelio-denegri-259252-noticia/

Fromm, E. (1984). El arte de amar. Buenos Aires: Editorial Paidos.

Giardini, A.; Baiardini, I.;Cacciola, B.; Maffoni, M.; Ranzini, L. y Sicuro, F. (2017). Comprende la Psicologí­a. Eric Fromm: El divulgador de la Psicologí­a social. Barcelona: Editorial Salvat, S.L.

TV Perú. [TvPeruOficial]. (2018, mayo 14). La palabra: Amar y diligir [Archivo de video]. https://www.facebook.com/watch/?v=1794972160538926

La estética y pensamiento del Romanticismo en el arte y el hombre

Resumen

En este breve ensayo elegí a la época del Romanticismo como objeto de reflexión, ya que creo que dentro de este periodo encontramos el mejor y más completo manejo de las esencias invariables del arte, las poéticas, debido a su sustancia, pero también debido a su caácter innovador y fructí­fero para el ser humano, diferenciado del pensamiento de épocas anteriores y posteriores. Mi intención es justificar dicha creencia, recurriendo al pensamiento y expresión del Romanticismo, pasando por su contexto histórico, luego por el plano artí­stico, seguidamente de una breve mención del encuentro del Romanticismo con el hombre de hispano, para finalizar con una reflexión de corte filosófico.

Palabras clave: Pensamiento, estética, poéticas, belleza, verdad

Contexto Histórico

«Novena Ola» de Iván Aivasovzki

Es sabido que el modo de pensar del Siglo XIX, fue muy influenciado por la idea del cambio, de la transformación, por el deseo de un progreso material y moral en el ser humano. En este concepto de variación constante se ve plasmando el periodo artí­stico del Romanticismo, dejando atás el concepto formalista del Clasicismo. Es el Romanticismo el periodo en el que el hombre comenzó a darle un énfasis notorio a la sensibilidad, a lo afectivo, al idealismo y a la angustia por el propósito de la existencia de hombre.

«El Romanticismo rápidamente se posesionó del sentimiento humano hasta adquirir el poder de darle sentido a la vida, y situarse más allá de una simple acepción conceptual, porque pasó a ser considerado en el ámbito de dos perspectivas históricas: por un lado, lo refieren a una etapa histórica determinada, la cual se extiende entre 1780 y 1830 (…), pero, por otro lado, el Romanticismo, por su complejidad, desbordó estos lí­mites, pues, sus caracterí­sticas esenciales sobrepasaron en mucho el mero hecho de ser un movimiento cultural e histórico de efí­mera duración, para situarse en una constante histórica y presentarse como un fenómeno eterno«. (Yegres, 2015, p. 20)

El Romanticismo en el Arte

La manera del Romanticismo de aproximarse a la música, fue a través de una construcción orgánica, y para ello, es esencial dar énfasis a la armoní­a. Tanto en la música como en la vida, Romanticismo busca la armoní­a, la continuidad y la consonancia, libre de los esquemas que antes se usaban. Reflejando esto en la música, a través de disonancias; independizándose de tonalidades y haciendo que los acordes se vuelvan sonoridades autónomas. Compositores como Franz Liszt -el mayor referente y principal responsable de estos cambios-; Berlioz; Berg y Beethoven (como precursor), entre otros, dieron forma a esta nueva forma de expresión con la música.

«El caminante sobre el mar de nubes» de Caspar David Friedrich

Por otro lado, para la aproximación en la pintura, podemos hacer uso del análisis simbólico. En el cuadro «El caminante sobre el mar de nubes» pintado en 1818, nos muestra la representación del encuentro del hombre y su presente, con el camino hacia su destino y futuro definitivo. Este cuadro se convirtió en sí­mbolo del Romanticismo alemán (Deutsche Welle, 2015). Cualquiera de nosotros puede ser este hombre en el cuadro somos nosotros. Al no ver su rostro, uno mismo se puede posicionar en pintura. Nosotros somos los protagonistas de nuestro propio camino, y a pesar de nuestras debilidades (que pueden ser simbolizadas con el bastón que lleva el caminante), al igual que en el cuadro, podemos contemplar lo que nuestro futuro nos depara, un panorama incierto, con un camino largo y accidentado, pero al mismo tiempo somos capaces de vislumbrar un destino final gigantesco y eterno.

Johann W. von Goethe, poeta; novelista; cientí­fico y figura fundamental del Romanticismo

En el plano estético del arte en general, podemos apreciar que las poéticas de este periodo son de caácter revolucionario en cuanto a los usos de las técnicas de creación e interpretación, pero no existe un cisma violento en este nuevo acercamiento hacia el arte. Las poéticas del Romanticismo siguen buscando la belleza, estéticamente hablando, a través de obras más desafiantes. Esto precisamente se refleja en la manera de ver la vida en el Siglo XIX, como se mencionó anteriormente.

El Romanticismo y el hombre hispano

Cesar Vallejo se graduó como bachiller en Letras con su tesis «El Romanticismo en la poesí­a castellana»

La relación entre el Romanticismo y el hombre, no es solamente unidireccional, ambos se complementan e influyen. Por ende, la interacción del Romanticismo con las distintas razas de hombre, nos dan resultados particulares hasta cierto punto. A sabiendas de esto, Cesar Vallejo nos indica seis caracterí­sticas particulares del hombre español: «El predominio de la fantasía, expresado por una filosofí­a idealista; un fondo melancólico y exquisito sentimentalismo; refinada sensibilidad; predominio de los sentimientos de amor, honor, patriotismo y religión, traducidos en sublimes pasiones, violencias de sangre y misticismos fanáticos; el instinto por la belleza de las formas y lo sonoro y lo grandioso y como medio que facilitó el triunfo del romanticismo, el caácter vehemente y voluble de su Psicologí­a». (1954, p. 19)

Si bien el Romanticismo fue un movimiento europeo, su espí­ritu fue capaz de sobrepasar fronteras llegando así a Latinoamérica. Vallejo declaró que los poetas peruanos de su tiempo, lamentablemente, solo se limitaban a la imitación y no aprovechaban las posibilidades artí­sticas de nuestro choque y mezcla cultural (1954, p. 64).

Conclusiones

Ludwig van Beethoven

Beethoven dijo: «Lo difí­cil es bueno, lo difí­cil es bello, lo difí­cil está más cerca de la verdad» (Marshall y Cellan Jones, 2003), para referirse a la dificultad de sus composiciones.

Ahora, ¿Qué es la verdad para Beethoven?, o mejor dicho, ¿Quién es la Verdad para Beethoven? Para Beethoven, Dios es la Verdad. En sus propias palabras:

«Dios está más cerca en el arte. La música es una revelación más alta que toda sabidurí­a y toda filosofí­a… No tengo amigos. Debo vivir solo. Pero yo sé que, en mi arte, Dios está más cerca de mí­ que de los demás; yo me acerco a él sin temor; yo siempre lo he reconocido y comprendido. Por eso, la suerte de mi música no me inquieta; ningún mal puede provenir de ella; el que la comprenda se liberará de la miseria que arrastra a los hombres». (Plazaola, 2007, p. 591)

De aquí quisiera resaltar que Beethoven ubica a lo bello, junto a lo bueno y la Verdad y que se haya preocupado de no transmitir algún tipo de mal en su música. Y que buscase, mediante su obra, ayudar a la liberación los pesares y dolores del ser humano.

Si bien las poéticas pueden buscar en otros lugares, aparte de la belleza y aun así guardar una estética correcta (Plazaola, 2007, p. 277), puede que ir, hacia una belleza difí­cil; buena y de dimensión espiritual, en el plano estético, sea la manera más sublime y completa de expresión artí­stica. Beethoven y el pensamiento romántico en general lo afirmaban de este modo.

Oscar Miró Quesada (según Vallejo, 1954, p. 18) decí­a que «las emociones estéticas que la contemplación de la belleza produce, sacuden y revuelven el espí­ritu profundamente, agitando las actividades psí­quicas, sentimentales más ocultas; y siendo de este modo un poderoso reactivo para el alma».

Se debe darle virtud espiritual a lo material, para alcanzar una conmoción y deleite de corte bondadoso para el alma. Buscar la Verdad y la Belleza en un camino difí­cil, es lo que brinda el sentido de la existencia del ser humano.

Referencias

  • Deutche Welle. [DW Español]. 2015, agosto 10). Reencuentro con obras maestras Caspar David Friedrich: El caminante sobre el mar de nubes Euromaxx [Archivo de video]. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=myDVbX9uOYI
  • Marshall, L. (Productora), Cellan Jones, S. (Director). (2003). Eroica [Pelí­cula]. Reino Unido: BBC.
  • Plazaola, J. (2007). Introducción a la Estética. España: Publicaciones de la Universidad de Deusto.
  • Vallejo, C. (1954). El Romanticismo en la poesí­a castellana. Lima: Juan Mejí­a Baca y P. L. Villanueva Editores.
  • Yegres, A. (2015). Filosofí­a, Ilustración y Romanticismo. Revista de Investigación. Caracas, Venezuela. Universidad Pedagógica Experimental Libertador. 39(86), pp. 11-38.