En este mundo modernizado donde todo se puede conseguir de manera inmediata, el sexo no es la excepción. Esta facilidad ha llevado, en muchos casos, a una hipersexualización y a conductas de riesgo que pueden exponernos no solo a enfermedades de transmisión sexual (ITS) sino también a riesgos emocionales más profundos.
El propósito de esta entrada no es juzgar cómo cada persona vive su vida sexual, sino invitar a una reflexión consciente sobre desde qué lugar nos estamos relacionando sexualmente con otros. ¿Desde qué punto estamos entregando nuestro ser, nuestro cuerpo, y nuestra energía sexual a alguien más?

Según la cultura oriental, nuestro cuerpo y mente están conectados a través de centros energéticos llamados chakras, que en sánscrito significa «círculos». Existen siete chakras principales, y mantenerlos alineados es esencial para llevar una vida equilibrada (Sharamom y Baginski, 2017).

El primer chakra, conocido como el chakra raíz o Muladhara, está ubicado en la base de la columna vertebral, entre el perineo y el coxis. Este chakra es fundamental para nuestra identidad física, nuestra estabilidad y nuestro sentido de seguridad y está caracterizado por el color rojo. Nos enraíza a la tierra y nos conecta con la vida material, estableciendo las bases de nuestras necesidades básicas y emocionales. Si este chakra está desalineado, podemos sentirnos inseguros, desconfiados, e incluso desarrollar timidez hacia nosotros mismos y hacia otros, lo que nos impide establecer relaciones sanas.

El segundo chakra, conocido como el chakra sacro o Svadhisthana, se encuentra debajo del hueso púbico, en la región genital y el plexo hipogástrico. Este chakra está asociado con la identidad emocional, la creatividad, el deseo y la capacidad de sentir y desear. Es el depósito de nuestra energía vital y está caracterizado por el color naranja. Cuando este chakra está desalineado, podemos experimentar problemas sexuales, dificultades para expresar nuestras emociones y una desconexión con nuestra creatividad y pasión.
Durante un encuentro sexual, no solo se produce una conexión física con la otra persona, sino también una conexión energética, especialmente a través de estos dos chakras. Al conectar de esta manera, absorbemos parte de la energía de la otra persona y también compartimos la nuestra. Es por ello que es importante reflexionar sobre cómo te sientes después de cada encuentro sexual: ¿te sientes revitalizado o, por el contrario, drenado y vacío?
Ver el sexo no solo como un acto placentero, sino como un medio para expresar nuestro ser en libertad con la otra persona, desnudando no solo nuestro cuerpo sino también nuestra alma, nos permite generar una conexión más profunda. Este tipo de intimidad espiritual no solo alimenta la pasión en la relación, sino que también fortalece un vínculo íntimo y significativo con la otra persona.

Para concluir, les comparto un fragmento del libro El hombre en busca de sentido de Viktor Frankl (1946): «El amor es un fenómeno tan primario como pueda ser el sexo. Normalmente el sexo es una forma de expresar el amor. El sexo se justifica, incluso se santifica, en cuanto que es un vehículo del amor, pero sólo mientras éste existe. De este modo, el amor no se entiende como un mero efecto secundario del sexo, sino que el sexo se ve como medio para expresar la experiencia de ese espíritu de fusión total y definitivo que se llama amor» (p. 113).

(libro El camino del hombre superior)
Referencias:
Sharamon, S. & Baginski, B. (2017). El gran libro de los Chakras. Conocimientos y técnicas para despertar la energía interior. Editorial EDAF
Frankl, V. (1946). El hombre en busca del sentido. Herder Editorial





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