Joselyn Stefani Matta Arancibia

Hola 😊 soy Joselyn, trabajo como Psicóloga clínica con pacientes dentro del espectro disociativo, ansiedad, mediante la terapia analítico funcional y la teoría del vínculo de apego desarrollada por John Bowlby. Disfruto mucho de la música, dedico mucho de mi tiempo en aprender del ser humano, la consciencia, la neurodiversidad y últimamente de nuestra identidad.

¿Qué haces cuando dices que amas?

Últimamente ha estado rondando por mi cabeza muchas preguntas sobre por qué a veces dejamos que alguien más, pero, sobre todo, nuestras parejas nos hagan daño, nos limiten, no nos acepten cómo somos y aún más, no nos amen.

La forma en que expresamos amor como ya lo hemos comentado en artículos anteriores, que viene del amor que hemos recibido y visto de nuestros padres y cuidadores, luego con esas herramientas vamos al mundo a presentarnos, algunos comenzando a saber quiénes son… cómo son… y cómo aman. Otros en cambio, al no estar seguros de quiénes son, no saben si merecen amor o no: ¿cómo son?, ¿la forma en la que aman está bien? Al no encontrar respuesta se someten, sin querer, a que los demás, basados en sus propias experiencias, rosen la superficie de lo que mostramos ser y nos ubiquen en un lugar que muchas veces no merecemos, pero aceptamos porque creemos que, si el otro puede verlo, y decide darle un poco de lo que tanto necesita, debe amarlo ¿verdad?

¿En qué momento olvidamos qué merecemos o qué cosas no debemos permitir ni un poco? O tal vez sería mejor preguntar: ¿Lo sabemos? ¿Nos lo han enseñado? ¿De dónde nace la necesidad de agradar primero al otro, antes que a mí mismo?

¿Y tú qué haces cuando dices que te amas?

Esta reflexión no es de mi autoría, pues la plantea Nilda Chiaraviglio en sus diplomados sobre pareja, y sin querer respondió lo que a diario escucho en consulta, mujeres y hombres que se hacen daño, unos haciéndolo a otros y otros haciéndoselo a sí mismos, cayendo en el ciclo de violencia continua, sometiéndose a malos tratos, incluso a veces, cuestionándose actos que no cometieron, pero que deben aceptar para no quedarse solos.

¿Por qué?

¿En qué punto una persona al estar en pareja y por “pertenecer a ella” permite humillación, culpa y castigos?

¿Por qué? La única lealtad que deberíamos defender sobre nosotros mismos, la regalamos.

¿Por qué estamos dispuestos a creerle a otra persona quiénes somos?

¿Por qué pretendemos encontrar la validación de qué somos en la pareja?

¿Por qué me traiciono, porqué soy más leal al otro que a mí mismo?


Tal vez porque no sabemos cómo amamos y es por eso que aceptamos, aquello que sin saber necesito y no llego a cuestionar si eso es lo que merezco.
Entonces me di cuenta que no hay que buscar mucho más allá, es algo menos complicado y que conocemos bien, la escuchamos siempre y se llama autoestima, ¿es importante la autoestima cuando empezamos una relación?
 Desde luego oír no es sinónimo de comprender, menos de hacer, por lo que sostengo que, cada vez que escuchamos: “ámate”, “quiérete” y “valórate”, no estamos entendiendo qué es lo que nos están pidiendo, porque no nos basta con repetirlo como un mantra milenario, si en el momento que, mi pareja viene y cuestiona mis valores, yo, inmediatamente los cambio por otros, los suyos, porque yo no los tengo.
 Pero ¿realmente no los tengo?, ¿o los ignoro constantemente?
¿Será porque verlos y defenderlos alejaría de mí el amor que necesito del otro? ¿Y ese amor solo puede venir desde afuera? ¿Y si primero lo construyo yo, para mí?

Claves para alcanzar una buena autoestima según Rojas (2001)

El juicio personal: Se trata de la aceptación integral de mi personalidad, lo valioso y en lo que aún me falta trabajar, debemos entender que siempre será más productivo enfocarnos en las cualidades que tenemos constituidas y de las cuales nos sentimos más orgullosos.

La aceptación de uno mismo: Se alcanza un estado de paz relativa en la que uno se acepta a pesar de los errores, en el fracaso, en el éxito, cuando merezco algo, así, sostengo un estado de plenitud cuando asumo quién soy, cuando consigo lo que quiero y cuando aprendo a aceptar lo que no estaba planeado.

El aspecto físico: Debemos integrar la aceptación de nuestra imagen al concepto de autoestima, las características fisiológicas, enfermedades físicas o psicológicas congénitas y adquiridas; se trata de aceptar lo que no me gusta y potenciar aquellas cosas que me gustan como nuestros rasgos y belleza.

El patrimonio psicológico: Podemos ser conscientes de nuestro patrimonio psicológico cuando admiramos y asimilamos nuestra autenticidad, que está compuesta por un estilo personal que comprende nuestra inteligencia, creatividad, estilo, nuestra fuerza de voluntad, la manera en que expresamos nuestro ser, cómo hablamos, cuáles son nuestros pasatiempos, qué interpretación y qué sentido le damos a nuestra existencia y un largo etcétera…

El trabajo: Es importante la identificación con el trabajo que se realiza y que tratemos de hacerlo con compromiso, amor y dedicación. La suma y validación de nuestros logros, fortalecen nuestro autoconcepto.

El entorno sociocultural: Es el ámbito en donde se desarrollan los recursos para la comunicación y la relación con los demás y ponemos en práctica nuestra autoestima: ¿Qué es lo que creo de mi en relación a los demás?

Evitar la envidia o compararse con los demás: Es importante entender que el compararse o querer lo mismo que otro, es una característica humana natural ya que en esencia no es negativo, más bien, nos brinda información: “Ese es un camino que me gustaría seguir, en vez de menospreciar lo que ahora tengo, lo analizo y me preparo para conseguir, lo propio, lo que también quiero lograr, porque confío en que mí mismo”.

Hacer algo positivo por los demás: El acto de entrega a los demás, de dar algo por propia voluntad que el otro necesita, es motivo de cierta armonía interior; siempre y cuando no implique la anulación personal o un autosacrificio distorsionado.

Desarrollar la empatía el ponerse en el lugar del otro: Para entender mejor la empatía, debemos, tener en cuenta el concepto de la compasión, que es mirar al otro con amor y al mismo tiempo validando su sufrimiento, así desaparecen los juicios y las críticas y le damos el paso a una verdadera empatía, la que más próxima esté de ponerse en el lugar de los demás, sabiendo que solo podremos lograrlo si lo aplicamos hacia nosotros mismos también.

Un signo de madurez es la capacidad para saber perdonarse y perdonar a quienes nos rodean” (Rojas, 2001).

Entonces, sí podría empezar reconociendo mis valores y mis principios, con qué me siento cómoda y plena, podría empezar a respetar mis formas y procesos; escuchando y validando mis logros y fracasos, es decir, conociéndome a mí misma/o. Ya que así puedo cambiar o mejorar, lo que reconozco, lo asimilo como mío, como parte de mí.

Si teniendo en cuenta lo anterior, decido no hacer el esfuerzo de conocer más sobre mí, tal vez me encuentre frecuentemente en relaciones en las que constantemente me sienta poco amada/o.

Según Chiaraviglio, (2021) y otros autores, el enamoramiento, no es igual que amar a mi pareja, el enamoramiento es un proceso en el cual la corteza prefrontal se ve inundada de muchos neurotransmisores, oxitocina, dopamina, serotonina, etc. Que mantienen su vigencia durante uno o dos años, lo que nos da paso a la idealización del otro; ya que al estar enamorados somos las mejores versiones de nosotros mismos (al principio), luego de este periodo, empezamos a ver al otro como realmente es, como lo vimos siempre. Sin embargo, después de años de relación por lo general, los gestos y detalles disminuyen, lo cotidiano nos visita, y nos enfrentamos a nuevos retos como pareja; sumado a esto, se van agotando los efectos “mágicos” y amortiguadores de los neurotransmisores ya mencionados. ¿Qué nos queda ahora?

Decidir si amar o no
 
Para Chiaraviglio (2021), amar es un verbo, un trabajo, que implica realizar conductas que construyen el amor día con día; como cuando me planteo una meta a la cual quiero llegar, con la diferencia que existen metas que se trazan en conjunto, respetando la libertad del otro de ser quién es y cómo desea ser amado. Si yo entiendo que mi pareja tiene los mismos derechos que yo, sería importante ser consciente y llegar a la conclusión de que, por mucho que yo lo ame y desee que mi pareja me ame también, lo que yo le ofrezco puede o no satisfacer su demanda de amor. Entonces mi amor tiene cierto límite, no puedo complacer las demandas de todas las personas que quieran ser mis parejas (en caso haya tomado la decisión de amar).

Pongamos un ejemplo, de esos que me gustan tanto:

Pareja:

  • “Amor te amo, tanto, tanto, tanto, que te voy a proteger siempre”.

Análisis: ¿Qué hace mi pareja cuando me dice que me va a proteger? ¿Y si proteger significa decidir por mí? ¿Y si en su intento de protegerme, me invalida? ¿Y si me acostumbro a que mi pareja me proteja, qué haré cuando no esté? ¿Realmente quiero depender de mi pareja?

Nosotros:

  • “Está bien amor, yo también te amo tanto que te quiero solo para mí todo el tiempo”.

Análisis: ¿Qué hago cuando digo que amo? ¿querrá mi pareja que lo ame así? ¿Tendremos problemas por mi forma de querer? ¿Podré cumplir siempre, eso que estoy ofreciendo?

Por supuesto, no queremos insinuar que enamorarse sea algo negativo, de hecho, debemos vivirlo al máximo, sin embargo, cuando empiezo a sentirme incomodidad en la relación, quizá debamos evaluar si nuestras diferencias al amar son demasiado altas y costosas a nivel emocional, laboral, social, que empieza a socavar nuestra autonomía. Quizá sea hora de decidir terminar la relación, agradecer las experiencias compartidas, decirnos adiós y seguir cada uno, nuestros caminos…

¡O! por el contrario… entregarnos a la experiencia del maltrato psicológico, físico y lo violento que es amar idealmente (tipo Hollywood) y someternos a exigencias que no podemos cumplir y que pisoteen nuestra autoestima por no ser la persona que necesitan que seamos y que, por cuestiones inherentes a nosotros mismos, no somos.

Por otro lado, existen personas que están dentro de una relación, en la que, balanceando, los pros y los contras, estos se encuentran al mismo nivel, por lo que, se podría tomar la decisión de continuar y revaluar, siendo conscientes de que llegaron a un punto en el que la relación necesita tomar un nuevo rumbo, con el esfuerzo y compromiso de ambos.

No nos olvidemos que, como seres humanos, tenemos la capacidad de decidir y que, normalmente, somos nosotros los que nos damos, lo que sentimos merecer, y que sí depende de nosotros sostener la relación que deseamos en nuestras vidas. Podemos lograrlo reconociendo y construyendo quiénes queremos ser, y cómo queremos amar y que nos amen.

Pues como decía Sócrates: “el fin último del ser humano es conocerse a sí mismo”.



Palabras clave: amor, autoestima, pareja, relaciones.
Referencias:
–          Branden N. Los 6 pilares de la autoestima. Editorial Paidós.
–          Cortés C. (2018). Mírame, siénteme. Estrategias para la reparación del apego en niños. España, Editorial Desclée De Brouwer.
–          Chiaraviglio N. (2021, 9 de noviembre). Relaciones de pareja sanas. Se Regalan Dudas Podcast.
–          Rojas E. (2001). ¿Quién eres? Ediciones Temas de hoy S.A.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *