Escribir desde el interior: la necesidad que nos salva

Resumen:

La agitada vida actual puede convertirse en una herramienta de doble filo para la creación literaria. Los días se han convertido en un encadenamiento de rutinarios instantes para muchas personas que, acostumbradas, prefieren (o quizás se conforman) vivir en modo “automático”.

Lamentablemente, este modo de vida los conduce a una existencia vacía y sin sentido. Nos preguntamos: ¿Cómo lograr que las personas “despierten” de este aletargamiento y descubran que, por medio de la escritura, también se abren diversos caminos y perspectivas que sirven para cuestionar la realidad?

La tarea no es nada sencilla para quienes creamos mediante la palabra, mas no es imposible. El escritor debe enfrentarse a esta homologación y la creación de máquinas contemporáneas, mediante el diálogo con el otro y la defensa de la dignidad individual para mantener los sueños colectivos. Así, en un mundo donde prima la individualidad, la escritura se tiende como un puente para que las personas se puedan explorar, (re) conectar consigo mismas y con los demás y de esa manera, liberarse.

Palabras clave: escritura, reconexión, exploración, liberación

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Escribir es emprender un viaje a nuestro interior, encontrarnos, explorarnos, reconciliarnos, alejarnos o acercarnos a sensaciones o ideas que –de manera consciente o inconsciente- siempre estuvieron en nosotros. Cuando tenemos la necesidad de escribir, el mundo exterior desaparece, entramos en una suerte de burbuja que nos cubre de la cotidianeidad de la vida.

Así, como asegura la escritora Clarice Lispector: “Escribir es una maldición que salva el alma presa, salva a la persona que se siente inútil, salva el día que se vive y que nunca se entiende a menos que se escriba».1

Escribimos para salvarnos del tedio, pero sobre todo, para liberarnos mediante la fuerza narrativa y, de este modo, conquistar a nuestros lectores y, como afirma Edgar Allan Poe, crear un único efecto en su alma.2

Uno de los caminos para guarecernos y expresarnos es escribir cuentos. Sin embargo, no es un camino recto ni asfaltado. No obstante, cuando éramos niños –según comenta la escritora Frannery O’Connor- parecía “no haber nada excesivamente complicado”.3 en escuchar y contar cuentos.

Creemos que, probablemente –ya que no existe nada definitivo en el campo de la creación literaria- una de las respuestas para quienes deseamos escribir cuentos es experimentar las emociones sin los filtros ni las preocupaciones que se producen en la adultez. Así, al poder sentir como si fuéramos niños, observar las cosas con curiosidad, preguntar con inocencia, pasar tiempo con nosotros mismos (dejando de lado las obligaciones y mundanos problemas), no dar las cosas por sentadas y soñar, podríamos acercamos a una forma pura de creación: libre, sin estigmas ni ataduras invisibles.

El compromiso, en el camino de ésta liberación, debe ser con los cuentos y sus movimientos cambiantes nutridos por nuestras propias experiencias al observar el exterior –elemento vital para la creación de escenarios y personajes- como menciona Ernest Hemingway .4 Sin embargo, al igual que un enorme y colosal témpano de hielo -siguiendo la bella metáfora de Hemingway (1996: 25)- la importancia de recopilar información por medio de la observación y vivencias propias, no significa que todo lo conseguido deba ir en nuestra creación como cuentistas. No obstante, no está permitido que, por desconocimiento, se omitan. Después de todo, “el conocimiento es lo que constituye la parte del témpano que está bajo el agua.” (Hemingway 1996:26).

Como vemos, emprender la aventura de escribir un cuento tiene diversos caminos, cada escritor tomará el que crea conveniente, algunos volverán al punto inicial, otros quizás sientan que se han perdido, pero –si realmente existe la necesidad inagotable de escribir- se perseverará.

Por otra parte, si pensamos en obtener fama mediante la escritura, debemos entender que perseverar no garantizará que nuestra obra sea reconocida. Sobre este punto, la escritora Silvina Bulltrich.5 afirma que el triunfo no es lo más importante y, en su texto sobre la “Refutación al decálogo del perfecto cuentista de Horacio Quiroga”, asevera que “la vida de Quiroga fue toda entera una derrota y por eso su obra cobró fuerza y perdura.” (Bulltrich 1996: 53). Este punto lo enlazamos con la vida del gran cuentista Julio Ramón Ribeyro: con grandiosos y memorables cuentos, Ribeyro -al igual que sus personajes – nunca se sintió merecedor de reconocimientos. Consideramos, siguiendo la gran lección de Clarice Lispector, que la humildad como técnica debe ser imprescindible para todo escritor: “(…) el orgullo hace perder mucho tiempo.” (Lispector 1996:202).

En la actualidad, conocemos algunos personajes famosos que escriben libros, pero es frecuente que, después de un tiempo, nadie recuerde sus historias. Los autores brillarán efímeramente por la fama o resonancia sus nombres en la portada. Debemos aspirar a crear cuentos que prevalezcan al paso del tiempo. Clarice Lispector menciona, de manera irónica, como “crítica liviana” a las aseveraciones en torno a este tema: “En el libro de Pelé las cosas van sucediendo (…) tú solamente inventas. El tuyo es más difícil de hacer, pero el de él es mejor.” (Lispector 1996: 200).

En la escritura no se inventa, se sustrae del interior aquello que nos mueve y corta la respiración. De este modo, los lectores podrán relacionarse, reflejarse, identificarse o conmoverse con personajes atemporales que se queden, de una u otra manera, siempre con ellos. Nuestros cuentos deben permitir que nos expresemos y liberemos. Esta incandescente necesidad de expresión es un punto en común que encuentra la escritora Silvia Molina cuando indaga sobre el vaporoso terreno de la creación de cuentos desde la perspectiva de diversos escritores .6

Sabemos que es imposible encontrar una suerte de leyes o decálogo para escribir cuentos, puesto que, como ocurre con todo tipo de arte, la literatura no debe seguir ninguna regla pre establecida: cada escritor encontrará, con mayor o menor dificultad, su sendero. No hay lugar para el pragmatismo en la creación literaria. Yo considero que el arte en general no puede verse como si se tratase de un libro de instrucciones o reglas generales. No porque no tenga un orden o una razón de ser, sino porque la forma en la se exprese o sea entendida tendrá siempre muchos puntos de vista, no es algo estático ni cuenta con alguna regla universal.

Por este motivo, nos sentimos encandilados ante el misticismo de escritoras como Joyce Carol Oates.7 quien nos acerca a la escritura desde la magia de los sueños, desde aquella voz que no podemos callar, desde la búsqueda de significados ocultos de la vida, desde la creación de misterios, pero sobre todo, desde la incapacidad para no escribir: “La base para el arte de un escritor no es su habilidad sino su voluntad de escribir, su deseo de escribir.” (Oates 1996:120)

Después de todo, escribir nos conduce a un plano que, aunque nos mantiene momentáneamente alejados de la realidad, permite que utilicemos la palabra como una carnada que pesque la no-palabra (Lispector 1996: 203). Debemos escribir desde las palabras, pero también desde los silencios. Para la escritora brasilera, la entrelínea es la respuesta. Una página puede estar llena de palabras y no decirte nada, la fuerza en nuestros cuentos debe residir en lo que se mantiene silente. Siguiendo esta idea, para Juan Rulfo.8, la entrelínea descansa en “el silencio del que ya no habla, el silencio de aquel a quien no dejan hablar, el silencio de lo que no nos atrevemos a decir, el silencio de todo aquello que se ignora, el silencio que tan a menudo es la única respuesta ante la tragedia de la vida.” (Rulfo 1996:214). Como vemos, el papel del silencio es poderoso y se abre paso a través de las páginas, conduciendo emociones y pensamientos tan invisibles como eternos.

Además, la escritura es capaz de transmitir un efecto positivo en la salud física y mental de las personas. Esta actividad, como un ejercicio terapéutico, consiste en que la persona escriba periódicamente sobre su enfermedad o sobre algún hecho traumático ocurrido. (Fernández, 2005) También nos otorga una forma de expresarnos cuando otras formas de comunicación no alcanzan o cuando encontramos difícil realizarlo de otra manera, incluso para registrar acontecimientos importantes o ayudar a nuestra memoria. Con estas y muchas otras razones en mente, los psicoterapeutas encuentran en el ejercicio de escribir una utilidad en la práctica clínica, desde aproximadamente unos veinte años. (Fernández, 2005).

Aún queda mucho por reflexionar en torno a la escritura de cuentos. Por ello, debemos poner una pausa en la ajetreada cotidianeidad de nuestra vida y observar aquellas ideas, emociones, imágenes y sensaciones que se han convertido en parte de diversas y hermosas constelaciones que resplandecen gracias a nuestra eterna necesidad de escribir.

Referencias

  • Clarice Lispector. “La explicación que no explica”. Lauro Zavala, ed. Poéticas de la brevedad. Teorías del cuento III. México: Coordinación de Difusión Cultural UNAM, 1996.
  • Edgar Allan Poe sobre Nathaniel Hawthorne. Cómo se escribe un cuento. Selección, prólogo e introducciones de Leopoldo Bruzuela. Buenos Aires: El Ateneo, 1993.
  • Ernest Hemingway. “La teoría del iceberg”, “Saber qué dejar fuera”. Lauro Zavala, ed. Poéticas de la brevedad. Teorías del cuento III. México: Coordinación de Difusión Cultural UNAM, 1996.
  • Fernández Álvarez, Héctor. El Poder de la Escritura en Psicoterapia. Revista de Psicoterapia, 16 (63-64), pp. 29-30, 2005.
  • Frannery, O’Connor, “Para escribir cuentos”. Lauro Zavala, ed. Poéticas de la brevedad. Teorías del cuento III. México: Coordinación de Difusión Cultural UNAM, 1996.
  • Joyce Carol Oates. “La naturaleza del cuento”. Lauro Zavala, ed. Poéticas de la brevedad. Teorías del cuento III. México: Coordinación de Difusión Cultural UNAM, 1996.
  • Juan Rulfo. “El desafío de la creación”. Lauro Zavala, ed. Poéticas de la brevedad. Teorías del cuento III. México: Coordinación de Difusión Cultural UNAM, 1996.
  • Silvina Bulltrich. “Refutación del ‘Decálogo del perfecto cuentista’ de Horacio Quiroga”. Lauro Zavala, ed. Poéticas de la brevedad. Teorías del cuento III. México: Coordinación de Difusión Cultural UNAM, 1996.
  • Silvia Molina. “24 cuentistas opinan sobre la teoría y práctica del cuento”. Lauro Zavala, ed. Poéticas de la brevedad. Teorías del cuento III. México: Coordinación de Difusión Cultural UNAM, 1996.

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1 Clarice Lispector. “La explicación que no explica”. Lauro Zavala, ed. Poéticas de la brevedad. Teorías del cuento III. México: Coordinación de Difusión Cultural UNAM, 1996.

2 Edgar Allan Poe sobre Nathaniel Hawthorne. Cómo se escribe un cuento. Selección, prólogo e introducciones de Leopoldo Bruzuela. Buenos Aires: El Ateneo, 1993..

3 Frannery, O’Connor, “Para escribir cuentos”. Lauro Zavala, ed. Poéticas de la brevedad. Teorías del cuento III. México: Coordinación de Difusión Cultural UNAM, 1996.

4 Ernest Hemingway. “La teoría del iceberg”, “Saber qué dejar fuera”. Lauro Zavala, ed. Poéticas de la brevedad. Teorías del cuento III. México: Coordinación de Difusión Cultural UNAM, 1996.

5 Silvina Bulltrich. “Refutación del ‘Decálogo del perfecto cuentista’ de Horacio Quiroga”. Lauro Zavala, ed. Poéticas de la brevedad. Teorías del cuento III. México: Coordinación de Difusión Cultural UNAM, 1996.

6 Silvia Molina. “24 cuentistas opinan sobre la teoría y práctica del cuento”. Lauro Zavala, ed. Poéticas de la brevedad. Teorías del cuento III. México: Coordinación de Difusión Cultural UNAM, 1996.

7 Joyce Carol Oates. “La naturaleza del cuento”. Lauro Zavala, ed. Poéticas de la brevedad. Teorías del cuento III. México: Coordinación de Difusión Cultural UNAM, 1996.

8 Juan Rulfo. “El desafío de la creación”. Lauro Zavala, ed. Poéticas de la brevedad. Teorías del cuento III. México: Coordinación de Difusión Cultural UNAM, 1996.

¿Qué es la motivación?

La motivación es un concepto que usamos cuando queremos describir las fuerzas que actúan sobre, o dentro de un organismo, para iniciar y dirigir la conducta de este. Se refiere a aquellos procesos que dan energía y dirección al comportamiento. Entonces son fuerzas que permiten la ejecución de conductas destinadas a modificar o mantener el curso de la vida de un organismo, mediante la obtención de objetivos que incrementen la probabilidad de supervivencia, tanto en el plano biológico, como en el plano social. Asimismo, las emociones son las que activan la conducta motivada, debido a que son cercanas al estímulo que motiva al sujeto para aproximarse o evitar, un objeto meta.

El estudio de la motivación y emoción en Psicología trata sobre todas las condiciones que existen dentro de la persona, al ambiente y la cultura; para explicar el por qué queremos lo que queremos y por qué hacemos lo que hacemos. Es así que la motivación se refiere a los anhelos, esperanzas, deseos y aspiraciones del ser humano, tanto las suyas como de aquellos que le importan, como sus futuros alumnos, empleados y sus hijos. En consecuencia, el estudio de la motivación intenta responder a dos grandes preguntas: ¿cuál es la causa de la conducta? y ¿por qué el comportamiento varía en intensidad?

Antecedentes filosóficos de la motivación

Las raíces intelectuales del estudio de la motivación les deben sus orígenes a los antiguos griegos. Por una parte, Platón propuso que la motivación fluía de un alma tripartita como tres aspectos distintos del alma que motivaban y explicaban los diferentes terrenos de la conducta. Por otro lado, Aristóteles utilizaba una terminología distinta: nutritiva, sensible y racional. El aspecto nutritivo era el más impulsivo, irracional y animal; y contribuía a los impulsos corporales necesarios para sustentar la vida. El aspecto sensible también se relacionaba con el cuerpo, pero regulaba el placer y el dolor. Por último, el componente racional del alma era exclusivo de los seres humanos, ya que se relacionaba con las ideas, era intelectual y se caracterizaba por la voluntad.

En la Era pos renacentista

Descartes (1596-1659) amplió el dualismo mente-cuerpo. El cuerpo poseía necesidades nutritivas y respondía al ambiente en maneras mecanicistas a través de sus sentidos, reflejos y fisiología. La mente era un ente pensante y espiritual con una voluntad deliberada: podía controlar el cuerpo y gobernar sus deseos. Para Descartes, la fuerza motivacional máxima era la voluntad, como una facultad (poder) de la mente que controlaba los apetitos y pasiones corporales en beneficio de la virtud y la salvación mediante el ejercicio de su poder de elección.

Antecedentes teóricos

A principios del siglo XX, W. James y McDougall defienden que la conducta humana es de naturaleza instintiva. Es así que como carácter innato de la conducta no se podía modificar, y se explica mediante la presencia del estímulo apropiado que desencadene automáticamente la conducta asociada al instinto. Por otro lado, Woodworth ve al impulso como el factor interno del organismo que es responsable de la conducta, es decir, como la fuerza que se desencadena producto de las necesidades de las personas en relación a su medio ambiente. Asimismo, Thorndike sostiene desde una perspectiva hedonista, que la motivación de una conducta depende de las consecuencias placenteras o displacenteras de la conducta realizada en ocasiones previas. Es así que la persona repetirá la conducta si la consecuencia es placentera, y se evitará si la consecuencia es displacentera.

Alternativamente, entre 1910 y 1920, en esta época el conductismo a cargo de Watson, empieza a proliferar su teoría del aprendizaje, dándose dos perspectivas acerca de la motivación, como son la ambientalista frente a la mentalista o instintiva de la época. El conductismo sostenía que los responsables de la conducta motivada eran los factores ambientales o externos, y que el ser vivo era un agente pasivo y reactivo ante la estimulación del medio ambiente. Al mismo tiempo, Kohler y Tolman se muestran contrarios ante la teoría del estímulo – respuesta que defiende el conductismo, y toman la perspectiva mentalista, reestructurando el paradigma propuesto por el conductismo, como estímulo – organismo – respuesta, dándole al sujeto un carácter activo. A partir de los años 50 – 60, la psicología cognitiva daría su teoría sobre considerar a la persona como un procesador activo de la información.

Grandes teorías: Voluntad, instinto y pulsión

La esperanza de Descartes era que una vez que se comprendiera la voluntad, inevitablemente se desarrollaría un entendimiento de la motivación. Se hizo cierto progreso cuando los actos de la voluntad se identificaron como de elección, esfuerzo y resistencia, no obstante, no obtuvieron resultados. Respecto a esto Johnmarshall (2010) nos dice: “No descubrieron la naturaleza de la voluntad ni las leyes bajo las que operaba. En esencia, los filósofos se encerraron solos en un callejón sin salida al complicar el problema que habían estado tratando de solucionar” (p. 20).

Sobre el instinto, los pensadores de la motivación del siglo XIX se despojaron del alma racional del dualismo filosófico y conservaron lo que quedaba: las pulsiones, impulsos y apetitos biológicos. Para Darwin, gran parte de la conducta animal parecía innata, automatizada y mecanicista. A fin de explicar esta conducta adaptativa Darwin propuso el instinto, concepto que popularizó William James, con su teoría motivacional del instinto. En esta explicaba que para traducir un instinto en una conducta era necesaria la presencia de un estímulo apropiado. Ante esto, la postura de McDougall era más extrema en cuanto a que sin los instintos, los humanos no iniciarían acción alguna. Sin estos “motivadores primarios”, los seres humanos serían masas inertes, cuerpos sin impulso a la acción. En otras palabras, toda motivación humana debía sus orígenes a un conjunto de instintos genéticamente heredados.

La pulsión surgió a partir de una biología funcional, una que comprendía que la función de la conducta era satisfacer las necesidades corporales. Es así que los animales experimentaban estas deficiencias corporales, en términos psicológicos, como “pulsiones”. Por lo que, la pulsión motivaba cualquier conducta que sirviera para satisfacer las necesidades del cuerpo.

Es así que, durante el siglo XXI, el estudio de la motivación tiene múltiples perspectivas (miniteorías de la motivación) y cada una de las cuales contribuye con una pieza distinta del rompecabezas al estudio de la motivación y la emoción. En perspectivas, tenemos diferentes teorías, como la conductual, la neurológica, la fisiológica, la cognitiva, la sociocognitiva, la cultural, la evolutiva, la humanista y la psicoanalística.

Tipos de motivación

Existen dos tipos de motivación que se refieren al origen de la motivación en el sujeto. En primer lugar, la motivación intrínseca, que surge dentro de la persona y que es más personal del sujeto, esto quiere decir que obedece a los intereses propios de cada persona, y en donde existe un placer en el proceso de alcanzar lo que se quiere lograr. Por otro lado, la motivación intrínseca, surge de la necesidad de satisfacer una necesidad psicológica, en base a la autonomía, a demostrar competitividad, y a establecer afinidad en las relaciones de la persona. Por ejemplo, Ana es madre soltera y tiene dos trabajos de medio tiempo, su motivación desde un sentido interno es su hijo, ya que responde a su amor de madre. En segundo lugar, vemos la motivación extrínseca, que viene del entorno del sujeto, como una recompensa. Por ejemplo, cuando en una clase la profesora otorga caritas felices a los niños que cumplan siempre con sus tareas y sean responsables, y que luego van a poder ser cambiadas por algún premio. Otro ejemplo, Carlos juega la lotería todos los días, porque quiere sacarse el premio mayor, su motivación desde un sentido externo es tener mucho dinero. Asimismo, este tipo de motivación sigue la línea de un contrato conductual, en donde se asocia un comportamiento solicitado con un incentivo que sea del interés de la persona. Por otra parte, en esta clase de motivación hablamos de reforzadores, que son factores que responden no solo a cuestiones materiales, sino también al ego de la persona, en donde se exalten sus cualidades o se le de reconocimiento. Dentro de estos reforzadores, se observan reforzadores positivos que están dirigidos a aumentar la conducta deseada y negativos que están dirigidos a eliminar la conducta indeseada. También, es importante resaltar dos conceptos importantes que forman parte del tipo de motivación extrínseca. Primeramente, el castigo como el estímulo ambiental que al ejecutarse puede disminuir o eliminar una conducta no deseada. En segundo lugar, la recompensa, que obedece al contrario del primero, a aumentar o perpetuar una conducta permitida o deseable en la persona.

La mente humana y la motivación

Toda conducta tiene una explicación, y la motivación, es la razón por la que hacemos las cosas. Es como una pirámide, en la base de la pirámide están las motivaciones primarias que son fisiológicas como el hambre. Luego encontramos la motivación sexual que en el humano no es instintiva, sino que implica factores psicológicos, sociales y culturales. En un nivel más alto observamos la exploración, que se da en los niños pequeños cuando exploran un mundo que no conocen en busca de sensaciones nuevas, o en el querer enterarnos de las cosas, a lo cual su negativo es la privación sensorial que implica no enterarse de lo que sucede, lo que tiene más impacto en personas que han sufrido de secuestro o han estado incomunicadas. Posteriormente encontramos la afiliación, que es la necesidad que algunas personas sienten más profundamente y que implica la necesidad pertenecer y de ser queridos; y que comprende no solo recibir sino dar algo a cambio, como la cooperación, el altruismo y el dar apoyo a los más necesitados. Por último, vemos el logro o realización personal, que nos empuja a obtener lo mejor de nosotros mismos. Asimismo, la motivación por logro es muy importante en los niños, ya que implica dar lo mejor de sí mismos, impulsados por fuerzas que provienen de su ser interior, lo cual se logra trabajado la independencia y el querer hacer bien las cosas. Así también, se observa que cuando no conseguimos el objetivo, podemos saltar la barrera, desistir, u optar por una meta sustitutoria y que la frustración se vuelva agresión, esto debe evitarse ya que, de lo contrario, la agresividad se puede volver continua, y es mejor enseñar que es preferible esforzarse más hasta conseguir lo que se espera.

Para finalizar, La motivación es el impulso interno que actúa dentro de uno mismo, con el fin de alcanzar un objetivo, que tiene que ver con la supervivencia en el plano biológico y social. Gonzáles (2012) nos dice, “La motivación es eminentemente afectiva, pero en ella juegan un papel decisivo los procesos cognoscitivos y el reflejo del mundo que ellos engendran” (p. 2). Entonces la motivación se puede definir como las fuerzas que suceden dentro del organismo, como consecuencia de factores internos bajo los términos del instinto o del impulso; y externos relacionados con el ambiente desde la perspectiva del aprendizaje. Por otro lado, las emociones son las que activan las conductas motivadas, estas pueden considerarse procesos afectivos, pero no todas son emocionales. Por lo que la motivación es la fuerza que nos impulsa a actuar de una determinada manera, esta puede ser más fuerte en unas personas que en otras, dependiendo de su naturaleza y de lo que quieren lograr. Asimismo, nos ayuda a superar debilidades, para conseguir objetivos, alcanzar metas, u obtener cosas, que pueden ir de sencillas a excepcionales. Por otra parte, se divide en intrínseca que viene desde el interior del sujeto y es la más eficaz e importante, ya que responde a intereses personales; y en extrínseca, que se basa en estímulos externos para que la persona se interese o se motive en lograr lo que se quiere, mediante factores externos. Es importante resaltar, que la motivación en los niños desde su ser interior es fundamental, ya que al ser el mejor tipo de motivación y el más fuerte, manejarán de mejor manera la frustración y la agresividad, en caso de no poder lograr lo que se han propuesto, entendiendo que el fracaso es parte del proceso de lograr sus metas u objetivos, sin desvanecer en el intento de lograr lo que quieren.

Bibliografía

Gonzáles, D. (2012). Criterios y técnicas para el estudio de la motivación. La Habana: Editorial PUEBLO Y EDUCACIÓN. Recuperado de https://books.google.es/books?id=odUREAAAQBAJ&lpg=PP1&ots=7Qd-GIAxTi&dq=MOTIVACION%20PSICOLOGIA&lr&hl=es&pg=PP1#v=onepage&q&f=false

Johnmarshall, R. (2010). Motivación y emoción. (quinta edición). México: McGRAW-HILL/INTERAMERICANA EDITORES, S.A.

La mente humana: La motivación. (7 de enero del 2014). Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=BIB4vji0kiY

Intelectualidades Empáticas (Empatía I)

Introducción de Rigor

La palabra empatía, tal como aparece en frases motivacionales en redes y como se usa a diario, siempre me ha resultado sosa. Una versión desteñida y secular de lo que en otros tiempos se llamaba amor. Tanto, que he intentado darle un sentido menos pueril asumiendo que se refiere a la aprehensión de las circunstancias emocionales despertadas por determinada vivencia en determinado sujeto. Una versión intelectualoide del mal usado “Ponerse en los zapatos del otro”, que también resulta ser la frase favorita y menos clara para definir el término. Punto aparte.

Lo interesante

Resulta ser que en búsqueda de cuestiones más profundas, que colocaran la emoción humana y su comprensión cotidiana en un espacio un poco más importante, encontré una definición interesante que linkeo y pasaré a explicar a continuación:

Empatía

https://dicciomed.usal.es/palabra/empatia

La aproximación primera es bastante sencilla. Básicamente empatía no es lo mismo que simpatía; es la comprensión íntima y asimilación de la situación existencial de otro. Bien. Palabras de leguleyo que funcionan en cualquier corte.

Y ¿La promesa de novedad?

¡Empatía no significa empatía! No como la conocemos popularmente. No hasta mil novecientos y pico. En principio, la usaba Galeno escrita así: ἐμπάθεια (/empátheia/), significa «sentimiento/dolencia (pathos) intenso». Y dos siglos antes, Aristóteles, llamando ἐμπαθής (/empathḗs/) a los apasionados. Con todo el sentido del mundo, en es ‘dentro’; y páthos, ‘sentimiento’.

Poquísimo tiene que ver con ser comprensivo y escuchar al otro.

¡Ah! El alemán.

Sucede que el estructuralista Titchener (americano de nacimiento e hijo intelectual del Wundt) importó  a los Estados Unidos el término alemán einfühlung (empatía), desarrollado por Theodor Lipps en Psychologische Untersuchungen (Investigación Psicológica, 1907), como empathy.

Einfühlung (Se lee algo así como ainfiulõn) Es un término introducido a la existencia por Vischer.

¿Podemos realmente? ¿En cada situación? ¿Con cada persona?

Vischer era un poeta. Tenía la teoría de que el arte implica dos cuestiones: (1) una idea y (2) su manifestación. Así, la estética radica en el rescate de la idea pura, porque la cuestión de ‘manifestación’ se envilece con el tiempo. Desarrolla una extensa disertación sobre estos términos en su libro: Ueber das optische Formgefühl: ein Beitrag zur Aesthetik (Sobre el sentido óptico de la forma: una contribución a la estética, 1873) a tal punto que, sin haber acuñado un término específico, se le considera el originador del concepto primigenio de empatía: ‘sentimiento introducido’ por el hombre en los objetos que observa.

Embanderando la empatía

Sin embargo, es importante saber que el verdadero creador de la palabra (en alemán, al menos) es Hermann Lotze. En su libro Mikrokosmus, quince años antes de Vischer (1858), define la einfühlung como una traducción del término ἐμπάθεια referido a la ‘animación’ (de ánima) artificial de los objetos al atribuírsele emociones. Este es el concepto de empatía que atravesó el atlántico con Titchener.

Estética y psicología

Volviendo al tema de la estética, en las traducciones de textos freudianos, einfühlung (empatía) se refiere al ‘sentimiento introducido’ por un hombre en otro: la ‘proyección psicológica’. Así es que la difusión de los escritos psicoanalíticos, hizo popular la referencia de la palabra para el estado emocional de un sujeto observado por otro. 

Se trasladó el término estético a el análisis psicológico y, desde ahí con mucha facilidad al uso cotidiano, que no distingue diferenciación entre empatía afectiva y cognitiva. La primera referida al sufrimiento conjunto con el padeciente y la segunda, a la comprensión intelectual del sufrimiento.

El uso popular y actual del término está más incluso más alejado de otros más especializados: en 1895, Lasswitz llamaba einfühlung a la “propiedad física del sistema nervioso análoga a la capacitancia eléctrica relacionada con el sentimiento”.

Por supuesto, todas las frases motivacionales con intenciones optimistas que existen en las redes tienen alguna verdad dentro, pero no debería significar esto la tolerancia sobre la manipulación de un término y su extrapolación a cuestiones más profundas que aquellas que su definición reclama. El psicópata puede ser tan empático como un santo porque su capacidad de leer emociones no está limitada. Empatía no es bondad, ni amor, ni bien.

Goethe. Retratado como si acabara de leer las frases motivacionales de arriba.

Pequeña nota sobre H. Lotze:

Pensador alemán de mitad del siglo XIX, sostiene la conciliación entre mecanicismo y espiritualismo teísta en armonía. En Mikrokosmus defiende la realidad como el resultado de tres cuestiones: leyes universales, realidades captadas por la percepción y plano cósmico (los valores, que unifican conceptos).

Referencias

Colaboradores de Wikipedia. (2016, 18 abril). Friedrich Theodor Vischer. Wikipedia, la enciclopedia libre. https://es.wikipedia.org/wiki/Friedrich_Theodor_Vischer

Cortés, F. (2014, febrero). Dicciomed: Diccionario médico-biológico, histórico y etimológico. dicciomed.usal.es. https://dicciomed.usal.es/palabra/empatia

H. (2001). Etimología de EMPATÍA. etimologías.dechile.net. http://etimologias.dechile.net/?empati.a

MCNBiografias.com. (2010). Lotze, Rudolph Hermann (1817–1881). » MCNBiografias.com. http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=lotze-rudolph-hermann

Wikipedia contributors. (2021, 30 junio). Edward B. Titchener. Wikipedia. https://en.wikipedia.org/wiki/Edward_B._Titchener

Dante Alighieri y la existencia humana

Lepoldo Chiappo, en su artículo «La Existencia Humana (Estudio sobre la Comedia de Dante)», nos comparte sus aportes en el constante ejercicio de como vivir la vida. Pero no lo hace de modo sencillo, es más, algunas de sus afirmaciones son implacables y duras, por otro lado tiene unas tan bellas y esperanzadoras, que uno no puede evitar inclinarse a darle la razón.

En este escrito procuraré recoger las ideas principales del estudio.

Palabras clave: Vida psico-espiritual, plenitud existencial, fracaso existencial, fortunio, Psicología Fundamental.

Leopoldo Chiappo (1924-2010), psicólogo peruano. Fue nuestro primer especialista en Dante Alighieri.

La Divina Comedia es una obra maestra de la literatura cristiana y universal. Más allá de las libertades creativas en cuanto al proceder de la vida más allá de la muerte; y una actitud crítica -y sensata- por parte de Alighieri hacia ciertas autoridades eclesiales de su tiempo; no cabe duda que “Europa no ha visto […] un poeta cristiano más grande que Dante” (Dawson, 2013).

Como decía, la Comedia, como toda obra literaria trascendente, refleja al ser humano, tanto en el tiempo en que fue escrita, así como de manera intemporal. Chiappo buscó amplificar ese alcance, o más bien aclarar el camino para ver todo el panorama dentro de la obra, y por supuesto, partiendo de la perspectiva de la Psicología. Y razón no le faltaba pues Dawson (2013) comenta que el crítico literario Luigi Valli teorizó acerca de un «lenguaje secreto» en la obra de Dante.

«Dante y la Divina Comedia» de Domenico di Michelino

Sin bien menciona que, para entender a la obra plenamente no hay que dejar de lado el espíritu cristiano de la misma. Propone que reflejar las situaciones del poema en la vida de cualquier hombre puede darnos un aporte valioso para el entendimiento del ser humano, mencionando que hay elementos del Infierno, Purgatorio y Paraíso dantianos en la vida que conocemos.

Uno «vive el Infierno» en esta vida cuando se es un fracasado existencial, y no está dispuesto a cambiar. Pero claro, a diferencia del infierno de condena eterna, uno puede liberarse del infierno figurativo. De igual manera, el Purgatorio y el Cielo figurados por Chiappo no son los eternos que pregona el cristianismo católico; sino que son símiles de estos últimos. Y si uno busca mantenerse en el Paraiso de Chiappo, hay que estar en constante trabajo para no perderlo,

¿Qué es un fracasado existencial?

Hablamos del hombre que se ha cerrado al amor, a la belleza y a la justicia. El que abre la boca para soltar envidia, odio y resentimiento, y no tiene la mínima intención de salir de allí. Como ven es un estado radical. Si bien no es irremediable, es muy difícil de liberarse del mismo. Pues es un problema que se clava en la voluntad individual. No hay quien pueda sacar al fracasado de su infierno, sin que el último no ponga de su parte.

Es fracaso existencial es el fracaso esencial y universal del hombre en cuanto hombre (Chiappo, 2013, p. 71). Y no nos referimos a cosas como fracasar en los negocios, en la política, en el trabajo, en el matrimonio, en la vida social, o en cualquier índole que se desarrolle en la vida terrenal. Para Chiappo estos fracasos son particularidades, y hasta accidentales (2013, p. 71). En muchos casos estos pueden deberse a factores fuera del control de uno mismo, no es así con el verdadero fracaso radical del cual seríamos totalmente responsables, ese que te lleva al infierno en la tierra.

¿Cómo es un hombre elevado que logró la plenitud existencial?

Pero también está el otro extremo, tenemos al hombre que vive en plenitud existencial. Este es alguien que, por su apertura, amor, libertad y sentido de justicia se vuelve pleno en la vida psico-espirtual (término propuesto por Chiappo).

Ahora bien, ¿bajo qué medida y en qué escenario uno puede ser un fracasado existencial o un elevado existencial? En la Comedia nos presentan al ángel Fortuna, que se encarga de administrar todo lo que ocurre en el mundo material, se encarga de enviar momentos de bienestar y adversidad. Chiappo traduce esto en términos más seculares, y lo llama destino (2013, p.76). Así es el destino que es el devenir de las cosas, que hace que las cosas ocurran de un modo escrito, pero en el que podemos elegir cómo actuar ante esto. Podrá parecer un contrasentido decir que el destino no tiene todo preestablecido, pero no es así, no hay que caer en determinismos, el libre albedrío de cómo reaccionar ante las pruebas -y ante los placeres terrenales- de la vida es algo tan propio que nada exterior a la persona lo puede manipular.

¿Pero se puede estar abierto a lo bueno y estar contento rodeado de adversidades, sufrimientos, dolores, o miserias? La respuesta es sí. Y así como vemos el Purgatorio en la Comedia donde las almas sufren constantes tormentos, están felices porque tienen la esperanza y la certeza de que todo ello pasará y podrán entrar en la gracia de Dios en el Paraíso, su dolor no es estéril y lo afrontan con una alegría interior. De igual modo en este mundo, cuando los hombres transforman sus infortunios en fortunios (Chiappo, 2013, p. 77) lo hacen apuntando inevitablemente a la plenitud de la existencia. No actúan con la cerrazón voluntaria que infierniza (neologismo de Chiappo) la vida.

¿Cuánto dura todo esto? Toda la vida por supuesto, pero también tenemos una temporalidad aparte de la cronológica donde experimentamos y vivenciamos. Chiappo también pone en juego a la temporalidad existencial, que se mide en base a lo pensado, reflexionado, y aprendido de la experiencia, que se traduce en “sabiduría, prudencia, equilibrio, serenidad, saber del mundo y de la vida” (Chiappo 2013. p. 77). Uno puede estar lleno de experiencias pero no haber aprendido nada de ellas, más bien hay experiencias que te dejan perturbado, inquieto, desubicado y necio cuando no se asimilan con reflexión.

Lo esencial en la temporalidad existencial es la madurez psicoespiritual.

(Chiappo, 2013, p.77)

Chiappo nos anima a crecer en los valores más fundamentales, bondad, paciencia, comprensión, virtud, amor, justicia, entrega de uno mismo y perseguir la belleza; en contraposición a la amargura del carácter, la ira, el resentimiento, y la frustración.

Cuando se da amor, no lo pierdes, este crece y enriquece tanto al que da como al que recibe. En el otro extremo cuando uno es iracundo o violento con otro, tampoco se desprende de la actitud negativa, la conserva y la propaga.

Uno puede amar a Dios, a sus padres, a uno mismo, a su país, a su época, a su ascendencia, a su descendencia, a todo lo bueno y respetable. Así también está la posibilidad de insultar y blasfemar contra todo, pero esto amarga la existencia y nos priva de la capacidad de abrirse a la alegría y de la capacidad de admirarse de lo bueno (Chiappo, 2013, p.80).

A la actitud hostil e iracunda Chiappo le llama voluntad aniquiladora y la identifica con el nihilismo (2013, p. 80). La infiernización de la vida humana consiste en caer espiritualmente frente a la adversidad.

Uno debe potenciar el alma con los recursos espirituales que son el amor, la resistencia, la paciencia, el sacrificio, la benevolencia, la dignidad, la grandeza, la valentía, la responsabilidad, el silencio, el ofrecimiento de uno mismo, e intentar ser constantes en ellos a pesar de la adversidad (e incluso del placer).

Una plenitud existencial consolidada permanece autónoma frente a las alteraciones y vicisitudes y se nutre de su propia riqueza; porque los placeres terrenales, también pueden enceguecer y corromper, pueden quebrar la serenidad del alma tanto como lo hacen las tristezas, el encono y la malignidad.

Psicología Fundamental es el nombre que Chiappo le dio a la psicología que se encargue de estudiar lo abordado y todo lo relacionado a la construcción psico-espiritual para comprender lo relacionado al sentido y la estructura de la existencia humana.

“La calamidad es ocasión de la virtud […] El soldado bisoño con sólo el temor de las heridas se espanta; más el antiguo con audacia, mira su propia sangre, porque sabe que muchas veces después de haberla derramado ha conseguido victoria”.

(Séneca, 2013, p. 23)

Ahora bien, mencioné que un hombre pleno debe tener la capacidad de amar y admirarse además de buscar la belleza, pues bien, ¿Cuál es esa belleza, como amar, como admirarse? Hay que estar preparado, porque de pronto todos tus conocimientos, toda tu supuesta cultura y grandes saberes, se pueden ir abajo, o puedes comunicarlos mal debido al impacto y sobrecogimiento que surge cuando tienes frente a ti a la Belleza. Lo condensaré con lo ocurrido en el pasaje cuando Dante encontró en el Paraíso a su amada Beatriz:

La hermosura que en esos momentos vi en ella, excede todo lo que los hombres podemos imaginar, por lo que yo tengo por cierto que solamente su Hacedor podría comprenderla. Yo me declaro incompetente para describirla, como jamás se sintió autor alguno, cómico o trágico, abrumado por su oficio y su trabajo, pues como con la intensidad del Sol se contrae una pupila débil, así mi mente, que de suyo es lerda, se contrae al recuerdo de su dulce sonrisa […] más ahora me veo forzado a suspender los versos que hablan de su belleza, como el artista que llega al límite de su arte.

(Alighieri, 2010, pp. 222, 223)
Dante, Virgilio y Beatriz como símbolos – LITERATURA MEDIEVAL
Dante contempla al cuerpo glorioso de Beatriz, litografía de Gustavo Doré

¿Qué más podría agregar ante estas estremecedoras líneas? Creo que capturan a la perfección la esencia de lo que es la auténtica belleza, la admiración y el amar. Ocurrió en el Paraíso dantiano, pero también un reflejo resplandeciente de este acontecer puede ocurrir en la tierra, seguro en alguno ocasión lo pudimos vislumbrar.

Referencias

  • Alighieri, D. (2010). El Paraíso. México D.F: Grupo Editorial Tomo, S. A.
  • Chiappo, L. (2013). La existencia humana (Estudio sobre La Comedia de Dante). Revista De Neuro-Psiquiatria, 65(1), 70-85. Disponible en: https://revistas.upch.edu.pe/index.php/RNP/article/view/1509/1537
  • Dawson, C. (2013) La Cultura Literaria en la edad Media. Verduzco, H. (Ed.), Historia de la Cultura Cristiana. México D.F: Fondo de Cultura Económica.
  • Séneca (2013). Los Siete Libros de la Sabiduría. Barcelona: Ediciones Brontes S.L.

“Pandemia”, una oportunidad para el amor romántico


En los actuales días, todo ha cambiado, el tener restringido el contacto físico hacia los demás, a muchas parejas ha afectado, especialmente en un nivel comunicativo, sensitivo y emocional.
En el amor, es muy importante el tacto, el sentirnos, es el receptor más directo, que nos ayuda a sentir la temperatura, la tersura de la piel, la finura, y delicadeza de está. Lo cual nos hace establecer un vínculo emocional con el ser amado. Pero, debemos saber que este no es el único camino para desarrollar el vínculo emocional en pareja. Antes de la pandemia, no estábamos acostumbrados a usar un sentido o dos de manera frecuente, como el oído o la vista; que se usan en una video llamada o llamadas telefónicas, sin embargo, al no poder llevarse a cabo un contacto personal, lo hacemos. Sin embargo ¿Qué tal sí a estos receptores sensoriales (visión, audición) les sacamos ventaja y crecemos en el amor romántico? Pues para empezar bien en uno de los proyectos tan importantes de la vida, como lo es una relación; habrá que ser cuidadosos en el crecimiento de este.


¿Qué es el amor romántico? Se define como un «vínculo apasionado-espiritual-emocional-sexual entre un hombre y una mujer, que refleja una alta estima mutua de su valor como persona» (Branden en Cuetos, 2016, p. 7).


La base principal del amor romántico es la amistad verdadera, porqué de allí nace el conocimiento profundo del ser humano, lo cual ayudará a evitarnos la presión del tedioso y tan utilizado estira y afloja, cuando en temas de conquista y seducción se trata. Además, cuando estamos en el proceso de conquista sabemos que la otra persona nos está evaluando, por ello, la comunicación se hace mucho más rígida y lo que buscamos es que sea distendida y natural, sin presión ni prejuicios, como si habláramos con nuestro mejor amigo. Agregar también que esto será una prueba para saber si aquella está dispuesta a esperar por uno. La paciencia está en la forma de ser. Los seres humanos más analíticos y reflexivos, planifican sus actos con mayor facilidad. Además, según la psicología, la persona que es más paciente, es más consciente de las necesidades de la otra, por lo tanto, son más empáticas. Debemos apreciar esta virtud en el ser amado.

Ilustración 1: pareja en pandemia



Ventajas de usar la tecnología para sembrar la amistad sólida con nuestra pareja:

  • Sembraremos la paciencia, pues uno esperará por el otro. El tiempo de
    espera por la persona querida, nos hará valorarla más.
  • Aprenderemos a oírnos mutuamente, con el fin de comprendernos.
    Usaremos más este sentido y lograremos entender el lenguaje de las
    palabras, pues estas nos muestran el fondo de una persona.
  • Iremos poco a poco conociendo cada detalle que nunca pensamos que
    tendría nuestra pareja. El hablar es terapéutico, sana y descubres
    emociones ocultas.
  • Lo tecnológico, nos llevará a momentos de galantería
    pasada, todo depende de la inventiva de la pareja, pueden escribirse
    cartas virtuales o tener citas por video llamada, son muchas las propuestas donde incentivaremos nuestra creatividad.
  • Fortaleceremos la confianza, pues al no vernos, este será un pilar que
    debemos mantener, si queremos seguir creando el lazo.
  • Se darán vínculos espirituales, si la pareja así lo desea, ya que se disminuirá significativamente el contacto físico, relaciones sexuales o besos.

Tomado de: https://pulso.news.blog/page/50/

Ahora les contaré una historia muy linda sacada de la Biblia: sobre Jacob, que era un joven que trabajó como campesino en las tierras de su tío Labán, donde vio a sus dos hijas: Raquel y Lea, y este se enamoró perdidamente de la última. Jacob le dijo a Labán que trabajaría en su campo siete años por su hija Raquel. Y así lo hizo. Pero cuando llego el tiempo del casamiento, Labán le dijo que debía casarse con Lea porque era costumbre contraer nupcias con la hija mayor primero, y si quería a su hija menor, debía trabajar otros siete años. Entonces Jacob decidió laborar gratis catorce años en total, para tener a su hija Raquel, sin quejarse y por amor, aceptó tal tarea. (Miprimerabiblia, 2020). Ver también 1
Aprendamos de esta historia. Que el amor todo lo espera, todo lo soporta. Si Jacob pudo resistir catorce años para estar con el amor de su vida, nosotros con dos años de pandemia no estamos en nada.

Pintura » El beso» de Chagall



Conclusión:
Debemos aprovechar las adversidades para ser creativos, tener otra
perspectiva de las cosas y sacarle provecho a la tecnología; esta puede ser
nuestra aliada o enemiga, según la usemos. Mientras nos ayude a comunicarnos profundamente con el ser amado, vale la pena intentar.

Referencias:

Cuetos, G. (2016). El amor a lo largo de la historia. XVII Congreso virtual internacional de psiquiatría. Recuperado de : https://psiquiatria.com/trabajos/usr_1299974717.pdf

Miprimerabiblia. (26 de Agosto de 2020). Jacob Trabaja para Labán. Youtube. Obtenido dehttps://www.youtube.com/watch?v=P0nhX2atH7Q.

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1. En tiempos antiguos la endogamia y poligamia estaban permitidas en el pueblo judío y sus ancestros. Así mismo era común que un hombre pudiese tomar a una mujer como esposa a cambio de trabajar para su padre.