Alicia en el diván

«Cuando el día se convierte en la noche y el cielo en el mar, cuando el reloj golpea fuerte y no hay tiempo para el té; y en nuestra hora más oscura, antes de mi rima final, ella volverá a casa al País de las Maravillas y hará retroceder las manecillas del tiempo» – Gato de Cheshire

Dedicado a: Romina L. N. H

Había una vez, una blogger que mientras estaba descansando fue absorbida por un huracán inmenso, y mientras se encontraba girando, cansada de luchar, se dejó llevar, puso algo de música, cerró los ojos, y volvió a Alicia, uno de sus libros surrealistas favoritos en toda la vida, dándose cuenta que el viaje más intenso, a partir de ese momento, era hacia adentro.

No había más tiempo, pensó, y a pesar del cansancio que le causaban tantas vueltas en el huracán, tan solo necesitaba escribir.

Puedes leerla, y pensar que lograrás comprenderla, pero créeme la verdad está entre líneas, las cuales solo aquel que se encuentre en medio de un desastre natural podrá descifrar.

Alicia en el país de las maravillas, será mi metáfora en esta historia, aunque claramente esto no sería posible sin el equilibrio perfecto de Lewis Carroll al mezclar la realidad con la fantasía.

Algunos autores consideran que el capítulo en el que Alicia cae a lo profundo de la madriguera, representa la puerta de ingreso al mundo del subconsciente.

ALICIA

Alicia es una niña – adolescente, a veces lo quiere todo responsabilizando a los demás, otras veces juega a asumir cada uno de sus pasos, vayan hacia adelante, o la hagan retroceder.

Incomprendida por los adultos que congelaron a su niño interior, no escucha consejos, rompe reglas, quiere trascender, ella no vino a este mundo a hacer lo que los demás le dijeran, o a lo que algunos llaman «Cumplir con su destino». Uno de sus mayores temores, es convertirse en adulto, y perder a su niña interior.

Con las emociones a flor de piel, por momentos se llena de tanta tristeza que inunda todo lo que tiene al rededor, incluso a sí misma. Por otros momentos, se llena de alegría, tanto como para sentarse a tomar una taza de té con seres extraños, observando con los ojos grandes, llenos de curiosidad.

Alicia reflexiona sobre las huellas que sus zapatos han ido trazando, y se cuestiona por las figuras que ha dibujado en su camino. No sabe hacia dónde ir, encuentra muchas flechas con direcciones opuestas, y está dispuesta a tomarlas todas al mismo tiempo, no quiere perderse de nada.

El tiempo no es un problema, piensa, si este no era el camino, daré media vuelta. El problema es detenerse, estancarse, por eso no para.

Vive el presente, observa, toca, huele, respira, siente. Cada que se encuentra con una criatura diferente, logra caracterizarla en su mente de una forma tan pintoresca, y a la vez tan clara.

  • Alicia: «No sirve de nada volver a ayer, porque entonces era una persona diferente», «¿Quién en el mundo soy yo? Ah, ese es el gran rompecabezas».

Curiosa, ingenua, atrevida, suspicaz, de silueta blanca y negra, dicotómica, o lo tiene todo, o no quiere nada. Niña, caprichosa, sabia, niña feliz, niña triste, niña que se pierde, niña que se encuentra. Adolescente que busca el equilibrio, y que desea vivir en justicia.

De pronto el mundo adulto se abre de un portazo frente a ella, entonces Alicia cierra los ojos un momento, y cae por la madriguera, iniciando una aventura que mezcla la fantasía y el sin sentido.

Los dilemas de Alicia podrían ser representados por el «Yo». Acorde a Freud, el «Yo» se remonta a la infancia, y hace referencia a todo aquel aspecto que sea moralmente correcto, bien visto socialmente y que de alguna manera ayude a la persona a controlar el ello con acciones bien vistas, además de servir como escudo y defensa al ambiente en el cual estamos expuestos. Sabater (2017).

CONEJO BLANCO

La aparición de este personaje retrata en milésimas de segundos, su personalidad. Estricto, parametrado, de orejas largas pero pobre escucha. Trae un reloj consigo todo el tiempo, mientras repite: «Es tarde ya….»

El conejo del reloj grande se encuentra fijado en el tiempo, sin embargo, vive en el futuro, y ha olvidado el hoy.

Conejo blanco, paranoico, obsesivo, desconfiado, sensato, responsable, personaje que a pesar de traer el reloj, intervino como una estrella fugaz en las reflexiones de Alicia. En una de estas pocas interacciones con Alicia, el conejo blanco, le responde de la siguiente manera:

  • Alicia: «Cuánto tiempo es para siempre?»
  • Conejo blanco: «A veces, un segundo».

Señor conejo, por momentos tan preciso con el tiempo, por otros momentos, tan atemporal. El temor de llegar tarde, aunque no comprendemos a dónde va con tanta prisa, nos llena de angustia, y mientras leemos el cuento, los fieles seguidores, realmente llegamos a desear con todo el corazón que llegue a tiempo.

  • Conejo blanco: «¡Llego tarde, llego tarde! ¡Para una cita muy importante! No hay tiempo para decir «hola, adiós», ¡llego tarde, llego tarde, llego tarde!». 

El Conejo blanco podría representar el «Superyó». El cuál es descrito por Freud, como aquel comportamiento heredado por una serie de reglas, generadas por el contexto sociocultural en donde crecemos, asimismo, este cumple las funciones de ser la contraparte del ello, dado que esta faceta lo que busca es velar por un cumplimiento óptimo de las normas y tener un
estricto seguimiento de la moral. Sabater (2017).

GATO DE CHESIRE

Uno de mis personajes favoritos, el gato visible – invisible, siempre sonriente (Aun cuando no se le ve, se puede escuchar- leer su risa).

El gato de Chesire es como un truco de magia, aparece para confundirte y desaparece para hacerlo aún más. Se desintegra de a pocos mostrando partes de su cuerpo de forma aislada, cada que quiere, aunque otras veces lo puede hacer de golpe. Impredecible, impulsivo, de colores, transparente.

Sus respuestas son encrucijadas, como su sonrisa en plena oscuridad. Vive el hoy, sin importar el mañana.

  • Gato de Chesire: «Siempre llegarás a alguna parte si caminas lo suficiente», «¿Cómo huyes de lo que hay dentro de tu cabeza?», «La imaginación es la única arma en la guerra con la realidad», «Si vas a llegar a la cima, agarra esta roca, y agárrate a ti mismo», «Qué bien te ves cuando te vistes de furia. Tus enemigos son afortunados de que tu condición no sea permanente. Tú también tienes suerte. Los ojos rojos le sientan bien a tan pocos», «Bueno, algunos van por aquí y otros por allá. Pero en cuanto a mí, personalmente, prefiero el atajo».

El gato de Chesire podría representar el «Ello». El cuál es descrito por Freud, como todo aquello que se basa en los rasgos de conducta primitiva, ya que se rige por la búsqueda de obtener placer inmediato, causante de la conducta en los primeros años de vida, y siendo la causa de lucha interna dado que es raíz de nuestra esencia y esta se encuentra presente a lo largo de nuestra existencia. Sabater (2017).


«Cuando hayas entendido esta escritura, tírala. Si no puedes entender esta escritura, tírala. Insisto en tu libertad.» – Gato de Cheshire 😉


REFERENCIAS:

Carroll, Lewis. Alicia en el país de las maravillas. Dautremer, Rebecca (il.). 2ªed. Madrid: Edelvives, 2011. 137 p. ISBN: 978-84-263-7969-6

Sabater, V. (2017). La teoría del inconsciente según Sigmund Freud. Obtenido de: La teoría del inconsciente según Sigmund Freud: https://lamenteesmaravillosa.com/teoriainconsciente-segun-sigmund-freud

Maria Alejandra Muñoz Muñoz

Directora Consultora Warayana Psicóloga Clínica

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