Influencia Social: Es el esfuerzo realizado por uno o más individuos para cambiar las actitudes, creencias, percepciones y comportamientos de una o más personas. Se estudian de grupo a uno, y posteriormente de uno a un grupo. Se da una situación de presión de grupo.
Normas explícitas: Son normas detalladas de forma clara. Por ejemplo:
Los gobiernos funcionan generalmente a través de reglas escritas en las leyes.
Las competencias atléticas usualmente se encuentran reguladas a través de reglas escritas.
Las señales en muchos lugares públicos, las cuales describen el comportamiento esperado como en límite de velocidad. Por ejemplo, “No rebasar”, “No pisar”, etc.
Normas implícitas o tácitas: Muchos de nosotros obedecemos a reglas que se sobreentienden y no están escritas, tales como:
“No te acerques mucho a los desconocidos”.
“No llegues puntual a las fiestas”.
Independientemente si las normas sociales son implícitas o explícitas, un factor es claro: La mayoría de la gente las obedece la mayor parte del tiempo. Por ejemplo, pocas personas visitan restaurantes sin dejar propina al camarero; y todos, independientemente de las creencias políticas, se ponen en pie cuando oyen el himno nacional de su país en los eventos deportivos o en encuentros públicos.
¿Qué es la actitud?
Una actitud es una reacción favorable o desfavorable ante algunas situaciones. Es la respuesta evaluativa del mundo que nos rodea, porque evaluamos de forma positiva o negativa a determinadas cosas o situaciones del entorno. La actitud es aprendida según la mayoría y no innata. Por ejemplo, la actitud de rechazo a quien tiene una preferencia sexual que no concuerda con tus ideas.
Tiene 3 componentes relacionados entre sí. Lo que yo pienso influye en lo que yo siento y en lo que hago
1. Afectivo o emocional – > sentir.
2. Comportamental o conductual -> hacer.
3. Cognitivo -> pensar.
Ejemplo:
Actitud de rechazo a la carne roja
1. Componente emocional: Siento que tuvo vida, y que es como comer un cadáver.
2. Componente conductual: Tratar de no comerla.
3. Componente cognitivo: Cuando la como, pienso que no soy parte de la solución.
Teoría de las atribuciones
La atribución es el proceso de inferir las causas de los acontecimientos o comportamientos. El psicólogo austriaco Fritz Heider, padre de la teoría de la atribución, la definió como un método para evaluar cómo la gente explica el origen de su propio comportamiento y el de los demás. Así lo menciona Heider (1958, en del Valle, 2013): “Nuestras conductas están determinadas por la forma en que percibimos los hechos y no por el modo en que ellos realmente ocurren” (p. 56).
Es así que, nuestros juicios hacia la gente dependen de la forma en que explicamos su comportamiento, esto en relación a la perspectiva que tengamos de la persona o de la situación. En cuanto a eso, podemos dividir tres aspectos derivados de la teoría de las atribuciones:
1. Por cómo se ve alguien.
2. Señales no verbales.
3. Conducta manifiesta.
El error de atribución
Esto se relaciona a la atribución equivocada o desproporcionada de cualidades o defectos hacia una persona. Bargh y Raymond (1995, en Myers y Twenge, 2019) nos dicen: “Un gerente puede malinterpretar el comportamiento sumiso o amistoso de una subordinada y, en un arranque de engreimiento, considerar su actitud en términos sexuales” (p. 80). Entonces, es frecuente que subestimemos el efecto de la situación y que sobreestimemos el grado al que refleja los rasgos y actitudes del individuo. Por ejemplo, al ver a un actor o actriz que representa el papel de héroe o villano, nos es difícil deshacernos de la ilusión de que la conducta descrita en el guión refleja la parte interna de la persona.
¿Por qué cometemos el error de atribución?
En principio el ser humano se rige por su contexto o el ambiente que lo rodea, como grupos sociales cercanos como la familia, la escuela, el trabajo, entre otros. Por lo que, existe una influencia social y cultural en los razonamientos y juicios que hacemos, en relación a otras personas o situaciones.
Diferencias importantes
Estereotipos: Es la idea simplificada, una imagen mental o una categoría en la cual ubicamos a las personas, en relación a su aspecto físico, intereses, ocupación, sexo, raza, etc. Se forman desde la infancia, con nuestro entorno familiar, de nuestros padres, de nuestros modelos, etc. Los estereotipos contribuyen a organizar nuestro mundo, como los esquemas a estudiar a las personas para encajarlas en una idea, aunque pueden hacernos caer en ciertos errores.
Prejuicios: El afecto negativo que se asocia a individuos, y que se basa en su pertenencia a un grupo o categoría.
Discriminación: Trato diferencial que se da a las personas por su pertenencia a una categoría social determinada.
Pero, ¿debido a qué emitimos juicios de valor? Los emitimos debido a las ideas o pensamientos que nos hacemos de alguien o de un contexto. Estas representaciones mentales o simbólicas se llaman esquemas y son estructuras cognitivas que tenemos y que se van guardando en nuestra memoria desde pequeños. Es decir, son estímulos independientes que la persona agrupa y les da un significado. Por ejemplo, una mamá con un bebé en brazos es igual a la idea de familia. Se forman por el conocimiento de nuestro entorno.
Funciones de los esquemas
Clasificar el mundo de acuerdo a características de las personas, formas, estilos, etc. Nos ayuda a sobrevivir.
Inferencia de características, respecto al esquema mental que le adjudiquemos
Interpretar personas y situaciones. Por ejemplo: Que una profesora se vea feliz en clases, pero, en realidad, está triste porque su hija se fue de viaje.
Comunicándonos, atribuyendo características. Por ejemplo: “Acaba de pasar un hincha del Melgar”.
Tipos de esquemas
Esquemas de personas – individualizado – mejor amigo.
Esquemas de roles – médico.
Scripts, guiones o sucesos – situación – la previa (lo que significa para un grupo de personas algo).
Esquema del yo, conocimiento de uno mismo.
Persuasión
Es el esfuerzo que hacemos para cambiar las actitudes de los otros a través del uso de diferentes técnicas. Se debe diferenciar de la manipulación, que es cuando hay un interés personal.
Enfoque tradicional: Es la forma en cómo se dice, quién lo dice, y qué dice, de acuerdo al efecto que se quiere obtener. La fuente del pensamiento; la estructura del mensaje; el medio de transmisión; la audiencia o los receptores del mensaje.
Enfoque cognitivo: Es el fondo, es decir qué piensan las personas cuando están expuestas a mensajes persuasivos y cómo estos pensamientos determinan un cambio de actitud.
Proceso de ruta mental: Cuando soy más analítico, voy a buscar más información, a partir de la experiencia, etc.
Proceso heurístico o ruta periférica: Se da en respuesta a señales que tienen que ver con la experiencia o estatus de los persuasores etc.
También influye el grado de motivación, para que la información dada pueda cambiar en algo su pensamiento, y el nivel de inteligencia o preparación, porque será más difícil dejarse convencer al ser más analíticos. Entonces, a mayor necesidad, mayor motivación. Si alguien me ofrece algo que yo necesito, mi motivación será mayor.
Resistencia a la persuasión: A mayor preparación que tenga la persona, será más difícil de persuadir. Aquí podemos observar tres elementos.
1.Reactancia: Es cuando la persuasión es tan fuerte al ser muy insistente, que siento que quieren imponerme sus ideas, por lo que yo desarrollo la reactancia, es decir, me resisto porque mi libertad se está viendo afectada.
2. Advertencia: Es cuando veo que alguien se dirige a mí para decirme algo porque lo veo preparado, con su ropa, instrumentos, etc. Entonces lo que hago es alejarme porque sé que me va a ofrecer algo.
3. La evitación selectiva: Es cuando hacemos una ruta que evite algo que no queremos comprar.
Otros conceptos sociales
Condescendencia: Es la adaptación y acomodo a los gustos, apetencias y costumbres ajenas por benevolencia o indolencia. Es decir, tener la capacidad de adaptarse a la voluntad de otra persona y demostrar flexibilidad.
Obediencia: Es una forma de influencia social en la cual, una persona ordena a otra u otras hacer algo, y ella o ellas lo hacen. Es la forma más directa de influencia social.
Finalmente, creo que todo depende de tu perspectiva del mundo, de cómo veas las cosas que te suceden. Es decir, de tener una actitud positiva, aprovechando las ocasiones que tienes, pensando en tu presente, más que en el pasado que no puedes cambiar; en el futuro que aún es incierto; y en dejar de pensar que nada bueno te va a suceder. Pon atención a tu alrededor y a las oportunidades que se te presentan. Otro factor determinante es el miedo a veces sentimos a lo nuevo o a “la aventura de la vida” como dicen muchas personas. Está bien quedarse en nuestra zona de confort, pero hay que tratar de salir de vez en cuando. Nos podemos estar perdiendo de mucho, y de grandes sorpresas que la vida nos tiene preparadas.
Fuentes bibliográficas
Del Valle Leo, María ATRIBUCIONES CAUSALES Y APRENDIZAJE MATEMÁTICO. Atenas, vol. 1, núm. 21, 2013, pp. 54-69 Universidad de Matanzas Camilo Cienfuegos Matanzas, Cuba. https://www.redalyc.org/pdf/4780/478048957004.pdf
Myers, D. y Twenge, M. (2019). Psicología Social. (13.° ed.). Ciudad de México: Editorial: Mcgraw-Hill.
“¡Así es todo y así somos todos en la vida: un poco ridículos y un poco genios, un poco bestias y, a la vez, cachorros de arcángel!»
José Ortega y Gasset (1957)
La persona va formándose en su paso por el mundo, nosotros somos un constante devenir. En busca de nuestro desarrollo personal que consiste en crecer en virtud, cultivarse en valores, buscar nuestro bien y el de los demás (dentro de nuestras posibilidades), desafortunadamente nos toparemos con muchos momentos en los que tropezaremos o veremos cómo tropiezan los demás. La violencia es una de las piedras con las que más ha tropezado el ser humano a lo largo de la historia.
Evidentemente a violencia se puede manifestar de muchas maneras, desde las bromas crueles, hasta los genocidios que en más de una ocasión se dieron en nuestra historia. Si me lo preguntan, yo diría que la violencia puede estar acompañada de la estupidez, en más ocasiones que de la maldad, y por supuesto, tampoco son pocas las veces en que las tres estén juntas simultáneamente. En efecto, la violencia ocurre se puede desatar en las personas más necias así como en las mentes más astutas pero maquiavélicas.
Entre otras cuestiones que se ocupan del hecho de saber por qué tenemos conductas violentas (y conductas malvadas en general), está la reflexión acerca de si nuestra bondad es innata, o si por el contrario lo es la maldad. Religiones como el Cristianismo católico o el Bushido (el código Samurái) afirman que nuestra bondad es innata y que la maldad es una inclinación viciosa que no está en nuestra esencia. Por otro lado, filósofos como Immanuel Kant o Arthur Schopenhauer piensan que nosotros somos malos por naturaleza (pero ambos explican, a su manera, que no debemos quedarnos en el mal). Ciertamente, se puede decir que hay un consenso general, el cual es que hay una lucha entre el bien y el mal constante
Denegri (2012) sostiene que con la invención de las armas, el ser humano se ha podido desensibilizar de todo el conflicto emocional que implica la violencia. Antes de ellas el hombre atacaba con su propias manos; después, con un palo o piedra pudo distanciarse un poco; con las armas de fuego la violencia a sangre fría se hizo mucho más sencilla de perpetrar; y ni se diga con los grandes avances en la tecnología bélica que permitieron matar a miles de personas, a miles de kilómetros de distancia, y hacerlo sin reparo emocional alguno, tan solo con “apretar un botón”. Las armas facilitaron al hombre su ejercicio en la violencia fatal
«Apretar el botón», en sentido figurado, representa el poder inmediato que se tiene para hacer algo.
Ante esta situación y escenario lúgubre ¿Qué debemos hacer? Pues seguir obrando acorde a nuestro libre albedrío y educando nuestra voluntad. Si bien estaremos inclinados al mal, debido a nuestra concupiscencia (que es el deseo de bienes materiales o terrenos) no significa que no podamos controlarla y moderarla. Regresemos a esa figura tan llamativa de Ortega y Gasset que dice que somos medio bestias, pero cachorros de arcángeles a fin de cuentas. Siguiendo este simbolismo, podemos decir que, a pesar de que el mal estará presente en nosotros, también lo está la bondad, y más aún, que venimos de esta. El mal nos invade, pero no venimos de este, nosotros pertenecemos desde nuestro origen como especie, al bien.
Todos los seres humanos tenemos la oportunidad de reconciliarnos en el amor. Estamos llamados a tenerlo y darlo, porque repartir amor nunca te dejará sin amor; cuando uno reparte balazos la munición se acaba, cuando uno reparte dinero -aún por fines nobles- inevitablemente se va agotando. Dicho esto, podemos afirmar sin temor alguno que lo más valioso a cultivar es el amor, de hacerlo correctamente su cosecha será abundante, tanto para nosotros mismos como para todos los que sean alcanzados por él.
Ante la preponderancia de la violencia malvada y estúpida en el mundo, le hace frente el amor. Que si bien puede pasar por desapercibido en muchas ocasiones; donde sea que esté, dejará huella y su obra no perecerá. Midamos el amor por su calidad primero, luego observaremos que puede llegar a una cantidad inagotable.
Como decía Eric Fromm (1966):
No hay razón para maravillarse de que la historia muestre tanta crueldad y destrucción. Si hay algo que nos puede sorprender —y alentar— es el hecho de que la raza humana, a pesar de lo acontecido, ha mantenido —y desarrollado— aquellas cualidades de dignidad, valor, decencia y bondad que observamos en todo el curso de la historia, y actualmente, en innumerables individuos.
La violencia seguirá presente en lo que le queda a la humanidad en este mundo, pero de igual manera lo hará el amor y por más discreto que este último sea, es precisamente el que se encarga de que la especie humana no se destruya a sí misma de una vez por todas, sino que la reconforta y eleva.
Referencias
Denegri, M. A. (2012). Normalidad y Anormalidad, y el Asesino Desorganizado. Lima: Fondo Editorial de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega.
Fromm, E. (1966). El miedo a la libertad. Buenos Aires: Editorial Paidós.
Ortega, J. (1957). Meditación del pueblo joven.
Si deseas saber más sobre el amor desde la Psicología, te recomiendo leer este artículo que escribí tiempo atrás.
Brasil 16 de marzo del presente 2020, un solo un día después de que nuestro presidente diera por iniciada la medida de “aislamiento social obligatorio” o también conocido por el popular termino de “la cuarentena”: Un peruano, como cualquiera de nosotros, llamado Gerardo Jesús Salgado se enteró que su vuelo de regreso había sido cancelado y al solicitar ayuda en el consulado de Perú en Rio de Janeiro fue notificado que todos los viajes de retorno tenían que ser pospuestos temporalmente. En ese mismo día la organización de periodismo Convoca.pe (2020) daba a conocer una situación similar en al menos 160 compatriotas varados en el país Carioca.
Ilustración 1: Fotografía de peruanos en el Aeropuerto de Río de Janeiro, Brasil. Fuente: Vía Twitter, https://twitter.com/#PeruanosVaradosEnBrasil
Como se puede observar en la Ilustración pese a estar en una de las pandemias más grandes los últimos tiempos, algunos de los viajeros varados, ahora manifestantes, vulneraban algunos protocolos de seguridad como el metro de distancia y el uso de mascarilla en favor de organizar una denuncia por redes sociales, especialmente por Twitter (#PeruanosVaradosEnBrasil). Manifestación que no fue en vano pues días más tarde, el 20 de marzo, la misma agencia de noticias Convoca.pe (2020) daba a conocer que el gobierno peruano llegó a un acuerdo con tres aerolíneas brasileñas para que nuestros similares puedan abordar vuelos gratuitos y poder así ser repatriados. Se había logrado el objetivo, pero, algunos riesgos tuvieron que ser tomados.
Y es que no solo se trataba de los 160 pasajeros varados en Brasil aquel 16 de marzo. El Ministerio de Relaciones Exteriores informó que a mediados de junio 17 mil compatriotas lograron regresar a Perú y otros 12 mil se encontraban esperando el viaje de retorno. (Convoca.pe, 2020). ¿Por qué no aguardar la cuarentena en el país extranjero donde radican? Claro, la gran mayoría de estas 17 mil personas seguramente se trataban de simples viajeros temporales que se habían visto sorprendidos por medidas de aislamiento mientras vacacionaban o en algún viaje de negocios, por lo que querer regresar era la opción más lógica. Pero, ¿y el resto de personas?
Ilustración 2: Fotografía de una de una compatriota en el Aeropuerto de Río de Janeiro. Fuente: Vía Twitter, https://twitter.com/#PeruanosVaradosEnBrasil
Queremos exponer la situación de aquellos compatriotas que no llevaban unos pocos días en tierras extranjeras, hablar de los peruanos que radicaban en otros países en calidad de trabajadores permanentes o estudiantes universitarios, personas que pese a ya haberse establecido algún tiempo atrás y tener una vida hecha en un país foráneo, vieron en la suspensión de sus trabajos o de sus clases la oportunidad de regresar a la patria que los vio nacer, proceso que por cierto no era nada sencillo. El emigrante peruano que quería regresar a nuestro país debía emprender un viaje ya de por si arriesgado por una posible exposición al Covid-19, seguido de esto era preciso aguardar un periodo de cuarentena en alguno de los hospedajes habilitados por el Ministerio de Comercio Exterior y Turismo. Todo ello con la premisa del retorno a casa. Al oír todo esto uno no puede evitar recordar el poema épico de la Odisea, atribuida al poeta griego Homero, en el que se narran la travesía y desventuras de Odiseo, también llamado Ulises, por regresar a su isla natal, Ítaca.
Y es que incluso, muchas de las condiciones que experimentaban las personas migrantes en las épocas “pre-covid” eran tan adversas que no tenían nada que envidiar a las trágicas peripecias del héroe griego antes mencionado. Vivir en otro país nos puede poner a prueba más de lo que normalmente se piensa. En una situación crítica el migrante puede desarrollar un tipo de estrés crónico y múltiple, un estado que en Psicología se denomina como “Síndrome de Ulises”.
Ilustración 3: Pintura al óleo, «La balsa de la Medusa (Le Radeau de la Méduse)» Fuente: Theódore Géricault (1819).
Joseba Achotegui, psiquiatra español acuñador del término, denominó de esta manera al duelo psicológico que sufren las personas migrantes al abandonar su país de origen para pasar a vivir permanentemente en un país extranjero. Migrar no es algo ajeno a nosotros, es una actividad que nos ha acompañado desde los albores de nuestra existencia como especie humana, sin embargo, el acto de adaptarse a un nuevo contexto es complejo y esta relacionado a condiciones y estresores que trataremos más adelante.
El síndrome de Ulises no es una enfermedad por sí mismo, es importante resaltar que este síndrome hace referencia a la patología de la situación en la que se encuentran las personas migrantes. J. Achotegui (2009) realiza una comparación parecida a la siguiente: Si de repente la temperatura del ambiente en el que te encuentras se elevaría hasta quedarse en al menos unos 40 grados centígrados ¿No sería lo normal experimentar cambios en nuestro cuerpo? Como mareos, calambres, incluso tal vez suscitar desmayos por descompensación ¿Nos encontramos enfermos por sufrir estos síntomas? Claro que no. Tan solo debemos salir de ese ambiente tan cálido, para progresivamente recuperar el equilibrio corporal. Es por eso que el Síndrome de Ulises debería de trabajarse principalmente desde el área de prevención de la salud mental más que como una enfermedad que necesita intervención clínica. El trabajo debe ser multidisciplinario no es una tarea exclusiva de los psicólogos, involucra también a trabajadores sociales, enfermeros, y demás profesionales asistenciales.
El Síndrome de Ulises o también llamado “Duelo del migrante” se puede distinguir del concepto tradicional de duelo (asociado a la muerte de algún familiar o una perdida semejante) debido a que el duelo que experimenta la persona es: Parcial, el país de origen no desaparece, los peruanos en Brasil o en otras locaciones del mundo aún pueden entrar en contacto con nuestra patria a través de expresiones culturales como la música, cine noticias y demás. Este duelo también es Recurrente, justamente el proceso de entrar en contacto con la patria puede reavivar consciente o inconscientemente el anhelo por querer volver. Sumado a esto es Múltiple, ya que ninguna perdida de un ser querido provocara tantos cambios para la persona como la migración. Mas aún si el destino a arribar es distante o la cultura muy diferente.
Ilustración 4: Fotografía del Dr. Joseba Achotegui, acuñador del termino «Síndrome de Ulises» Fuente: Universidad de Barcelona
También
se debe reconocer que cada persona afronta el proceso adaptativo de diferente
manera y que el acto de migrar como casi cualquier actividad tiene pros y
contras para el viajero. Es por eso que el autor anteriormente nombrado, J.
Achotegui, distingue los distintos tipos de duelo migratorio de las siguientes
maneras:
Simple, en el que el proceso adaptativo se da en condiciones favorables, la persona cuenta con los recursos monetarios y personales (capacidad de resiliencia, contar con redes de apoyo, conocimiento del idioma, entre otros) suficientes para desenvolverse en el nuevo país, por ende, su adaptación es sencilla de llevar.
Complicado, el migrante encuentra un problema o dos que entorpecen su proceso adaptativo pudiendo ser: La barrera del idioma, el desconocimiento del idioma nativo dificulta enormemente un natural desenvolvimiento. También podría ser que el individuo extrañé en demasía a los familiares y amigos que ha dejado atrás, así como a su tierra natal y todas sus expresiones culturales (música, comida, las ceremonias tradicionales, etc.) Aunque estos problemas pueden provocar episodios de congoja o algún otro problema de somatización (convertir un malestar psicológico en un síntoma físico), estos por si solos no imposibilitan el proceso adaptativo, tan solo lo complican.
Extremo, se da cuando la persona es víctima de ataques racistas en el nuevo país en el que radica, es posible que el sujeto no cuente con recursos monetarios por lo que ahora tenga que vivir como un refugiado o deba desempeñar trabajos muy arriesgados para solventarse, en suma, todos aquellos estresores que no solo ponen en riesgo el proceso adaptativo, sino que también exponen la salud o la vida del migrante (en los casos más extremos). Hablamos de pacientes en situaciones excepcionales que requieren atención profesional.
Ilustración 5: Fotografía de uno de los carteles de la manifestación. Fuente: Página Web Convoca.pe (2020).
1. Los Estresores de la Migración
Achoategui (2009) el ya antes mencionado autor. Habla de estresores presentes en los 7 duelos producidos por la migración. El termino estresor hace referencia a las circunstancias que afectan a las personas después de emigrar. Las dificultades que ha afrontado en su nuevo espacio vital, y son:
1.1 Familia y Amigos: El más notorio, la ausencia de los seres queridos produce episodios de congoja dentro de la persona, incluso la comunicación por medios y/o redes sociales, no hacen sino avivar la melancolía del viajero. Sentimiento que no es exclusivo de las personas que viajan. Las personas que se han dejado atrás en este proceso también desarrollan sentimientos frente al ahora ausente miembro familiar o amical.
1.2 Lengua: El idioma es un aspecto importante a tomar en cuenta, el desconocimiento parcial o total de la lengua del país es causa de incontables problemas para un viajero. En el caso presentado al comienzo de este articulo por ejemplo, pese a que el español y portugués desciendan del latín antiguo, son idiomas que obedecen a reglas de gramática y pronunciación totalmente diferentes. Sin tener que ir más lejos, nosotros mismos somos testigos de que una mala pronunciación, el uso de muletillas o el denominado “mote” puede ser causa de burla, rechazo o discriminación a la persona, entorpeciendo el proceso de adaptación del individuo.
Ilustración 6; Pintura al óleo, «La Utopía del Lenguaje Universal» Fuente: Vassily Kandinsky (1913).
1.3 Cultura: Las costumbres, maneras y expresiones de una sociedad la distinguen del resto. Incluso dentro de comunidades aledañas existen pequeñas diferencias, se dice que cada persona es diferente, por lo que no es utópico pensar que su sociedad también lo sea. Elevándose estas distinciones aun mas en las escalas de países y sus denotaciones culturales: La samba tropical brasileña dista bastante de la melancolía de un huayno peruano, la dulzura de una Caipirinha de la tozudez de un Pisco norteño, podrían establecerse comparaciones así en cada aspecto pequeño de cultura que, aunque puedan parecer minúsculos, un migrante es capaz de resentirlos consciente o inconscientemente.
1.4 Estatus Social: O también conocido como la percepción que la sociedad tiene de la persona. Es muy diferente el trato que recibe un migrante legal de uno ilegal. Y este puede resentir la pérdida del estatus que poseía en su país de origen frente al que recibe ahora, lo que agravaría el duelo en la persona. Es importante considerar el dinero como un factor determinante en este apartado, los recursos monetarios facilitan el ingreso y costear la vivencia de una persona en cualquier país. Y su ausencia, dificultaría enormemente el proceso adaptativo, como bien resume el dicho popular: “El pobre es extranjero hasta en su propia tierra”.
1.5 Grupo Étnico: Todas las creencias erróneas a las que puede verse expuesta la persona migrante debido a su lugar de origen, pertenecer a un determinado grupo étnico o causas parecidas. El migrante incluso puede llegar a ser víctima de ataques que atenten contra su vida debido a la xenofobia presente en el nuevo lugar que ahora reside. Es algo desconcertante tener que hablar de racismo en pleno 2020. pero noticias como la de George Floyd en mayo del presente año, no hacen sino demostrar como las personas estamos tendientes a la segregación con nuestros semejantes. Ojala y pueda llegar el día en el que los seres podamos aprender el sencillo arte de vivir como hermanos, idea que tan bien expresó Martin Luther King (1963).
Ilustración 7: Fotografía de una mujer mirando una pintura de George Floyd en una pared. Fuente: AFP, TVN noticias. (2020).
1.6 Integridad Física: Involucra el posible miedo recurrente de la persona a ser detenido y las represalias que puede sufrir por su calidad de indocumentado, el individuo también es proclive a trabajar en actividades demasiado riesgosas que requieren que exponga su salud, o el tener su domicilio en barrios o lugares con altos índices de delincuencia, como los jóvenes peruanos en Rio de Janeiro que residen en favelas como Vidigal o “favela cool”, lugar conocido por albergar estudiantes que no pueden costear una residencia en otros espacios más seguros. En esta favela el mayor peligro al que se exponen los habitantes no es a ser víctima de un robo, ya que los capos brasileños tienen prohibida esta actividad dentro sus territorios porque ahuyenta a los turistas interesados en consumir sus sustancias narcóticas, en cambio el mayor peligro allá es morir por una bala perdida en una trifulca entre bandas rivales que se disputan el territorio o por enfrentamientos entre los narcotraficantes y la policía.
Y claro en estas épocas en los que escuchar cifras de contagios y decesos son el pan de cada día, y que el permanecer en casa es un privilegio destinado para algunos. Los migrantes en Brasil, lugar que actualmente ya ha superado los 132 mil muertos y más de 4 millones de contagios (Rpp.pe, 2020.), seguramente han de estar viviendo con la preocupación constante de que posiblemente ellos puedan ser parte de alguna de esas estadísticas.
1.7 Tierra: Tal vez el estresor que más difícil sea de entender. Pongámoslo de esta manera. Un habitante de la región Puna de los Andes Peruanos occidentales, más de 4000 msnm, seguramente encontrara difícil poder acostumbrarse, al menos durante los primeros días, al ambiente tropical, cálido y húmedo que predomina en Brasil. Y no solamente el clima, incluso las tonalidades verdes propias de la flora brasileña le resultaran ajenas frente a sus acostumbrados paisajes llenos de festuca y pajonales andinos, y las especies de animales exóticos del trópico brasileño distaran de los camélidos sudamericanos propios de su región.
Hemos escrito remarcando las diferencias entre Perú y Brasil en aspectos que Joseba Achoategui considera relevantes en el estudio del Síndrome de Ulises, solo con la intensión de relacionar el articulo con el caso presentado al principio, no porque sea un caso exclusivo entre migrantes peruanos de Brasil. Ya que de esta misma manera se puede llegar a hacer un análisis y establecer las mismas comparativas con los migrantes de cualquier nacionalidad en un país ajeno al suyo.
Para finalizar este articulo quisiera terminar parafraseando una reflexión del autor antes mencionado sobre los migrantes: “Si para sobrevivir se ha de ser nadie, se ha de ser permanentemente invisible, no habrá identidad, ni autoestima, ni integración social y así tampoco puede haber salud mental.” (Joseba, A., 2009, p.9) La pongo textualmente ya que no creo poder expresar mejor la importancia y esencia de este tema, definitivamente J. Achoategui es una eminencia en el tema y los exhorto a leer alguno de sus trabajos que se pueden encontrar en línea.
Ilustración 8: Busto de Ulises en el Museo Baticano. Fuente: Página Web Flickr (2006).
No es mi intención dar a entender que todos los 160 pasajeros de ese vuelo, ni los otros 15 mil peruanos que regresaron de países extranjeros han sufrido un episodio de este Síndrome lo suficientemente fuerte que los haya obligado a retornar al Perú, ya que seguramente sin esta pandemia, estas personas seguirían viviendo en el extranjero desempeñándose como estudiantes o trabajadores viviendo el día a día como cualquier persona de bien en este vasto mundo.
No obstante, también es posible afirmar que casi la entera totalidad de estos y todos los migrantes, han experimentado en mayor o menor medida los estresores y los duelos explicados anteriormente. Y tal vez, haya algunos que sufrieron la misma congoja que Odiseo, quien sentado en una roca y mientras contemplaba el infinito mar lloraba ante la imposibilidad de regresar a su amada Ítaca. Ahora usted sabe que no es solamente fantasía escrita por Homero, es algo que nos concierne como ciencia. Se trata del duelo de los migrantes, se trata del Síndrome de Ulises.
Referencias:
Achotegui, J. (2009). Migración y salud mental. El síndrome del inmigrante con estrés crónico múltiple (síndrome de Ulises). Recuperado de: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=3119470