Psicología paliativa y la negativa del dolor: Parte III

«Protégeme de lo que quiero»

-Jenny Holzer-

Al estar solos, ¿Cómo afrontamos el dolor? Aún más en este contexto: La pandemia, es el reflejo de una sociedad de supervivencia. Cuanto más se reduce la vida a esta supervivencia, más se teme a morir.

ALGOFOBIA: MÁS QUE UNA FOBIA

La pandemia ha hecho nuevamente visible a la muerte, que tanto deseábamos reprimir, la muerte ha vuelto a dominar la vida.

La cuarentena se convierte en un campo de internamiento. Ya desde antes de la pandemia, la vida era un proceso biológico desnudo. Sin dimensiones metafísica, sin narrativa, sin rituales.

La algofobia podría haber ocasionado al azar una sensación de dolor con otro estímulo que no es positivo, también, podría haber aparecido como consecuencia de este trauma vicario e internalizado, de dolor incontrolable o demasiado intensos.

Otra esfera de este padecer, es que las fobias podrían heredarse, refiriéndose a que podría padecerlas por observación, ya sea por un proceso de condicionamiento modelado o vicario.

Adicionalmente, por transmisión de información podría originarse la algofobia, en estos casos, son terceras personas quienes aportarían al desarrollo de la algofobia, quiere decir, una tercera persona manifiesta experiencias de dolor y síntomas de su enfermedad a otra persona, y ésta acabaría evolucionando la fobia, esta es nuestra realidad; doliente y angustiosa en donde caemos en la desesperanza aplicada en la psicología explicado por este específico trauma.

SOCIEDAD DE MUERTOS-VIVOS

La pandemia no es un lugar donde demorarse. Hoy en día, ya la vida misma NO es un lugar de ocio sino de muertos vivientes, donde solo nos enfrentamos a nosotros mismos para aumentar dicho rendimiento, ya antes impuesto.

Pero ahora el virus desata un estado de shock que nos paraliza, la pandemia actúa como un terrorista (un agente que incrusta el miedo en medio de la sociedad). Los conceptos de diversidad, igualdad y comunidad se ven afectados por el regreso del temor, ya que todos ahora somos potenciales transmisores del virus y por ende enemigos (dependiendo del grado de relación que se tiene con el otro).

Ahora más que nunca, el sin sentido de la agonía reduce la vida a un proceso cosificado, sin ser un acto liberador, ya que el dolor sin propósito que no se puede gritar, explorar, lleva justamente a que la vida sea en esa misma forma una existencia vacía…

En el libro, «Duelo y melancolía», podremos ver que la noción de pulsión a la que Freud se refiere, es la melancolía como una hemorragia interna. Incluso con nociones un poco más claras, se vuelve al mismo punto de dificultad, volviendo a tomar el modelo del dolor orgánico.

En segundo lugar, para Freud supone que algunos cuadros melancólicos podrían tener como etiología algún uso de ciertas toxinas. Ubica a las toxinas como solución posible. La manía o la borrachera como solución para el abatimiento, donde solo entra esa dinámica dual del dolor y el placer.

En tercer lugar, hay que incluir la idea más novedosa de que podría haber una mutilación o censura al dolor, sin embargo, también a la represión como mecanismo eficaz. En el caso de la melancolía, hay una suerte de cancelación del mecanismo de la represión que puede ser considerado como causa o como efecto. La última cuestión, que ya precisa del concepto de narcisismo, es que a consecuencia del cual se produce una contrainvestidura narcisista que empobrece al Yo.

MALSANA ACTITUD

«Es cruel decir a un enfermo o a quien pierde su empleo: ‘trabaja tu actitud»

– Barbara Ehrenreich –

La ensayista y activista social Barbara Ehrenreich

«Si tienes cáncer y no te curas es porque no tienes una actitud positiva; si te despiden de tu trabajo y no encuentras otro es por la misma razón; si eres pobre es tu culpa, porque odias la riqueza» afirma en tono irónico, Barbara Ehrenreich (Butte, Montana, 1941).

En palabras de Ehrenreich nos dice: «cuando vales cientos de millones de dólares no ocupas el mismo mundo que la gente corriente; no vas en vuelos comerciales, usas el helicóptero en la ciudad, te alojas solo en hoteles de cinco estrellas, vives en una burbuja en la que todo lo que deseas se hace realidad. Si estás en tu casa de Palm Beach y piensas que no tienes un buen borgoña para ofrecer a tus invitados, mandas a un empleado en tu avión privado a tu casa en la Costa Este para que traiga unas cuantas cajas a tiempo para la cena. Es mágico. Porque además esta gente es más rica que nunca y tiene auténticos poderes mágicos comparado con nosotros».

La crisis actual no sólo por la falta de sentido sino del resquebrajado sistema que nos envuelve el placer constante y al dolor efímero; hace que esta propuesta de la autora estadounidense sea realmente contundente como otros tantos autores que muestran no sólo por medio de su inquietud, sino en su vida como testimonio el vacío del ser constante y perenne; donde el consumo, la crisis del capitalismo, hace que deseemos más entre tantas opciones, pero llega un punto en que nada satisface, nada sacia, nada nos llena…

La escritora cree que esta filosofía está en el origen de la crisis económica

CONCLUSIONES

La pandemia ha hecho otra vez visible a la muerte transeúnte sutil, que ahora ya no lo es. Se cuentan los muertos a diario. Con la privatización del dolor y está despolitización, la tarea de abrazar nuestras heridas se ha vuelto cada vez más ajetreada y difícil; sin tener la clara concepción que el sufrimiento es una vía de sanación o de purga que le antecede algo más grande que ese mismo padecimiento: la inspiración.

Será pues, la creación de cosas bellas por medio de este motor llamada sufrimiento nuestro camino a la reivindicación; para no ahogarnos en ese hoyo al cual ya tocamos fondo, sino que sirva como abono para que se fortalezcan nuestras raíces y crezcan nuestras más hermosas flores…

Referencias:

– Luciano Lutereau. La respuesta narcisista. Modelos freudianos del dolor. Psicoanálisis – Vol. X X X I X – n. 1 y 2 – 2017 – pp. 143-158

– Barbara Ehrenreich. Clínica Contemporánea. Vol. 4, n.° 1, 2013 – Págs. 77-80

– Friedrich Nietzsche, Humano demasiado humano (Madrid: Akal, 1996), 88.

– Friedrich Nietzsche, El nacimiento de la tragedia (Madrid: Alianza, 2000) 133.

Psicología paliativa y la negativa del dolor: Parte II

“El poseer no existe, existe solamente el ser: ese ser que aspira hasta el último aliento, hasta la asfixia”

Franz Kafka – El escritor checoslovaco

Haciendo un hilito de donde nos quedamos en la falta de esa psicología negativa, que nos ayude a experimentar el dolor de un modo mucho más audaz, llega el concepto de resiliencia, pero no una resiliencia que sea realmente consciente del dolor, sino que desprecia esta carencia de una manera acérrima y feroz.

RESILIENCIA NEOLIBERAL

El entrenamiento de la resiliencia vuelve más bien al ser humano, en un ser de rendimiento (cuestión que va logrando notablemente) y que podemos corroborar en nuestra experiencia de vida.

Vivimos en la cultura de la complacencia que nos lleva a ocultarnos debajo de aquella positividad.

Y como ya previamente se habló de esto, no hay espacio para el dolor, por ende, este silencio llega a otras esferas en donde gracias a esta cultura de la complacencia se enfrasca en el comercio, el arte y por ende al consumo.

La vida que rechaza el dolor es una vida cosificada.

Sin embargo, grandes personajes del arte ponen de manifiesto este amor-dolor que se vislumbra en la sociedad, pero más íntimamente en nuestra condición humana.

En palabras de Heidegger: «Siempre y continuamente sube la marea del sufrimiento»; pero «la esencia del dolor se esconde» (Heidegger, 1994, p. 57).

Para Kafka la escritura es una dulce recompensa a cambio de un sufrimiento, en su misma vida podemos corroborar que fue de tal modo; relaciones sentimentales fallidas, matrimonios no consolidados, un padre opresivo y cruel, imposiciones en su   profesional y enfermedades recurrentes. Estos cinco elementos, paradójicamente, potenciaron la capacidad creativa y de escritura del novelista checo. Escribe en aquella angustia que no le dejaba dormir.

Sin embargo, llegamos a una anestesia social que nos hace llegar al ocaso de la poética del dolor. Los anestésicos, la sedan. El dolor es interrumpido antes que se convierta en aquella narrativa que nos salve.

SOCIEDAD PREMODERNA Y LA NARRATIVA DEL DOLOR

Los espacios de poder rebosaban de ese grito de dolor, ya que el dolor era un grito de poder, y los cuerpos martirizados eran los trofeos que resaltan y engrandecen esta condición, peor al momento de pasar a la sociedad disciplinaria, se vuelca esta condición, se aplica el dolor de una manera más discreta y sutil aparece el cuerpo productivo, que es obediente y disciplinado, bajo jornales interminables de trabajo y sumamente arduos.

En la actual sociedad de rendimiento el cuerpo ya no resulta ser la víctima, ni siquiera un medio de producción, dino que llega hacerse un cuerpo hedonista llevado por sus pasiones e instintos.

El dolor pierde referencia con el poder y se despolitiza y se convierte meramente en un asunto médico, la nueva forma de dominación es ser feliz, la nueva positividad rechaza la existencia de dicho dolor.

FELICIDAD PALIATIVA

La felicidad sirve como motor de rendimiento. El imperativo de ser feliz genera una presión mÁs devastadora. Sin embargo, se vuelve elegante y no vuelve, seduciendo y aparentando ser libertad, y esta no se reprime sino se expresa.

De igual modo la vigilancia total, el desnudamiento pornográfico, comunicamos nuestros deseos, un infierno en nuestro propio circulo sin preguntarnos como se contratan los otros en sus propios círculos.

Pero ahora nuevamente la psicología positiva causa el fin de esta revolución ya que se privatiza el dolor centrándonos ya no en la sociedad y en la genuina preocupación por el otro, sino en este individualismo enfermizo del cual estamos pendiendo de un hilo.

La sociedad paliativa se inmuniza mediante medicamentos, fármacos y otros medios. Así como la felicidad hoy también privatizada llevada solo al despilfarro de uno mismo, pasa de tal manera igual con el dolor, este se privatiza.

Pero al estar solos como afrontamos el dolor, es cuando ya no es una revolución (placer) sino es una depresión (dolor). La vida que rechaza el dolor es una vida cosificada.

“Todo hombre es una historia médica”, recita un fragmento póstumo. Ciertamente, el propio Nietzsche es el primero en darse cuenta de que «su propia historia es la historia de una enfermedad y también de una curación», y esto no solo es cierto para él, sino para todos los que experimentan el sufrimiento de cerca. Esta experiencia de dolor, tan íntima que parece difícil de expresar con palabras, no encierra en uno mismo, sino que sirve para introducir una discusión sobre la propia subjetividad y como ocasión para una aventura moral en las profundidades de la propia vida y existencia.

Referencias:

ASSOUN, P. L. (19849. Freud et Nietzsche Paris, PUF, 1980. Trad. México, FCE.

JOHNSTON, W. H. (1972) The Austrian mind Univ. of California Press.

VENTURELLI, A. (1983). Nietzsche in Bergasse 19 Univ. de Urbino.

LACAN, J. (1986). L’éthique de la psychanalyse Paris, Seuil.

HEIDEGGER, M. (1997) Introducción a la Metafísica Barcelona, Gedisa.