El instinto en el ser humano

¿Tiene instintos el ser humano? De buenas a primeras podríamos decir que sí, por lo menos, si echamos un vistazo rápido a muchas de nuestras acciones y al habla popular. Encontraremos muchas conductas y pensamientos que se presentan casi de manera automática, sin pensar, asimismo, no es inusual que escuchemos frases o expresiones que usen la palabra “instinto”, tales como: “tiene instinto para x, y, o z cosa”, “es nuestro instinto de supervivencia”, “lo hizo instintivamente”, “nos guiamos por nuestros instintos”, etc.

Pues bien, podemos apreciar que la palabra no es ajena al habla popular, y está muy presente en el inconsciente colectivo de nuestra sociedad. Y precisamente, esta es una razón muy importante para despejar presupuestos e iluminar las ideas que giran en torno al “instinto”.

Entre las acepciones que nos brinda la Real Academia Española (2022) para dicha palabra, tomaremos especial atención en la primera y la cuarta acepción, así como una ligera mención a la segunda (es oportuno mencionar que la tercera acepción de instinto obedece al habla popular o coloquial antes aludido, y la quinta, ya ha caído en desuso, por ello no hace falta ocuparnos de ellas).

La primera acepción: “Conjunto de pautas de reacción que, en los animales, contribuyen a la conservación de la vida del individuo y de la especie”.

Aquí entraría en debate afirmar si somos animales o no, pero ya que ese no es el propósito de estas líneas, solo me remitiré a que Aristóteles decía que el hombre es un animal social y político (1988, p. 50, 168). No obstante el estagirita también tiene una idea que sí compete a nuestro tema; él afirmó que “los demás animales [aparte del ser humano] no se dan cuenta de la razón, sino que obedecen a sus instintos” (p. 58). 

curled up husky in snow - dog sleeping in snow fotografías e imágenes de stock
Es el instinto de los perros de trineo lo que les permite sobrevivir en la nieve.

Esto se puede complementar con lo afirmado por Marco Aurelio Denegri (2012, p. 41, 42), donde hay instinto, no puede haber inteligencia superior. En cuanto surge la segunda, la primera desaparece. Y ya que el ser humano tiene inteligencia superior, se debe concluir su carencia instintiva. Además el instinto es seguro, infalible, pero también es rígido y autómata, el animal no se equivoca cuando actúa por instinto, en cambio, si bien la inteligencia del hombre, le permite desplegar sus facultades con libertad, también abre la puerta al error y al desacierto, sí nos moviésemos bajo el instinto, estaríamos imposibilitados de cometer errores.

Wolf - Wikipedia
El instinto del lobo hará que no mate a otros lobos fuera de su manada, a menos que invadan su territorio, en especial cuando la comida escasea.

La segunda acepción es: “Móvil atribuido a un acto, sentimiento, etc., que obedece a una razón profunda, sin que se percate de ello quien lo realiza o siente”. Esta acepción podría encajar mejor con el fenómeno del insight, del cual ya hice un estudio que puedes consultar si haces clic aquí.

Luego, tenemos la cuarta acepción, de naturaleza religiosa y poco usada, pero aún vigente: “Impulso o movimiento divino, referido a inspiraciones sobrenaturales”. ¿Qué significa esto? De qué se tratan esas inspiraciones sobrenaturales y movimientos divinos. 

Instinto de Beklan Kızılçay

Pues bien, nuestro insigne psicólogo nacional, Leopoldo Chiappo (1999, p. 55, 56), tiene una explicación muy buena que edificó a partir del concepto instinctus divinus, dado por Santo Tomás de Aquino. Menciona que el animal humano y profundo que es el hombre, despertó un nuevo tipo de instinto, en efecto, el instinctus divinus, el estímulo y “aguijón” de lo divino, que hace que el ser humano se eleve espiritualmente y supere el psiquismo animal. El aguijón, en cuestión, atraviesa la naturaleza humano hasta lo más profundo de su ser, e incluso puede llegar a hacer que el deseo de satisfacer el instinto divino sea más urgente que calmar el hambre, la sed, y los deseos físicos, y que nos demos cuenta que lo más importante es aspirar a lo infinito y eterno, satisfacer la necesidad de la belleza, ahondar en la verdad, luchar por lo que es justo, y darnos cuenta que, en palabras de San Francisco de Sales (citadas por Chiappo), “los hombres hacen más [cosas] por amor que por severidad y rigor”. Sin duda este concepto tomasiano merece mayor profundización en un próximo artículo.

En conclusión, podríamos decir que, en el sentido coloquial, sí tenemos “instintos”, pero propiamente hablando, no los tenemos, no de la manera en que los demás animales lo tienen; más bien, tenemos pulsiones, impulsos, tendencias, inclinaciones, etc., y, finalmente, en un plano que va más allá de de los dos anteriores, tenemos un solo instinto, diferente y superior al instinto de los animales, y me atrevería a decir que incluso es superior a la inteligencia humana, que nos lleva a la virtud y a todo lo bueno que el ser humano pueda buscar, incluida la eternidad, la trascendencia definitiva, y a Dios mismo.

Referencias

Aristóteles (1988). Política. Madrid: Editorial Gredos S. A.

Chiappo, L. (1999). El animal profundo: perfil psicológico del hombre. Persona, 2(002), 33-78. https://doi.org/10.26439/persona1999.n002.699

Denegri, M. A. (2012). Normalidad y anormalidad y El asesino desorganizado. Lima: Fondo editorial de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega.

REAL ACADEMIA ESPAÑOLA. (2022). Instinto. https://dle.rae.es/instinto

El Yo y la conciencia de ser uno mismo

La cuestión del autoconocimiento es una carrera larguísima y sumamente exigente. Entender al ser humano como especie, y entendernos a nosotros mismos como individuos diferenciados, es una misión que nunca se ha dejado de lado, por supuesto que unas personas le dan más tiempo a ella que otras. Pero la inquietud es universal, está en todos nosotros y por más que se encuentre relegada u opacada por otros intereses (o preocupaciones); sabe hacerse presente durante nuestra vida y hay que estar preparados para esos momentos.

En este artículo abordaremos el pensamiento del filósofo y sociólogo Karl Popper y el psicólogo Wolfgang Kohler, que tuvieron ideas con una lucidez avasalladora que nos pueden ayudar en la empresa de conocernos a nosotros mismos.

Será obvio decirlo, pero es necesario hacerlo, el Yo existe (más adelante tocaremos esta afirmación). Todos tenemos un Yo, que nos da individualidad y tú eres quien mejor debería conocerlo. De igual manera, tu Yo debería ser el mejor conocedor de tus virtudes, sentimientos, temores, esperanzas, tristezas y alegrías.

La propiedad

Así como el Yo, hay muchas cosas que le son propias al ser humano, como su cuerpo y su mente que son parte definitoria de quién es. Pero también hay cosas como la personalidad y el carácter (que son igual de importantes en la definición de nuestro ser), que se presentan de forma bastante igual en muchísimas otras personas en todas partes del mundo (Popper, 2013, pp. 294, 295). Esto no significa que deje de ser algo propio, más bien es algo compartido que demuestra que nuestra individualidad no nos aísla o no tendría por qué aislarnos.

¿Cómo ser Yo?

Aprender, conocer, observar a tu alrededor nos ayuda mucho para saber de nosotros mismos, pero con ello no basta. Es la acción junto con el pensamiento lo que perfecciona este proceso (Popper, 2013, p. 295).

“La reproduction interdite” de Rene Magritte, el cuadro puede simbolizar como lo exterior puede reflejarse (reproducirse) sin mayor inconveniente, véase la caja en el cuadro, pero a la hora de ver el reflejo (el conocimiento) del hombre, es algo que a veces queda limitado o mal asimilado

La acción se basa en la interpretación de lo observado y Popper sugiere que esa interpretación dependerá de la formación intelectual que uno tenga (2013, p. 296) y razón no le falta, la inteligencia elevada ayuda mucho a entender las cosas. Pero la sabiduría, que no está necesariamente ligada a la inteligencia desarrollada académicamente; esa sabiduría que podemos encontrar tanto en almas cultas como en las almas más modestas, sin duda alguna contribuye con un aporte valioso e imprescindible.

La conciencia

Desde la más tierna infancia, el ser humano tiene el interés y una especie de comprensión del otro (Popper, 2013, p. 296). Dadas las circunstancias adecuadas la persona tomará conciencia de sí misma y de los otros. Y es interesante ver que iniciamos con los otros; un bebé empieza a conocer a sus padres (o apoderados) antes que a sí mismo.

El rostro juega un papel fundamental en ello: la mirada, la sonrisa y demás expresiones faciales, entran e influyen en el bebé y durante el resto de vida. Sólo es cuestión de ponerse a pensar en cuántos rostros han despertado en nosotros las más diversas sensaciones, e impresiones. El rostro (y los ojos en particular, diría yo) invita a entrar por la puerta del interior de las personas.

Volviendo al bebé, es curiosa la reacción que tienen cuando se ven por primera vez en el espejo. ¿Acaso verán el reflejo como si fuese alguien más?, de todos modos y sin duda alguna, con el tiempo sabrán que el reflejo es suyo. No digo más, para que ustedes mismos saquen sus conclusiones a partir de este ejemplo:

Ciertamente, verse en el espejo (o en un reflejo) es un ejercicio que vamos a repetir infinidad de veces y en bastantes de ellas, seguiremos sorprendiendonos de lo que veremos. Y no hablo solo de la apariencia, me atrevo a decir que en más de una ocasión hemos podido ver nuestro Yo, aún más, nuestra propia alma en el reflejo, y los resultados seguro que fueron de lo más variados, ¿Cuántas veces habremos salido alegres o tristes, satisfechos o frustrados, serenos o preocupados? La ocurrencia de esas impresiones depende de nosotros mismos y de nuestras acciones.

“Filósofo frente al espejo” de José de Ribera. Otro cuadro que representa el eterno deseo del conocimiento de uno mismo. En esta ocasión el conocimiento llega de forma correcta, y el pensador logra saber quién es.

Yo y el espacio-tiempo

Popper nos comenta que el filósofo Inmanuel Kant afirmaba la existencia del “Yo puro”, libre de la “contaminación” de la experiencia, y que el también filósofo, David Hume sostenía que el Yo no existe, que solo existían experiencias que en conjunto podían ser algo parecido a un Yo. Popper no estaba satisfecho con estas posturas y por su cuenta, dijo que el Yo es la combinación de lo innato con lo aprendido (2013, p. 298).

La historia de la humanidad y nuestra historia personal, está dentro del tiempo. El lenguaje es un facilitador a la hora de aprender y transmitir las ideas y creencias que le van dando forma a nuestro Yo. Pero el Yo, en el tiempo, está presente antes del lenguaje e incluso antes de enterarnos que somos y tenemos un Yo.

¿Dónde estoy? Es la pregunta que suele surgir cuando alguien se recupera de un ataque o desmayo. Esta pregunta no se debe subestimar, tiene un valor muy importante para la existencia. No podemos andar con coherencia sin saber dónde estamos, es propio de nuestras identidad. Esta pregunta se debe responder teniendo en cuenta el lugar donde estamos parados, los tiempos que vivimos y una correcta interpretación de ambos.

Observar nuestro pasado es útil para conocernos o por lo menos para conocer quiénes fuimos. Apuntar al futuro motiva nuestros objetivos, nuestras esperanzas y ayuda a vivir nuestro presente. Hay que estar en constante relación con nuestro pasado y futuro.

A la hora de actuar

A todo esto, hay un inconveniente muy a tener en cuenta, muchas de nuestras conductas suceden sin que participe la conciencia.

Si hablamos de nuestras actividades rutinarias, las más simples y básicas, pues el asunto no es tan grave. Pero cuando no pensamos en los momentos en los que se debe pensar; en los momentos en que debemos estar plenamente conscientes de nosotros y de nuestros actos, es cuando las cosas pueden complicarse.

El ideal sería ser plenamente consciente, estar en permanente atención, en todo momento, para así conseguir el dominio casi total de sí mismo, pero está tarea es sumamente difícil de cumplir. Y ciertamente ha sido lograda por sólo un grupo selecto de personas: los Santos místicos del cristianismo, los monjes budistas del Tíbet o los grandes maestros de las artes marciales, entre otros, son ejemplos notables.

Aunque no podamos alcanzar el nivel tan alto de estos hombres excepcionales (que dicho sea de paso, dedican casi toda la vida a ello) no significa que nosotros no podamos conseguir un gran control y conciencia de nosotros mismos, junto con una buena capacidad de atención. El potencial está en todo ser humano, hay que desatarlo.

En sentido práctico y como fenómenos, la atención es muy similar a la conciencia (Popper, 2013, p. 302). Entonces, mientras más atentos estemos, más conscientes de las cosas y de nosotros mismos, seremos. El asunto es estar alerta y pensar, para abstraer la información de nuestro alrededor y tener con qué actuar.

“Acaso estemos inconscientes del tictac de un reloj, pero oímos cuando ese tictac se ha detenido” dice Popper. Él también nos invita a estar conscientes del tictac de nuestros pensamientos, de nuestros actos, y no sólo cuando se detienen (2013, p. 300).

Insight

El insight es un acto mental repentino, relacionado con lo aprendido y el razonamiento que ocurre cuando solucionamos un problema determinado (Giardini et al. 2017, p. 96).

Wolfgang Kohler (quien propuso el término insight, que significa “mirar dentro”) sostuvo que a la hora de aprender, no sólo actuamos con lo aprendido y captado por nuestros sentidos, sensaciones y emociones, sino también con las imágenes y reflexiones que hacemos en nuestra mente, al percibir, sentir, etc. Miramos dentro de nosotros mismos para actuar tanto dentro como fuera de nosotros mismos.

En un mundo, que está en constante cambio, que es impredecible y está lleno de disparidades, el insight reorganiza las situaciones para darles armonía y equilibrio. Todos tenemos la capacidad de desarrollar nuestro insight, pues nosotros podemos (y debemos) ver las situaciones que vivimos en su totalidad, analizar y tener en cuenta todos los factores que estén involucrados.

Tenemos la facultad de encontrar conexiones donde aparentemente no las hay y llenar esos espacios que a primera vista no se pueden llenar. Pero esto requiere un crecimiento paulatino, hay que cultivar nuestra inteligencia y razonamiento, hay que pedir ayuda a los demás, hay que crecer espiritualmente y ser sabios en nuestro proceder.

Los actos de insight que hagamos no siempre serán una gran demostración de genialidad o innovación, e incluso está presente la posibilidad de fallar y no concretarlos debido a pensamientos que, más que facilitar su afloramiento, los obstruyan. A pensar de ello, el ser capaz de resolver un problema de nuestra vida cotidiana tiene un valor que no se debe menospreciar. El objetivo es saber enfrentar las contingencias, para ayudarte a ti mismo y a los demás.

La próxima vez que resuelvas un imprevisto de manera que ni tú mismo te hayas podido explicar cómo ocurrió, es muy probable que haya sido tu insight.

Todo lo dicho, no resuelve misterio alguno, no descifra ningún código oculto al entendimiento humano. Pero son ideas que, desde sus respectivas disciplinas, ayudan a que el Yo, la individualidad y la conciencia plena, no sean vistas de forma vaga y que su misterio se vaya entendiendo cada vez, un poco más.

Referencias

Giardini, A., Baiardini, I., Cacciola, B., Maffoni, M., Ranzini, L., Sicuro, F. (2017). Comprende la Psicología. Wolfgang Kohler: La formulación del insight. Barcelona: Editorial Salvat, S. L.

Miller, D. (comp.) (2013). Popper: escritos selectos. México DF: Fondo de Cultura Económica.