En psicología, medir es una acción esencial al momento de aventurarnos en este mundo tan grande. Por mucho tiempo, diferentes investigadores en su afán de descubrir algún método, vieron la necesidad de medir lo imposible. Ya que nos regimos bajo las leyes físicas, medir se ha convertido en una tarea que no solo está basada en fórmulas, sino que también se rige bajos ciertos parámetros, los cuales no podemos controlar.
Medir es un proceso de asignar valores numéricos de acuerdo a reglas específicas, al psicólogo le permite cuantificar características humanas y dar objetividad.
Por medio de pruebas psicológicas, que son instrumentos estandarizados, evalúan características particulares de personas con el objetivo de medir conocimientos, intereses, habilidades, capacidades, actitudes, e incluso la personalidad; estas son parte de un proceso general organizado para llegar a una impresión diagnóstica. En fin, medir es cuantificar características cualitativas y volverlas en cuantitativas.
Tantos estudiosos en la materia y desde épocas muy antiguas ya se planteaban este dilema. En la época Antigua, Aristóteles, en su obra «De Anima» señala: «buscamos examinar e investigar primero la naturaleza y esencia del alma y luego sus atributos».
Platón, en el texto III de «La República», realizó una clasificación de las personas en escala primitiva: oro, plata, hierro y latón, refiriéndose a ella como una «mentira noble» y un «cuento», a la vez que señalaba que todos son hermanos y todos son afines.
En el Renacimiento, Descartes, Locke, Hume y Kant enfatizan en lo que define y caracteriza a la humanidad.
Sin duda alguna, todos ellos se esmeraron en la búsqueda de la verdad acorde a sus posibilidades de poder medir y cuantificar. Ahora bien, debemos ponernos a pensar en el bagaje inmenso del que está compuesto el ser humano.
¿Pero qué sucede cuando partimos desde lo más simple y vamos a lo más complejo? ¿Que sucede cuando lo sensible se convierte espiritual?
A continuación veremos unos ejemplos:
A través del cuerpo, más allá de lo sensible, de la percepción, de las emociones, y de las funciones vegetativas, existe aquello en el ser humano que carece de sustento corpóreo.
Hablaremos de la inteligencia. Para ello, debemos empezar desde su primer acto que es la abstracción, es decir, separamos una forma de lo material singular, y lo convertimos en lo universal. Este universal no es material al igual que nuestra inteligencia. La inmaterialidad se demuestra por medio de la capacidad que posee la inteligencia de conocerlo todo, a diferencia de los sentidos y de lo que conocemos como umbral. Eso a lo que la psicología denomina como límites. El loco intento de tratar de traspasar ese límite puede dañar el órgano y perjudicarlo, como la luz solar que hace que el ojo se cierre al ser tan fuerte.
Nos detenemos minuciosamente, y vemos que la inteligencia se conoce a sí misma, y que no es como los demás sentidos. Por ejemplo, el ojo no se ve a sí mismo, ve las demás cosas que hay a su alrededor. De tal forma, la inteligencia conoce sus actos, actos de conocer. Y esto nos dice que carece de soporte orgánico.
Ahora no solo hemos visto una de las facultades más elementales del ser humano que no solo es inmaterial, y a pesar de ello, han inventado manera de cuantificar ciertos resultados. Pero, ¿qué pasa si vamos más allá? Nos encontraremos con lo que es notorio al momento de demostrar que lo que trasciende va aún más lejos de los límites de lo medible: el alma.
Ya el alma como dimensión co-principio del cual está sujeto el ser humano, se encuentra en este mundo material siendo inmaterial en su totalidad, pero que subsiste gracias a la unidad psicofísica, y a su vez, no se corrompe y no se separa de sí misma.
Santo Tomás de Aquino está a favor del carácter espiritual del alma humana que ejecuta actividades intelectuales que no dependen de sustento orgánico alguno, sino que son actividades espirituales. Pero esto no quiere decir que no exista una relación entre la actividad intelectual y la actividad espiritual.
En lo que a mí respecta, considero indudablemente que el hombre busca medios para poder entender el universo en el que cohabita desde que este se originó. Que el ser humano, al ser un conjunto dinámico de dimensiones que existen en armonía se complementan bio-psico-espiritualmente. El hombre es una unidad, y tratar de medir al hombre solo sería encuadrarlo y limitarlo a parámetros que nosotros mismos estamos estableciendo; es decir, que nosotros mismos nos estamos limitando y encasillando.
¿Acaso somos números? ¿Acaso somos fórmulas? Nos hemos estancado en vivir en límites parametrados pero no podemos ir contra natura, pues esta nos reclama y ella escapa a cualquiera de estas ataduras a las que nosotros mismos nos hemos condenado en este afán de entender quiénes somos o qué somos realmente.
Para finalizar, está de más decir que los esfuerzos han sido considerablemente aplaudibles por quienes aún hoy en día, se esmeran en cuantificar al hombre, pero, siempre hay que recordar que existirá ese misterio enorme y hermoso que es la complejidad del ser humano en esa búsqueda del ser; que este descubrir nos lleve a una nueva vía provechosa, llena de dicha en materia de la psicología…

Referencias
- Flores, G. (25 de julio de 2012). TOMÁS DE AQUINO Y LA INMORTALIDAD DEL ALMA. http://gusfilosofar.blogspot.pe/2012/07/tomas-de-aquino-y-la-inmortalidad-del.html
- Alcázar, M. ¿Es la inteligencia una facultad espiritual? http://www.academia.edu/20361227/_Es_la_inteligencia_una_facultad_espiritual
- Entrevista con Roger Miller Silva (filósofo) – Profesor de Antropología Filosófica y Teológica de la UCSP.






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