¡Sigue al conejo!: Alicia vs. Freud

Existen mil historias que desde pequeños nos han cautivado y no es distinto el caso de “Alicia en el País de las Maravillas”. A medida que iba creciendo vi una relación con ella, donde todos podíamos envolvernos. Después de todo, existe un componente psicológico bastante interesante y que puede revelar mucho. En el caso del psicoanálisis, y el acontecimiento de tal conocimiento, lo plantea Freud en su libro La interpretación de los sueños”. La obra presenta una teoría general sobre la formación del sueño, y ofrece consideraciones. Finalmente dibuja el primer modelo de funcionamiento del aparato psíquico en el que identifica tres instancias: el inconsciente, el preconsciente y la conciencia. Hace que sea muy interesante, pero aún más cuando podemos ver todo lo antes mencionado en la propia búsqueda en la protagonista del primer libro mencionado, que es Alicia…

Caída de la conciencia al preconsciente de Alicia 

Comenzamos en un jardín muy hermoso en el que Alicia y su hermana se encuentran en una lección de historia. Alicia dice algo que describe muy bien su inocencia: “¿Cómo se puede prestar atención a un libro sin dibujos?”. A partir de aquí comienza a describir cómo sería su mundo soñado en el que nada tendría sentido, básicamente, el País de las Maravillas.

Acto seguido, ve un conejo vestido formalmente que viene saltando y que después de ver su reloj se da cuenta de que va tarde y sale corriendo. Alicia intrigada va tras la entrada de este conejo. Este último es una antítesis de Alicia ya que demuestra madurez y responsabilidad con sus compromisos. Después de entrar en la madriguera, Alicia cae a un precipicio que no parece tener fin. A medida que cae,nos vamos encontrando con una atmósfera bastante onírica, pues como bien sabemos toda la historia está cimentada en los sueños de Alicia y en este caso tanto la caída como su paso a través de estas puertas son la representación de la entrada al subconsciente de Alicia.

En el subconsciente de Alicia 

La puerta es tan pequeña que Alicia no puede pasar y por eso bebe del contenido de una pequeña botella. Esto hace que se vuelva lo suficientemente minúscula como para poder cruzar por la puerta, no obstante se encuentra cerrada con llave. Así que se come unas galletas para volver a crecer y alcanzar la llave, pero crece más de la cuenta. Alicia ante la desesperación empieza a llorar y sus lágrimas gigantes hacen que todo se inunde y se atraviese por la puerta hasta desembocar en una especie de océano. Aquí ya nos empezamos a encontrar con una serie de criaturas antropomórficas comandadas por un dodo el cual le da Alicia una serie de consejos poco coherentes haciendo de esta una experiencia cada vez más extraña y sin sentido básicamente. Por eso Alicia se va rápidamente de ahí; pero segundos después se encuentra con los hermanos gemelos (Tararí y Tarará). Los cuales le cuentan un cuento que habla de una morsa y un carpintero que encuentran unas ostras en el mar. La morsa las convence de que hay un mundo más tentador más allá del mar y aunque su madre les advierte que no es buena idea, las ostras terminan accediendo a irse y son devoradas por la morsa. Este cuento sirve como analogía para advertirnos que el viaje en el que Alicia se está sumergiendo representa un grave peligro. 

Lo podemos ver también en el plano en el que se adentra a las profundidades de este bosque y su figura es cubierta por las sombras. Más adelante llega una casa y descubre que es la del conejo. Este confunde Alicia con su criada y por eso le pide que le traiga sus guantes, y por miedo, no se opone; una vez dentro se encuentra unos pasteles que dicen “cómeme” y el lugar de respetar la propiedad privada, Alicia los prueba y se vuelve gigante, varios minutos más tarde encuentra la forma de encogerse, pero en este caso se vuelve demasiado pequeña. Alicia, al crecer, no cabe en ninguna parte y la incomodidad es absoluta, en cambio cuando es muy pequeña se ve limitada en la realización de la mayoría de sus acciones. Esto simboliza el crecimiento de los niños de repente mucha ropa les empieza a quedar pequeña, no caben en la cama o tal vez ya no pueden utilizar ciertos juguetes como triciclos y bicicletas pero a pesar de esto aún no son lo suficientemente grandes para hacer cosas como alcanzar lugares altos, tener la capacidad de mantener una conversación con cualquier persona, etc.

En el momento en que Alicia está en su tamaño más pequeño, el conejo vuelve a salir corriendo porque aún va tarde y ella va tras él, pero por supuesto no lo alcanza. Sin embargo, en medio del camino se encuentra ahora con más criaturas antropomorfas, pero lo más destacado de la secuencia está a cargo de las flores las cuales comienzan a criticar y a burlarse de Alicia, queda rodeada por las sombras producidas por las flores potenciando aún más el concepto de intimidación, a lo que ella responde que ha cambiado muchas veces y que no es ella misma. Esto también representa un poco los problemas de identidad que llegan a tener muchos niños a la hora de crecer. 

La metamorfosis 

Al ver que no es tan bien aceptada, Alicia escapa de ese lugar encontrándose con otro ser bastante peculiar. La oruga, quien le realiza varias preguntas y la pone a prueba, pero cada palabra que pronuncia está cargada de soberbia y cierto desprecio hacia la protagonista, también se evidencia que prácticamente no comprende nada de lo que dice el insecto. Esto representa a muchos adultos que son incapaces de sentir empatía por los niños y que por eso los tratan con cierto desprecio simplemente porque no los entienden un poco. Harta de todo esto, Alicia decidió marcharse pero curiosamente la oruga se compadece de ella, y busca la forma de ayudarle cuando la niña le explica que le gustaría hacer más grande, porque ocho centímetros es una altura espantosa. Podemos ver los complejos que tienen los niños a medida que crecen, algunos quieren ser más altos otros quieren ser más delgados, otros quieren otro color de pelo o de ojos. Alicia expresa su inconformidad y la oruga estalla, lo cual hace que se convierta en una mariposa que se aleja volando, y le deja el secreto para crecer o encogerse; el champiñón sobre el cual estuvo parada gran parte del tiempo. Hasta aquí podríamos creer que el mensaje que nos están dando es que, crecer es lo peor que le ocurre pasar al ser humano,  aunque hay etapas difíciles de la vida en donde puedan haber más obstáculos. Estos son indispensables para un buen cambio, el caso de la oruga es el mejor ejemplo posible de una criatura un poco fea —y desagradable en cuanto a su personalidad, hablando del personaje del cuento en particular— que se convierte en una de las más hermosas de la creación, y todo gracias a que vive un proceso de metamorfosis.

Alicia muerde un lado del hongo y crece, pero esta vez, se vuelve monstruosamente grande, al punto tal de que desplaza una mamá pájaro de su nido, el ave, al observar la gran longitud de Alicia, se asusta porque cree que es una serpiente pero Alicia lo niega. La señora le pregunta si come huevos y Alicia no tiene más remedio que aceptar que sí, así que la señora llega a la conclusión de que sí es una serpiente. Esto es algo que nuevamente nos lleva de forma implícita a la pregunta: ¿Quién eres tú? Y nos deja claro que los rasgos físicos y ciertos comportamientos no definen quiénes somos, después de todo hay muchas especies, y dentro de estas, hay muchos seres que tienen muchas cosas en común.

Depende de dónde quieras ir…

Una vez que Alicia logra volver a su tamaño original, emprende un camino medio turbio en el que no hay claridad de qué es lo que se puede encontrar; hasta que de repente, aparece este icónico personaje el cual conocemos como el gato risón, pero en realidad es un gato de Cheshire, del cual podemos notar que tiene muchas características únicas, pero hay una que sobresale, y no es otra que su enorme sonrisa.

Este personaje nace de un dicho popular que había en el Reino Unido del Siglo XVIII:  “sonriente como un gato de cheshire”. Alicia, al encontrarse con el gato, pregunta por dónde debería ir, a lo que el animal le responde que depende a dónde quiera ir. Ella dice que realmente no importa el destino, y naturalmente, él sentencia que entonces, no importa el camino. Aquí está muy bien representado el carácter de los niños y las personas jóvenes quienes constantemente toman decisiones pero casi nunca planifican y no saben qué es lo que quieren realmente, tampoco piensan en las consecuencias, por eso escogen cualquier camino como en este caso. La segunda cosa que quiero que miremos es la pregunta: ¿A dónde quieres ir? La cual me lleva a recordar la pregunta que anteriormente se repitió varias veces: ¿Quién eres tú? Y es que hay algunas preguntas que se repiten constantemente en la filosofía como: ¿quién soy?, ¿de dónde vengo? y ¿hacia dónde voy? Las cuales intentan explorar el ser. Esto nos deja más que claro que en este viaje hay una constante búsqueda de la identidad. El gato sabe que Alicia está aquí porque está siguiendo al conejo, así que le sugiere ir a ver al Sombrerero loco o a la Liebre de marzo, pero le advierte que los dos están locos.

¡Todos estamos locos aquí!

Alicia decide seguir su camino y llega a una casa en la que se encuentran los dos personajes anteriormente mencionados, acompañados de un lirón, quiénes están cantando una simpática canción. Desde el segundo uno, se puede evidenciar su locura pero cada uno de ellos tiene una razón de ser. En primer lugar está el Sombrerero quién nace a partir de la idea de que los sombreros de esa época estaban locos, ya que para la fabricación de los sombreros de fieltro se utilizaba el mercurio, lo que provoca una alta tasa de intoxicación entre los que trabajaban en la industria del sombrero, causando daños neurológicos tales como dificultad para hablar, pérdida de memoria, y temblores; a partir de ello se hizo popular la frase “loco como un sombrero”. Ahora miremos la liebre que se inspira en otro dicho inglés, “loco como una liebre de marzo”, el cual nace de la creencia popular de que a finales de marzo, que es cuando los machos de esta especie se pelean a golpes entre sí para determinar quién se queda con la hembra. Y por último tenemos el lirón que tiene un protagonismo un poco más secundario, pero que es interesante explicar, básicamente un lirón es un roedor muy pequeño que se parece al ratón pero que se caracteriza por tener largos periodos de hibernación, este por supuesto, no es la excepción y por eso la mayor parte del tiempo lo vemos durmiendo o en un gran estado de somnolencia. Estos personajes son una representación clara de la visión que tenía Alicia respecto a las costumbres que tienen los adultos:

  • La primera es la hora del té: Aquí apreciamos una exageración de este hábito tan arraigado que se originó más o menos en esa época, pues pasó a ser algo casi sagrado (e incumplirlo era una falta de respeto). Con esto no solo se crítica esta costumbre en sí, sino todas aquellas que se siguen de forma dogmática y sin cuestionar nada.
  • Además de que todo se vuelve muy rutinario y monótono, aunque paradójicamente, está el tema del no cumpleaños el cual se celebra 364 días al año y cuando se cumple años también lo hacen, es decir, que siempre están de celebración algo que a los niños les encantaría; celebrar, comer dulces, jugar y compartir con muchas personas. Por eso Alicia y a los demás personajes parece gustarles mucho la idea.

Al perderse nuevamente, Alicia entra en un estado de desesperación absoluta, este plano refleja muy bien sus emociones. Se siente sola, desamparada y tonta por haber tomado malas decisiones. Hay algo muy interesante que se hizo con la película, y es que después de la publicación del libro, en el habla inglesa se hizo popular la expresión “sigue al conejo blanco”, que describe el acto de seguir algo o a alguien y que esto termine en una aventura, un descubrimiento o quizás una tragedia. Así que a través de esta escena, quisieron reflejar todo lo que terminó a causa de seguir al conejo

¡Que le corten la cabeza!

Cuando parece que está todo perdido aparece nuevamente el gato de Cheshire, quien la envía con la reina pues, según él, ella es su única carta de salida de este lugar. En una especie de jardín en dónde se encuentran algunos naipes de una baraja muy atemorizados de la reina, ella se comporta de una forma muy particular, pues incluso antes de que llegue, notamos un dominio absoluto por su parte, y es que solo con hacer algo que a ella le disguste, los personajes propician que les corten la cabeza. El hecho de que sus súbditos sean una las cartas de un mazo, representa que los utiliza como juguetes, además de que en el partido de croquet que tiene con Alicia utiliza también a seres vivos. Asimismo, las propias criaturas hacen todo lo posible para que la reina pueda ganar, mostrándonos que cada cosa que se hace y cada decisión que se toma, se ejecuta siempre pensando en favorecer a la reina y no a los demás, aunque esto resulte injusto. 

Hay que recordar nuevamente que, esta novela se desarrolló en la época victoriana, es decir, durante el reinado de Victoria del Reino Unido, en quien muy seguramente se basó este personaje, ya que comparten muchas similitudes en cuanto a su carácter, pero lo que nos lleva a pensar eso no es ella, sino su consorte, en este caso, el rey de corazones o en la vida real el príncipe Alberto. Lo que ocurre es que la gente sentía un gran respeto por la reina Victoria y tenía un gran recelo con el príncipe Alberto, ya que no era inglés. En la obra, la reina es grande, robusta e imponente, y el rey es pequeñito y parece más un consejero o un asistente que un monarca.

En el primer encuentro entre Alicia y la reina, se vuelven a tocar estas preguntas que mencionamos anteriormente, la reina dice: ¿quién es ésta? Y luego le pregunta a Alicia: ¿de dónde vienes? y ¿hacia dónde vas?…

Juicio de Alicia y salida del subconsciente

Cuando están jugando crockett, el gato aparece y comienza a sabotear todo, haciendo que lleven a Alicia a un juicio para determinar si le cortan la cabeza. Hay algunas frases que dice la reina que describen muy bien la situación en la que se encuentra Alicia: “todas las formas, son mis formas”, “yo hago las preguntas aquí”. Cuando el conejo está leyendo los cargos contra Alicia, la reina lo interrumpe para decirle que llegue a la parte donde la hizo enojar, dejándonos muy en claro que no se busca la justicia simplemente satisfacer sus caprichos.

Cuando ya está todo perdido Alicia se come los dos hongos, volviéndose primero muy grande, para luego regresar a su tamaño normal. A partir de aquí, comienza una persecución muy divertida pero que a medida que avanza, se va tornando más alocada y sin sentido. Hasta que llega a la puerta del principio, con la intención de representar la salida del subconsciente. Es cuando Alicia por fin despierta, finalizando así esta increíble aventura. 

Tal vez, solo esto sea una invitación a explorar nuestra mente, a descubrir la belleza de etapas anteriores y valorar su significado…

El Yo y la conciencia de ser uno mismo

La cuestión del autoconocimiento es una carrera larguísima y sumamente exigente. Entender al ser humano como especie, y entendernos a nosotros mismos como individuos diferenciados, es una misión que nunca se ha dejado de lado, por supuesto que unas personas le dan más tiempo a ella que otras. Pero la inquietud es universal, está en todos nosotros y por más que se encuentre relegada u opacada por otros intereses (o preocupaciones); sabe hacerse presente durante nuestra vida y hay que estar preparados para esos momentos.

En este artículo abordaremos el pensamiento del filósofo y sociólogo Karl Popper y el psicólogo Wolfgang Kohler, que tuvieron ideas con una lucidez avasalladora que nos pueden ayudar en la empresa de conocernos a nosotros mismos.

Será obvio decirlo, pero es necesario hacerlo, el Yo existe (más adelante tocaremos esta afirmación). Todos tenemos un Yo, que nos da individualidad y tú eres quien mejor debería conocerlo. De igual manera, tu Yo debería ser el mejor conocedor de tus virtudes, sentimientos, temores, esperanzas, tristezas y alegrías.

La propiedad

Así como el Yo, hay muchas cosas que le son propias al ser humano, como su cuerpo y su mente que son parte definitoria de quién es. Pero también hay cosas como la personalidad y el carácter (que son igual de importantes en la definición de nuestro ser), que se presentan de forma bastante igual en muchísimas otras personas en todas partes del mundo (Popper, 2013, pp. 294, 295). Esto no significa que deje de ser algo propio, más bien es algo compartido que demuestra que nuestra individualidad no nos aísla o no tendría por qué aislarnos.

¿Cómo ser Yo?

Aprender, conocer, observar a tu alrededor nos ayuda mucho para saber de nosotros mismos, pero con ello no basta. Es la acción junto con el pensamiento lo que perfecciona este proceso (Popper, 2013, p. 295).

“La reproduction interdite” de Rene Magritte, el cuadro puede simbolizar como lo exterior puede reflejarse (reproducirse) sin mayor inconveniente, véase la caja en el cuadro, pero a la hora de ver el reflejo (el conocimiento) del hombre, es algo que a veces queda limitado o mal asimilado

La acción se basa en la interpretación de lo observado y Popper sugiere que esa interpretación dependerá de la formación intelectual que uno tenga (2013, p. 296) y razón no le falta, la inteligencia elevada ayuda mucho a entender las cosas. Pero la sabiduría, que no está necesariamente ligada a la inteligencia desarrollada académicamente; esa sabiduría que podemos encontrar tanto en almas cultas como en las almas más modestas, sin duda alguna contribuye con un aporte valioso e imprescindible.

La conciencia

Desde la más tierna infancia, el ser humano tiene el interés y una especie de comprensión del otro (Popper, 2013, p. 296). Dadas las circunstancias adecuadas la persona tomará conciencia de sí misma y de los otros. Y es interesante ver que iniciamos con los otros; un bebé empieza a conocer a sus padres (o apoderados) antes que a sí mismo.

El rostro juega un papel fundamental en ello: la mirada, la sonrisa y demás expresiones faciales, entran e influyen en el bebé y durante el resto de vida. Sólo es cuestión de ponerse a pensar en cuántos rostros han despertado en nosotros las más diversas sensaciones, e impresiones. El rostro (y los ojos en particular, diría yo) invita a entrar por la puerta del interior de las personas.

Volviendo al bebé, es curiosa la reacción que tienen cuando se ven por primera vez en el espejo. ¿Acaso verán el reflejo como si fuese alguien más?, de todos modos y sin duda alguna, con el tiempo sabrán que el reflejo es suyo. No digo más, para que ustedes mismos saquen sus conclusiones a partir de este ejemplo:

Ciertamente, verse en el espejo (o en un reflejo) es un ejercicio que vamos a repetir infinidad de veces y en bastantes de ellas, seguiremos sorprendiendonos de lo que veremos. Y no hablo solo de la apariencia, me atrevo a decir que en más de una ocasión hemos podido ver nuestro Yo, aún más, nuestra propia alma en el reflejo, y los resultados seguro que fueron de lo más variados, ¿Cuántas veces habremos salido alegres o tristes, satisfechos o frustrados, serenos o preocupados? La ocurrencia de esas impresiones depende de nosotros mismos y de nuestras acciones.

“Filósofo frente al espejo” de José de Ribera. Otro cuadro que representa el eterno deseo del conocimiento de uno mismo. En esta ocasión el conocimiento llega de forma correcta, y el pensador logra saber quién es.

Yo y el espacio-tiempo

Popper nos comenta que el filósofo Inmanuel Kant afirmaba la existencia del “Yo puro”, libre de la “contaminación” de la experiencia, y que el también filósofo, David Hume sostenía que el Yo no existe, que solo existían experiencias que en conjunto podían ser algo parecido a un Yo. Popper no estaba satisfecho con estas posturas y por su cuenta, dijo que el Yo es la combinación de lo innato con lo aprendido (2013, p. 298).

La historia de la humanidad y nuestra historia personal, está dentro del tiempo. El lenguaje es un facilitador a la hora de aprender y transmitir las ideas y creencias que le van dando forma a nuestro Yo. Pero el Yo, en el tiempo, está presente antes del lenguaje e incluso antes de enterarnos que somos y tenemos un Yo.

¿Dónde estoy? Es la pregunta que suele surgir cuando alguien se recupera de un ataque o desmayo. Esta pregunta no se debe subestimar, tiene un valor muy importante para la existencia. No podemos andar con coherencia sin saber dónde estamos, es propio de nuestras identidad. Esta pregunta se debe responder teniendo en cuenta el lugar donde estamos parados, los tiempos que vivimos y una correcta interpretación de ambos.

Observar nuestro pasado es útil para conocernos o por lo menos para conocer quiénes fuimos. Apuntar al futuro motiva nuestros objetivos, nuestras esperanzas y ayuda a vivir nuestro presente. Hay que estar en constante relación con nuestro pasado y futuro.

A la hora de actuar

A todo esto, hay un inconveniente muy a tener en cuenta, muchas de nuestras conductas suceden sin que participe la conciencia.

Si hablamos de nuestras actividades rutinarias, las más simples y básicas, pues el asunto no es tan grave. Pero cuando no pensamos en los momentos en los que se debe pensar; en los momentos en que debemos estar plenamente conscientes de nosotros y de nuestros actos, es cuando las cosas pueden complicarse.

El ideal sería ser plenamente consciente, estar en permanente atención, en todo momento, para así conseguir el dominio casi total de sí mismo, pero está tarea es sumamente difícil de cumplir. Y ciertamente ha sido lograda por sólo un grupo selecto de personas: los Santos místicos del cristianismo, los monjes budistas del Tíbet o los grandes maestros de las artes marciales, entre otros, son ejemplos notables.

Aunque no podamos alcanzar el nivel tan alto de estos hombres excepcionales (que dicho sea de paso, dedican casi toda la vida a ello) no significa que nosotros no podamos conseguir un gran control y conciencia de nosotros mismos, junto con una buena capacidad de atención. El potencial está en todo ser humano, hay que desatarlo.

En sentido práctico y como fenómenos, la atención es muy similar a la conciencia (Popper, 2013, p. 302). Entonces, mientras más atentos estemos, más conscientes de las cosas y de nosotros mismos, seremos. El asunto es estar alerta y pensar, para abstraer la información de nuestro alrededor y tener con qué actuar.

“Acaso estemos inconscientes del tictac de un reloj, pero oímos cuando ese tictac se ha detenido” dice Popper. Él también nos invita a estar conscientes del tictac de nuestros pensamientos, de nuestros actos, y no sólo cuando se detienen (2013, p. 300).

Insight

El insight es un acto mental repentino, relacionado con lo aprendido y el razonamiento que ocurre cuando solucionamos un problema determinado (Giardini et al. 2017, p. 96).

Wolfgang Kohler (quien propuso el término insight, que significa “mirar dentro”) sostuvo que a la hora de aprender, no sólo actuamos con lo aprendido y captado por nuestros sentidos, sensaciones y emociones, sino también con las imágenes y reflexiones que hacemos en nuestra mente, al percibir, sentir, etc. Miramos dentro de nosotros mismos para actuar tanto dentro como fuera de nosotros mismos.

En un mundo, que está en constante cambio, que es impredecible y está lleno de disparidades, el insight reorganiza las situaciones para darles armonía y equilibrio. Todos tenemos la capacidad de desarrollar nuestro insight, pues nosotros podemos (y debemos) ver las situaciones que vivimos en su totalidad, analizar y tener en cuenta todos los factores que estén involucrados.

Tenemos la facultad de encontrar conexiones donde aparentemente no las hay y llenar esos espacios que a primera vista no se pueden llenar. Pero esto requiere un crecimiento paulatino, hay que cultivar nuestra inteligencia y razonamiento, hay que pedir ayuda a los demás, hay que crecer espiritualmente y ser sabios en nuestro proceder.

Los actos de insight que hagamos no siempre serán una gran demostración de genialidad o innovación, e incluso está presente la posibilidad de fallar y no concretarlos debido a pensamientos que, más que facilitar su afloramiento, los obstruyan. A pensar de ello, el ser capaz de resolver un problema de nuestra vida cotidiana tiene un valor que no se debe menospreciar. El objetivo es saber enfrentar las contingencias, para ayudarte a ti mismo y a los demás.

La próxima vez que resuelvas un imprevisto de manera que ni tú mismo te hayas podido explicar cómo ocurrió, es muy probable que haya sido tu insight.

Todo lo dicho, no resuelve misterio alguno, no descifra ningún código oculto al entendimiento humano. Pero son ideas que, desde sus respectivas disciplinas, ayudan a que el Yo, la individualidad y la conciencia plena, no sean vistas de forma vaga y que su misterio se vaya entendiendo cada vez, un poco más.

Referencias

Giardini, A., Baiardini, I., Cacciola, B., Maffoni, M., Ranzini, L., Sicuro, F. (2017). Comprende la Psicología. Wolfgang Kohler: La formulación del insight. Barcelona: Editorial Salvat, S. L.

Miller, D. (comp.) (2013). Popper: escritos selectos. México DF: Fondo de Cultura Económica.