¿Sabes qué necesitas?

Saber qué es lo que necesitamos es muy útil al momento de relacionarnos con los demás, ya que nos permite, ser conscientes de cómo queremos que nos traten, así como también, comunicar a los demás qué es lo que queremos, necesitamos y deseamos; estableciendo límites (ahora/así no), frecuencias (cada vez que te lo pida, nunca, a veces, dentro de una semana) e intensidades (así no, más, menos, poco a poco, etc.).

¿Alguna vez te has puesto a pensar sobre qué es lo que necesitas? Cómo quieres que se comuniquen contigo, cómo quieres que te amen, ¿qué necesitas para sentirte valiosa/o, entendida/o y validada/o? Suponiendo que lo sepas… ¿lo llegas a transmitir con claridad?

Déjame contarte que afortunadamente sí existen formas de conseguirlo. Pero requiere de mucho compromiso con uno mismo, ya que debemos ser conscientes de que es momento de intentar hacer las cosas de forma diferente.

Vamos a contar la historia de Gaby y Lucía:

  • Gaby: Hola lucía ¿Cómo estás? (expresando una gran sonrisa).
  • Lucía: Bien, gracias. (y mira hacia el piso)

Gaby piensa: “¿estará molesta conmigo? Bueno, yo no le voy a volver a preguntar” 

  • Gaby responde: ahh ya, bueno cuídate (trata de esbozar una sonrisa y se va) 

Analizando el ejemplo anterior nos damos cuenta, como muchas veces, en vez de comunicar lo que realmente pensamos, suponemos sin preguntar a los demás el motivo de su conducta, generando malentendidos y distancia con el otro. Imaginando que estas dos personas no son muy cercanas y no se vuelven a ver, tal vez, no pasaría de un momento incómodo, pero ¿qué pasa si son vínculos significativos constantes? La comunicación entonces se vuelve vital para formar relaciones saludables, eso queda claro, el desafío entra en acción cuando debemos comunicar lo que necesitamos y se vuelve más complejo aún cuando, una vez identificada la necesidad, nos enfrentamos a nuestros viejos y bien aprendidos mecanismos de defensa, esos que se activan cuando nos sentimos atacados o en peligro. Para superarlos, el análisis funcional de la conducta, nos brinda un camino para manifestar de forma genuina lo que realmente necesitamos.

Vivir con conciencia, coraje y amor:

Volvamos al ejemplo de Gaby y Lucía

  • Gaby: Hola lucía ¿Cómo estás? (expresando una gran sonrisa)
  • Lucía: Bien, gracias. (y mira hacia el piso)

Gaby piensa: “¿estará molesta conmigo? Le voy a preguntar”

  • Gaby: ¿Está todo bien? ¿estás molesta?
  • Lucía: No, Gaby, muchas gracias por preguntar, en realidad, ayer discutí con Alejandro y siento que no puedo estar bien, la verdad, me siento triste…
  • Gaby: Ay, por un momento sentí que estabas molesta conmigo, pero no te preocupes, ¿te gustaría contarme? ¿vamos por un café?
  • Lucía: No, no estoy molesta contigo. Claro, vamos por un café y te cuento todo.

Haciendo un breve análisis ¿qué fue diferente esta vez? 

  1. Gaby preguntó: lo que requirió ser consciente de lo que sentía. 
  2. Lucía contestó con la verdad: lo que le requirió coraje.
  3. Gaby expresó cuidado y preocupación: actuando con amor.

Si nos damos cuenta, muy seguido nos dicen que debemos comunicarnos, pero pocas veces nos dicen cómo. Si decidimos actuar bajo estas tres premisas (conciencia, coraje y amor), sin esforzarnos mucho, nacerá la intimidad y complicidad, porque nos mostraremos vulnerables.  

Durante mucho tiempo hemos crecido creyendo que ser “débiles” es algo malo, cuando en realidad no es debilidad lo que mostramos, sino, vulnerabilidad. Puesto que seguramente aprendimos que ser vulnerables, duele; es por ello que hablamos de la importancia de saber comunicar nuestras necesidades para establecer límites que nos protejan.

La vulnerabilidad no es mala en sí misma, tenemos derecho a mostrarla, pero ya que no podremos controlar cómo lo toman los demás, es importante basarnos en cuán seguros nos sentimos en relación al otro. Y así, darnos cuenta que, lo que sí puedo hacer, es decidir con quién manifestarla. Tratemos de usar nuestro criterio para no salir lastimados, nadie es malo por ser vulnerable. 

Ahora bien, entendimos que: si queremos sentirnos más cercanos a los demás, decir lo que realmente sentimos ayuda a relacionarnos mejor. Por ejemplo Gaby fue consciente de lo que sentía y decidió resolver esa duda que, como ya vimos, requirió observación, pero ella no hizo el trabajo sola, Lucía decidió también, con mucho coraje, comentar un hecho sobre su vida personal que le permitió a Gaby poder consolarla y cuidar de ella. Ofreciendo la contención de una buena amistad, ambas hicieron un gran trabajo de generar intimidad y cercanía emocional. Por último, si nos fijamos detenidamente… Gaby hizo algo más: respetó los límites y privacidad de Lucía y le preguntó si quería contarle sobre lo que le sucedía, teniendo en cuenta las decisiones de Lucía

Este ejemplo cotidiano busca, por la simplicidad del relato mismo, revelar cómo estas tres premisas (conciencia, coraje y amor) orientan nuestras experiencias para conseguir lo que deseamos al momento de socializar. No solo con el fin de mostrar un ejemplo ideal de comunicación, sino que nos permite también, evocar nuestras habilidades y competencias sociales, para trabajar en aquellas que representen un reto para nosotros; teniendo claro cuál será el beneficio personal, y esforzándonos por superar aquellas barreras que interrumpan la conexión con nuestros vínculos significativos. 


Fortaleciendo la comunicación con mis vínculos: 

Para comunicarme de manera efectiva, puedo seguir las siguientes tres directrices:

  1. Pide lo que necesitas: Es importante saber que podemos pedir lo que necesitamos, por ejemplo: haciendo peticiones y solicitudes siendo asertivos. Estamos hablando de ser capaces de expresar lo que nos gusta y lo que nos molesta, evitando guardar silencio y aceptando tratos, situaciones y formas que nos desagradan y que crean distancia con los demás. Sin embargo, no estamos hablando de responsabilizar al otro sobre nuestro bienestar, le estamos comunicando cómo nos sentimos cómodos cuando establecemos un vínculo y cómo podemos cuidar de este (¿qué necesitas para sentirte valiosa/o, entendida/o y validada/o?).
  1. Revela información personal: Necesario para construir intimidad emocional, complicidad y sentirnos seguros de mostrarnos vulnerables. Cuando confiamos, expresamos lo que realmente sentimos y revelamos experiencias personales, así estamos creando un ambiente íntimo en el que nos permitimos recibir amor, cuidado y protección, que sin duda nos brindan satisfacción, identificación y seguridad al relacionarnos con los demás.
  1. Establece límites: Los límites nos permiten sentirnos valiosos, respetados y autónomos, son esenciales al momento de socializar ya que nos brindan la libertad de actuar reconociendo quiénes somos, cuáles son nuestros principios y valores que se deben respetar.

Referencias: 

Create Extraordinary Interactions | Mavis Tsai | TEDxEverett

Kohlenberg R. y Tsai M. (2021) Creación de relaciones terapéuticas intensas y curativas.  España, Ediciones Psara.

Segura-Gálvez, M., Sánchez-Prieto, P., & Barbado-Nieto, P. (1995). Análisis funcional de la conducta; un modelo explicativo. España, Universidad de Granada.

Tsai M. Kohlenberg R.  Kanter J. Kohlenberg B.  Follete W. Callaghan G. (2010). Guía de la Psicoterapia Analítica Funcional: Consciencia, valor, amor y conductismo. Springer.

Alienación Parental

En ocasiones, dentro de un divorcio, uno de los progenitores opta por un enfoque destructivo, dentro de este se presenta una forma de abuso emocional conocida como alienación parental.

Se trata de una manipulación emocional en la cual uno de los progenitores continúa la batalla contra su expareja más allá de la separación, poniendo a los hijos en contra de él o ella, esto ocasiona daños graves en la relación padre-hijo y se puede ver afectada la reconstrucción de una nueva y sana vida después de la separación (Aguilar, 2004).

También se le señala como una triangulación peligrosa, en la que los hijos son partícipes de los juegos relacionales disfuncionales de sus padres. Según Linares (2006), es una forma de maltrato de un padre al otro, privándolo del afecto de sus hijos, y también hacia los hijos, quienes son alejados de su otro progenitor y se les obstaculiza una relación sana con él.

El término alienación parental fue utilizado por primera vez por Richard Gardner (1985), quien lo definió como “un trastorno caracterizado por un conjunto de síntomas que derivan del proceso por el cual un progenitor transforma la conciencia de sus hijos, mediante diferentes estrategias, con el objetivo de impedir, obstaculizar o destruir sus vínculos con el otro progenitor”; los niños suelen desarrollar desprecio y desaprobación (en mayor o menor grado) hacia uno de sus padres, esto deriva del cúmulo de indirectas y comentarios negativos de forma sutil o no del otro progenitor (generalmente el que convive con los hijos).

Esta manipulación se puede dar de forma abierta con comentarios directos, culpando al progenitor fuera del hogar (el padre de la no tenencia) o también de forma sutil, lanzando comentarios que parecen ser positivos, pero no lo son.

Aguilar (2004) comenta que hay tres fases en el proceso de alienación que pueden alcanzar diversos grados: leve (primera y segunda fase); moderado (tercera fase); grave (cuarta fase).

LEVE

Primera fase: el padre alienador elige uno o varios temas con los que se iniciará la creación de rechazo. El tema escogido empezará a ser asimilado por el o los hijos.

Segunda fase: el tema o motivo se vuelve más claro y se afianza, lo que ocasiona una conexión más fuerte entre el hijo y el padre alienador, así como sentimientos de confabulación y entendimiento entre ambos, esto impulsa la proximidad y lealtad.

MODERADO

Tercera fase: el hijo empieza a exhibir conductas sutiles de negación, enfrentamiento y temor cuando llega el momento de relacionarse con el otro progenitor, esto genera aún más lazos con el padre alienador y se refuerza la programación. Así mismo, al volver de cada visita con el otro padre, el alienador verificará si la lealtad del hijo sigue siendo suya y lo alentará a tomar partido en la situación, cuestionando la conducta del otro progenitor. Todo ello sin que el padre alienador reconozca su propia estabilidad.

SEVERO

Cuarta fase: al llegar a esta fase, las conductas de rechazo del hijo se volverán más intensas, al mismo tiempo en el que preserva el rechazo u odio hacia el progenitor alienado y defiende de manera absoluta y sin dudar al progenitor alienador, este evitara toda responsabilidad y culpará de la conducta del hijo al supuesto trato inadecuado por parte del otro padre.

Habiendo pasado por estas fases, Sureda (2007) menciona que está en la naturaleza de los hijos necesitar de ambos padres, sin embargo, al observar que uno se va y los abandona (padre alienado) y el otro cuida de ellos y se queda (padre alienador), interpretan que el primero es irresponsable y no representa un lugar seguro para ellos; por otro lado, el segundo es una fuente de cariño y cuidados. Fariña (2002) dice que el temor de perder también al progenitor que consideran seguro es el factor más relevante en la alienación parental.

Referencias

Aguilar, J.M. (2004). S.A.P. Síndrome de alienación parental. Córdoba: Almuzara.

Linares, J.L. (2006). Las formas del abuso. La violencia física y psíquica en la familia y fuera de ella. Barcelona: Paidós.

Fariña, F., Seijo, D., Arce, R. & Novo,M. (2002). Psicología Jurídica de la Familia: Intervención de casos de Separación y Divorcio. Barcelona: Cedecs

Sureda, M. (2007). Cómo afrontar el divorcio. Guía para padres y educadores. Madrid: Wolters Kluwer.