EL MARAVILLOSO MUNDO DE EDOS

De cómo enfrentar los miedos y superar la nostalgia

El mundo infantil está plagado de un romanticismo arrollador, donde todo se pinta de manera rosada, con un sabor pastel y un sonido similar a campanas que tintinean gustosamente a pie del oído pero, sabemos que no es así.

En sesión, muchas veces nos topamos con situaciones extraordinarias, de parte de madres y padres e inclusive cuidadores que acuden a nuestra sala de citas para recibir un soplo de esperanza y muchas de veces de valentía para tomar aquella decisión que tanto aqueja. Cuando acuden con niños la cosa se pone peliaguda porque no solo es hablar en el idioma nativo sino que además, debe ser comprensible, realista pero al mismo tiempo cuidadoso para no malograr la ya inquietante experiencia.

¿Cómo hablarle a los niños?

En otra época, los niños callaban y mordían su recelo. Muchas veces inclusive se veían privados de su expresión porque un manotazo injusto se iba contra ellos, pero, muchas de estas actitudes en la crianza (sí es que se le puede hablar así) ya hoy no son del todo tan habituales de conseguir.

Enhorabuena papá o cuidador que estás leyendo esto, gracias por preocuparte por no dañar una vida o por buscar una alternativa al «eso no te interesa porque eres un niño», y más bien hacer un puente como quien dice: «ven, siéntate aquí que vamos a hablar sobre aquello que paso con tu hermanita y el tío Gustavo».

Muchas veces, verter un poco de minutos y segundos en está vida pueden ser una inversión costosa, sin embargo, cuando se trata de hacerle ver a un niño una realidad que le concierne, esa inversión se convierte más adelante en una ganancia absoluta. Así que, respira profundo, recuéstate bien de tu silla y reflexiona sobre estas sugerencias:

  • Aclara en tu mente las aguas emocionales. ¿Cómo es esto? Sencillo, hablando se entiende la gente, por lo tanto, hablar con un humano y no con un ogro ya es mucho. No es juzgar ni tirarle piedras a otros por efecto de la cólera, es hablar, y para ello, el tema debe tener un inicio, desarrollo y cierre, ármalo en tu cabeza y luego en ese orden, exprésalo.
  • Habla en un idioma comprensible. «Las células plasmáticas del área del intersticio de tu abuelito están en una variación sistémica….» ¿lo entiendes? yo, honestamente no, así que probablemente un chiquito, tampoco. Habla en términos adecuados, pero, siempre cercanos a la realidad, y sí es de decir: pene o vagina, dilo tú, que eres confiable, no esperes que Youtube u otra persona con otras intenciones lo haga.
  • Disfruta. Es difícil decirlo y todavía más hacerlo, y aunque muchas veces son temas acalorados, complicados y dolorosos, es un momento donde dos almas se conectan, para compartir un saber. No todo debe ser doloroso o complejo, pero en momentos como estos, donde escapar sería más valioso que el oro, el enfrentar con coraje y con un amigo de apenas un metro, es muchísimo más satisfactorio a mediano y largo plazo. Tómate tu tiempo, estabilízate y ve de la mano con él o ella a una resolución realista y esperanzadora.

Un ejemplo vale más que mil palabras, lo mismo que una imagen, así que aquí traigo ambos, una pequeña historia de cómo encarar de forma melosa algunos episodios que en vida pueden ser complejos llegando a quitarnos las palabras, sucesos como el sentirse desamparado, con miedo, a punto de enfrentar un obstáculo temible y la tan aterradora nostalgia, se pueden convertir en quimeras de poliestireno siempre y cuando logremos expresarla adecuadamente.

En las coloridas calles de Calabacín 503-Cercado, una gran ráfaga de viento llevó la casa de Chiquinquirá hasta el misterioso mundo de Deva, un lugar fantástico donde habitan los Ezas, además de los Edos, un tanto más allá los GRRRR, y en sana paz los Iuhgg y Algos.

Chiquinquirá llegó a conocerlos un día que su casa se levantó por los cielos y fue a parar junto a aquel lugar, pero no estaba sola, había una linda voz que la acompañaba, no tenía forma, ni pesaba, pero sí que hablaba, se llama Lara, y siempre la aconsejaba, aunque a veces Chiquinquirá decidía por sí misma y hacía lo contrario, pero no era todo el tiempo.

Este misterioso viento, dejó a Chiquinquirá en medio de un lugar lleno de plantas altísimas como edificios, no estaba mamá para ayudarla, por lo que sintió miedo, y tras salir de casa y andar por todos lados, su voz interior, es decir, Lara le dijo: como no sabemos dónde estamos ni a dónde ir, vamos avanzando hasta llegar a algún lugar. Chiquinquirá aceptó, y tras muuuucho caminar, llegó al fin a una gran muralla de hierro.

Chiquinquirá estaba solita, estaba con mucho miedo, se sentía desamparada, pero, al llegar a una gran muralla de hierro, estaba contenta, porque pensó que sí tocaba la puerta alguien la ayudaría.

Toc toc, se escuchó. Un señor desde lo alto, vestido de morado y con lentes enormes del mismo color se asomó muy temeroso. Chiquinquirá le saludó muy alegre y con voz fuerte, se armó de valor y gritó a lo alto: ¡Holaaaaa!, necesito ayudaaaaa. El señor, que estaba amurallado, temblando de miedo, comenzó a dar la voz de alarma: ¡un intruso! Y todos comenzaron a buscar refugio.

De repente, el rey de la ciudad Edos, pues así se llamaba aquel lugar dijo con voz miedosa: no debe entrar ¿o sí debería entrar?, no, no debe ¿pero, y sí es buena? O tal vez no lo sea ¿pero, y si me ayuda? O tal vez nos coma, ¡qué terrible!

Mientras tanto, Chiquinquirá no se daba por vencida, estaba decidida a encontrar ayuda y Lara insistente le decía: vámonos, suficiente de insistir. No obstante, Chiquinquirá, recordaba a su mamá diciéndole que, con buenos modales había posibilidad de tener éxito. Entonces, Chiquinquirá limpió su voz –cof, cof- y dijo: ¡Hoooolaaaa! Soy muy buena y alegre, pueden abrir la puerta ¿por favor?

El rey, que estaba escuchándolo todo a través de sus mensajeros de la muralla, reflexionó: uhmmm, sí es un monstruo, no diría por favor. Pero, ¿y sí es una trampa?, ¿qué debo hacer? ¡qué miedo, qué miedo! El país de Edos jamás había tenido tantos problemas, pero… ¿y sí me ayuda?

Chiquinquirá, afuera de la muralla, y cada vez más decidida a entrar, siguió esperando pacientemente, hasta que, desde arriba, un hombrecito morado como su rey, le dijo en una voz tan pequeña como un ratoncito: ssssseñorita, ¿qué quiere?

Y Chiquinquirá muy emocionada respondió: señor, buenos días o tardes, aún no sé qué hora es, porque no tengo reloj ¿usted tiene un reloj o perritos? Bueno, un momento, quería preguntar ¿dónde estoy?, ¿quién eres? ¿me ayuda? Por favor-dijo con una gran sonrisa.

El hombrecito morado, fue corriendo a decirle al mensajero del rey, y éste al saberlo, se dijo muy confiado: es una niñita, una niñita chiquitita, de seguro no nos comerá ¿y sí come ciudadanos moraditos de Edo al vapor? ¡Ay! Qué miedo. Pero, ¿y sí no? Mmmm, es una niña, mejor sí que entre y así nos ayuda y yo la ayudo, y quedamos bien ayudados-pensaba temeroso el rey, hasta que resueltamente dijo- Señor Mensajero Real, le ordeno que traiga a esa niña ante mí, y dígale a mi Mayordomo Real que traiga mi armadura, nunca se sabe qué comen los niños de hoy en día.

De este modo, el Rey de Edos se preparó con su armadura de guerra morada, llena de placas de hierro, más que armadura, parecía un caparazón de tortuga. Y finalmente, el gran momento, Chiquinquirá entró por la pequeñita puerta de la muralla, casi a gatas, le dieron sus anteojos morados y comenzó a recorrer la morada y vacía ciudad.

– ¿Por qué todo es chiquitito?, ¿por qué no hay nadie? ¿por qué todo es morado? Mis manos, pies, cabello, el cielo, todo es morado ¡POR QUÉ! – con esta última pregunta, su voz retumbó por todo el país, y los ciudadanos morados de Edos temblaron de miedo. Luego de caminar un poco, llegó con el Rey Morado Edos, quien estaba debajo de la mesa.

-Señor, ¿qué le pasa? Un rato, hmmm, ¿por qué es tan pequeñito y moradito? ¿Por qué…? –

– ¡Basta niña feroz!, soy el Rey del País Edos, dime, ¿nos comerás? Y se honesta, te lo digo, no tenemos buen sabor- Chiquinquirá, respondió:

-jajajajajja, yo no como personas ¿qué le pasa? Me ayuda a encontrar mi casa ¿por fis? – dijo muy sonriente y divertida. El rey, muy asustado, pero no tanto como antes, sacó la cabeza de la mesa y dijo:

– ¿Así que no me comerás? Bien, te ayudare, sí me ayudas tu a mí, de ese modo, nos ayudaremos ayudaradamente, ¿bien? – Ante esto, Chiquinquirá dudó, ¿qué tipo de ayuda le daría una niña a un rey tan miedoso? Pero, su voz interior Lara, le señaló: escucha antes de hablar, averigua qué desea y luego, decidimos. Ante esto, Chiquinquirá dijo:

-Bueno, ¿qué quieres? -muy dudosa caminó hacia la puerta-  estoy perdida, no sé a dónde ir, cómo llegar a casa, extraño a mis padres.

– ¡oh!, estás perdida, te ayudaré, los niños necesitan que los cuiden- dijo el rey finalmente saliendo de la mesa con su enorme caparazón- sí, te ayudaremos, somos el País de Edos, somos miedosos, pero bondadosos; ese es nuestro lema. Te propongo que, sí tú capturas al Gran Rugidor, te ayudaremos a llegar a casa, el Gran Sabio siempre lo sabe todo, él sabrá cómo llevarte a casa. Mi mayordomo te llevará a alistarte. – Y con aire tranquilo, llamó-: ¡Gran Mayordomo! Lleve a la pequeña a prepararse para el combate contra el Gran Rugidor.

Chiquinquirá estaba muy alegre, saltaba de alegría, al fin llegaría a casa. Entonces, cerró el trato. Olvidó preguntar qué era el Gran Rugidor, ella solo quería llegar a casa, sentirse protegida y alegre, como de costumbre.

Chiquinquirá, solo pensaba en lo feliz que estaría de llegar a casa, por lo que solo caminaba tras el mayordomo. Cuando al fin alcanzaron una amplia habitación morada, le indicaron que debía vestirse con hombreras, cascos, una gran lanza, botas y una cota de malla, por supuesto, todo morado, entonces, Chiquinquirá se sorprendió y comenzó a sentir un gusanito en el estómago que subió hasta la garganta, hizo que sus piernas temblaran y se sintiera mal ¡estaba teniendo miedo!

Cuando Chiquinquirá se dirigió al camino que conducía al Gran Rugidor, su voz interior Lara, le decía que no la dejaría sola, que estaría para ella de forma incondicional, qué debía enfrentar sus miedos y que, sí sentía tristeza, debía sacudir su cabecita y dejar que la tristeza se fuera, es bueno sentirla porque indica que algo no está, pero, no hay que retenerla por mucho tiempo, le decía.

Cuando el Gran Mayordomo Real le indicó que debía ir al bosque encantado, a las afueras de la ciudad y allí en una cueva encontrar al Gran Rugidor, Chiquinquirá tembló de miedo, pero, la animó el hecho de reunirse de nuevo con su mamá, así que caminó con paso firme.

Mientras caminaba por el bosque, se distrajo. Flores, mariposas, una rana, dos troncos morados grandes, un saltamontes morado chiquitito…y así, iba mencionando todo lo que veía y sin darse cuenta pasó por encima de la temida cueva, al cabo de varios pasos, comenzó a sentir cómo el suelo temblaba.

– ¿¡QUÉ HACES AQUÍ?, ¡NIÑA, VETE! SOY EL GRAN RUGIDOR, RAWRSSSR. – dijo con voz grave y haciendo temblar a los troncos con cada palabra-

-yo soy Chiquinquirá, y si te venzo regresaré a casa con mi mamita, señor Monstruo, ¿Vive aquí? – replicó Chiquinquirá, con temor, aunque su curiosidad, pudo más que ella y no evitó preguntar-

-CLARO QUE VIVO AQUÍ, ES MI CASA. ¿ACASO NO TE DOY MIEDO? -expresó el Gran Rugidor confundido, pero igual de atemorizante-

-Un rato, si eres así de grande y tan peludo con esos colores rojos y amarillos, ¿por qué eres de colores y los otros son moraditos chiquitititos? – seguía preguntando Chiquinquirá- y, además, ¿por qué eres así de grande? ¿por qué estás tan molesto? ¿siempre fuiste así de grande y enojón? – a lo que el Gran Rugidor, respondió:

– ¡BASTA! PREGUNTAS DEMASIADO, SOPLARÉ TAN FUERTE QUE TE LLEVARÉ AL SIGUIENTE CONTINEN…-intentó decir el monstruo, pero Chiquinquirá, lo interrumpió.

– ¡Espera, espera! Sí te ayudo a que seas chiquito y enojón regresaré a casa y tú a la tuya, porque a lo mejor tienes una casita o una casota y una mamita con hermanos que te esperan ¿quieres?

Ante esto, el corazón del Gran Rugidor, que creía muerto hace mucho tiempo, comenzó a palpitar ¡claro, madre y hermanos! Los había olvidado. Cuando lo recordó, se hizo chiquitito, era un hombrecillo morado, que se quedó confundido y feliz, algo así como confeliz o confunliz, según le comentó a Chiquinquirá tiempo después.

Cuando Chiquinquirá notó el cambio en el ahora ex Gran Rugidor, le siguió preguntando, qué le había pasado, y este le respondió:

-Yo antes trabajaba para el reino entregando paquetes del correo, sí, aquí también tenemos mucha correspondencia. Y bueno, me despidieron y me enfurecí, llevaba muchos años así enfurecido hasta que un día no lo soporté más y grite y grité y grité tan fuerte, que me hice grande en mi último grito para el que tome aire en mis pulmones por cinco días, y me inflé. Luego de eso, me volví como loco, derrumbe casas y el rey me expulsó a las afueras en este bosque, y he vivido solo muchos años, sin mi mamita y hermanas ¿cómo estarán? Ahora me siento muy triste.

Ante esto, Chiquinquirá se acercó y le dio un abrazo y le dijo: -no te preocupes por lo que pasó, está pasado y en el pasado se quedará, ahora, tienes que ver lo que está sucediendo ahora, es algo muuuuuy bonito, eres libre y puedes regresar a casa, y ser feliz con tu familia o con una nueva, puedes tener ahora esposa e hijos. Aquí, rugiendo, no eras feliz, pero ahora, si puedes. Tu mamita y hermanas, habrán estado extrañándote, pero, siguieron con su vida intentando ser feliz nuevamente. Ahora, tu puedes serlo. Y sabes ¿qué te aconsejo? –

El ex gran Rugidor la miró con sus grandes ojos de hombrecito morado y preguntó muy intrigado: – ¿qué puedo hacer? Todo lo que has dicho tiene mucho sentido, ahora, quiero saber más-

Y Chiquinquirá respondió: – Crea tu trabajo haciendo juguitos felices, y así serás tu propio jefe, y comprarás helados para todos. Y bueno, no puedo decirte más, debo ir a casa con mi propia familia que me quiere y seguramente extraña, adiós ex Gran Rugidor, te daré mi número de teléfono y sí quieres, escribes y si no quieres, no escribas, seguramente yo estaré igual, lo importante, es que los dos estemos tranquilos y felices con nuestras familias ¿sí? –

El ex monstruo aceptó de inmediato, aunque algunas ideas le parecieron propias de una niña pequeña, estaba satisfecho, le dio todas las gracias del mundo a Chiquinquirá y tomó su número de teléfono escrito en una hoja de árbol, se fueron por caminos distintos y, nuestra heroína al llegar al pueblo victoriosa, encontró que todos aplaudían y gritaban: ¡CHIQUINQUIRÁ, VIVA CHIQUINQUIRÁ!

El rey la recibió y le dijo con tono solemne frente a todos: eres bienvenida a mi país siempre que quieras, Edos está muy agradecido, te doy ahora el código secreto del gran Mago, él sabrá cómo llevarte a casa.

Chiquinquirá estaba muy contenta, hizo nuevos amigos, un país entero la creía su heroína y lo más importante, accedió a verse con el Gran Mago y luego de las palabras mágicas: ¡AZUL MIAU, BALOO, JAJA! Llegó de inmediato a la puerta de su casa, allá en Calabacín 503-Cercado y se encontró con su mamá, quien la abrazó y le preguntó ¿dónde estaba? Y comenzó a relatarle toda la historia.

¿Qué sucedió con el ex Gran Rugidor? Bien, mientras a Chiquinquirá la vitoreaban en todo el país de Edos, el ex Gran Rugidor, se metió por un huequito en la muralla de las afueras del bosque y llegó a su casa, como todos estaban al pendiente de Chiquinquirá, le fue fácil llegar hasta su antiguo hogar sin ser visto.

Su madre y hermanas estaban en la Gran Plaza, todos estaban allí frente al gran acontecimiento, aunque tristes, pues, no vieron a su amado familiar. Cuando por fin llegaron y vieron a su amado perdido hace tanto tiempo, lloraron y rieron, se abrazaron y saltaron, eran en aquel momento más felices que antes.

Porque antes, eran felices, aprendieron que, cuando una persona no está, la vida debe seguir, existe un agujerito en el corazón, pero todo debe continuar.

El ex monstruo, le dijo todo lo que había pasado y tras recuperarse de la emoción inicial, comenzaron a comer en familia.

 Luego, el ex Rugidor inició un nuevo camino rehízo su vida, buscó empleo y lo encontró de la manera en que Chiquinquirá le había aconsejado, conoció a una señorita y se casó con ella, tuvo 15 hijos e hijas, y estaba muy contento, hacía mucho que Chiquinquirá no le escribía ni él a ella, pues, cada quien rehacía su vida, pero, en el corazón de ambos existía ese lugar especial para cada uno. No vivían juntos, pero, cada uno sabía de la existencia del otro, se deseaban bien, aunque no se hablaban, lo importante es que cada uno estaba contento con el lazo que los unía y con sus familiares con los que compartían día a día.

Mi osito Teddy tiene cáncer

¡Hola!, mi nombre es Teddy, soy un oso de color café chocolate, y también soy el juguete preferido de mi persona favorita, Daisy. Ella tiene 6 añitos, le gustan los dragones, las burbujas y los cuentos de magia. Este año Daisy va a seguir aprendiendo a escribir y a leer en su colegio, y luego de hacer sus tareas, sin excepción alguna, cómo todos los años seguiremos jugando hasta gastar la última cuota de imaginación del día. Este es mi diario, y cómo podrás ver, por cada día diferente en el que escribo, el color del fondo va cambiando.

Nuestra casa tiene tres pisos, es bastante espaciosa, y tiene color celeste cielo clarito. Vivimos junto a Alexander, el hermano mayor de Daisy, mamá, papá, y Frida, la gata. Desde que Daisy era una bebé, los fines de semana, vamos a pasear a la granja de los abuelos. Al final de esos divertidos paseos, siempre termino lleno de lodo y algunas veces de unas cuantas hormigas. Por lo que, luego de regresar a casa, los domingos por la tarde, tenemos nuestro famoso baño de espuma. Daisy es una niña espontáneamente feliz, tiene la risa más bonita del mundo, cuando se ríe lo hace a carcajadas, como quién usa todo el corazón para vivir.

A Daisy también le gusta mirarse por varios minutos frente al espejo mientras hace caras graciosas. Definitivamente soy el que más la conoce, porque siempre la observo, y trato de estar ahí para ella, a veces siendo un amortiguador para que no se lastime su cabecita cuando tropieza, otras veces, siendo blandito y abrazable, especialmente cuando tiene miedo a los monstruos antes de dormir, o siendo un simple saco de box para cuando está muy enojada, y mi rol favorito, siendo su gran confidente, cada que me susurra algún secreto nuevo al oído.

Estos últimos días, nuestra relación ha cambiado, no sé si es por ella, o por mi, pero siento algo extraño, me he pasado toda la tarde pensando en eso, y he concluido los siguiente: Daisy actúa cómo si estar a mi lado le resultara por momentos incómodo, es como si me estuviera ocultando algo. Por ejemplo, estos últimos días no me ha mirado directamente a mis dos botones color negro oscuridad, que tengo como ojos. También, la he escuchado llorando sola y cuando me ha visto, ha sonreído de inmediato, pero evidentemente no era la sonrisa de hace unos días, en la que usaba todo el corazón …

Ayer la madre de Daisy empezó a empacar la ropa de todos, pensé por un momento que sería una buena época para las vacaciones, pero la ropa que colocaba la mamá en las maletas no era ropa de playa. Durante el viaje hubo un silencio profundo color remolino, y luego de que papá estacionara el carro, ingresamos a un lugar de paredes color blanco nieve, con muchas luces color amarillo sol, y con un gran silencio color transparente, aunque tendré que buscar otro color para el silencio, porque ya me había dicho antes Daisy que, el transparente no era un color.

luego

Hoy me pincharon con una aguja tan grande y larga que la sentí hasta dentro de mi relleno de algodón. Y, después de pincharme a mí, fue el turno de Daisy, y desde ese momento hasta que nos trajeron el almuerzo, ella se la pasó llorando. En las noches me cuesta dormir porque en las madrugadas suena la ambulancia, y suena muy fuerte, y eso no solo me despierta a mí, lo peor de todo es que despierta a Daisy, y también despierta a mamá o a papá. Son muchos cambios, lo bueno es que siempre podremos usar nuestra imaginación para poder viajar a dónde deseemos.

Me siento tan nostálgico, que hasta empiezo a extrañar a Alexander, aunque el prefiere jugar con los soldaditos color verde petróleo, hoy lo eché de menos. Alexander no vino con nosotros, porque está en la casa de la abuela, lo sé porque antes de venir aquí, pasamos a dejarlo.

Después de varios días de no entender porque ya no íbamos al colegio a aprender las vocales, y los números, Daisy me ha dicho al oído que iba a contarme un secreto, y realmente era secreto, porque lo dijo con una voz tan bajita, que casi no la escucho: «Estamos en un hospital de verdad». Supongo que hizo la aclaración «de verdad» porque solíamos jugar a los doctores en su cuarto, y la caja de cartón de la lavadora vendría a ser el hospital de mentira. Luego añadió: «Nos vamos a quedar una temporada aquí, hasta que te sanes», eso último no me gustó ya quería ir a casa, tenía muchas preguntas, pero Daisy giró, y se quedó completamente dormida. A veces me siento triste, sobretodo cuando veo su carita de preocupación, eso definitivamente es lo que menos me gusta. No sé cómo decirle que a mi no me duele tanto, más allá del momento, quizá. A ella pareciera que le duele la mayor parte del día. Me enojo conmigo mismo, porque creo que es mi culpa que ya no estemos en casa, y que Daisy no sea la de antes, la echo de menos, nos echo de menos a todos.

Estos días he tenido las emociones mezcladas, como aquella vez en la que decidimos hacer una plastilina gigante juntando todos los colores, pensamos en un inicio que nos saldría color arcoiris, pero quedó un color café zapato.

Por otro lado, debo admitir que tenemos a un buen doctor que nos visita todos los días, menos domingos, se llama Doctor Julián, es alto, moreno, de ojos color caramelo dulce, y con manos suavecitas. Siempre que nos visita me acaricia la cabeza, y luego lo hace con Daisy, y la mayor parte del tiempo está sonriendo. En el bolsillo de su camisa tiene stickers, y nos llena un calendario que está en la pared con cada visita. Nos ha prometido un paseo por el patio cuando lleguemos a 35, pero aún nos faltan diez.

Hay días buenos, días regulares y días como hoy, días malos, cada vez que viene el doctor, me dice: «Hola Teddy, vamos a iniciar con el tratamiento de hoy», y hace varias cosas de forma muy rápida, cosas que no entiendo, y luego, hace las mismas cosas con mi querida Daisy, pero cuando las hace con ella, se demora más tiempo. No me gusta cuando Daisy me mira con miedo, y lo hace solamente cuándo es mi turno, porque cuando le toca a ella, está bien valiente.

Un mes se pasa volando, dijo un día el Doctor Julian, y nos regaló un lapicero de unicornio, Daisy se emocionó mucho, pero la sonrisa no duró tanto tiempo. Creo que es porque tenemos unos tubitos como sorbetes sin color en el brazo derecho. El tema está en que Daisy y yo somos diestros, por lo que, no podemos dibujar como tanto nos gustaba, y no vamos a poder hacer un buen uso del lapicero de unicornio por ahora, pero estamos aprendiendo cada día a ser más pacientes. De igual forma, a papá se le ha ocurrido una idea color brillante, y nos trajo una radio, que reproduce audiocuentos, ese día escuchamos uno de mis favoritos: «Peter Pan». Siento que ya nos estamos acostumbrando, cada día es más sencillo, este hospital va a ser como nuestra casita temporal, y la abuela suele decir que hay que vivir el presente, porque nada se repite.

Hoy la tira de stickers del Doctor Julián se ha acabado, y hemos logrado salir al patio, ha sido un día maravilloso. A pesar de todo, me gusta vernos más unidos como familia, al inicio no entendía qué significaba estar enfermo, pero hoy escuché a mamá decirle a papá, que había sido una idea maravillosa traerme para acompañar a Daisy, pensé que era ella quién me acompañaba a mi. Bueno, en realidad lo hacemos ambos. Durante su conversación, usaban términos que no comprendía, hasta que mamá dijo que Daisy estaba luchando contra el cáncer. Y, papá le dijo, que si uno enfermaba en casa, todos lo sentíamos, que todos luchaban contra el cáncer en realidad. Y, ahí recién entendí, mi forma de apoyarla es mediante la empatía. Si ella enferma, yo también siento, si ella sonríe, yo también reiré.

A cute sick little boy is sitting with his stuffed animal on a chair waiting for a chemotherapy appointment to treat his cancer. He is optimistically smiling.

Jugar en la naturaleza, y no tener ningún techo que tape el cielo, ha sido de lo más bonito. Daisy no dejaba de moverse, y la veía mirar alrededor con ojos color esperanza.

———————-¿FIN?———————

Antes de profundizar un poco más en el tema, creo que es importante aclarar que todo lo que veía Teddy en Daisy, es en realidad, LO QUE DAISY PODRÍA VER EN SUS PADRES… Un conjunto de emociones, que varían en intensidad a cada momento, y no es para menos, la incertidumbre de vivir una situación así, genera miedo, ansiedad, tristeza, enojo, cólera, alegría… Y quizá en este punto, desees regresar al principio del cuento, para generar una mayor empatía, especialmente si en tu familia alguien atraviesa por este difícil momento. Recuerda mientras lees nuevamente el cuento, tratar de ver a través de los ojos de Teddy, porque así te miran tus hijos(as).

La Psico-Oncología, es una rama de la Psicología que nos permite abordar casos de personas y familias que han sido diagnosticados con cáncer, y que luchan día a día. La información en esta sección tiene el objetivo de promover la comprensión emocional que requiere esta condición médica.

Vamos a hablar de dos puntos, primero, sobre la psicología de un niño(a) que atraviesa por esta condición médica. Y luego, sobre la red apoyo, padres, cuidadores, familia, amigos, etc.

HABLEMOS DE DAISY:

DAISY INICIA EL TRATAMIENTO:

Los primeros días suelen ser los más difíciles, aparece el inmenso miedo a lo desconocido, a lo incierto. Los hijos comúnmente reaccionan a la noticia del diagnóstico de cáncer con una postura similar a la que reflejan sus padres.

A su vez, la forma en la que reaccionen va a depender de varias variables, principalmente de, la edad y de las características de su personalidad.

Asimilar el diagnóstico es un proceso emocional, es probable que haya existido una molestia o dolor físico previo a la detección, así como también es probable que haya sido imperceptible. Pero cuando tenemos la noticia, caemos en la cuenta de que es real, realmente nos está sucediendo.

Aquí es donde surge la ansiedad, y gradualmente, una pérdida de autonomía, lo que aumenta la dependencia hacia nuestros cuidadores. La sensación de pérdida de control en un niño(a), puede ser experimentada como una posible amenaza, hecho que provoca malestar emocional.

El cáncer influye en las distintas áreas de funcionalidad del niño, modificando, por ejemplo, sus rutinas de vida, a nivel académico, social, familiar, hecho puede ir agravando este malestar emocional. Allí radica la importancia del apoyo psicooncológico desde el momento en dónde se cuenta con el diagnóstico médico, con el fin de desarrollar estrategias de afrontamiento promoviendo la adaptación del niño(a), y de su familia.

En esta fase inicial surge la necesidad de psico-educar al niño(a), es importante que ellos sepan el nombre de su cáncer, y que reciban información breve y didáctica sobre el tratamiento. Sugiero también realizar un ejercicio de imaginiería y de visualización a corto plazo, para que vean cómo cambiarán algunas cosas, durante este periodo.

Resulta bastante útil leer libros o cuentos de esta temática, y si es factible, promover el contacto social con otros niños o adolescentes con el mismo diagnóstico. La filmoterapia también abre una puerta de proyecciones en el niño respecto a los protagonistas, quienes resaltan por su valentía, y perseverancia. Recomiendo mostrarles cortometrajes, o películas que puedas haber revisado previamente.

Vamos avanzando poco a poco, que usualmente uno de los aspectos más difíciles es aceptar la situación. Lo más importante, es tener en cuenta que, desde este punto nuestra inteligencia emocional tendrá una gran posibilidad de incrementar a pasos agigantados, usaremos nuestro coraje, trabajo en equipo, tolerancia, liderazgo, pero sobre todo, nuestra empatía y amor propio.

DAISY CONTINUA CON EL TRATAMIENTO:

El lenguaje universal de los niños(as) es el juego, tómate un momento para pensar en estrategias lúdicas que ayuden al niño(a) a disminuir la incertidumbre. Por ejemplo, la técnica que utilizó el Dr. Julián, en el cuento descrito previamente, para la cuál, le aplicaba al osito Teddy primero las intervenciones médicas, cómo las inyecciones, y luego, recién a la niña. Esto facilita una breve preparación emocional, es cómo que ver lo que va a ocurrir, lo hace saber que tendrá un inicio y un fin, que hay personas a su alrededor cuidándolo(a), que todos los presentes saben que le va a doler, pero que lo hacen para que logre estar bien.

Así mismo, se pueden instaurar otras técnicas, como que, el niño(a) escriba cartas, haga dibujos o audios, para motivar a niños(as) que atraviesan por una situación similar. No olvidemos que dar fuerza a los demás, nos da fuerza a nosotros mismos. Y si tiene la posibilidad de conocerlos, mucho mejor, poder observar en un tercero lo que nos sucede físicamente, es una oportunidad para nuestro autoconocimiento.

El calendario de citas o procedimientos, es una especie de economía de fichas (Técnica conductual), que facilita a los niños el obtener una recompensa (De preferencia una experiencia a lo material), al culminar un ciclo. Pegar stickers cada día, o en cada procedimiento, hará que sientan una motivación que les permita ver a mediano plazo.

Del mismo modo, la lectura terapéutica, tiene un propósito psicoeducativo. Existen varios autores de cuentos o audiocuentos para niños de todas las edades, en dónde abordan este tipo de situaciones, ¿Por qué es educativo? Ayudará a que los niños(as) se identifiquen con algún personaje, y encuentren las palabras para expresar mejor lo que sienten a sus padres, médicos o cuidadores, entre muchos otros beneficios.

Otro tema que aborda la «Psico-oncología», es el dolor. Algunos procedimientos invasivos se consideran incluso más dolorosos y ansiógenos que el propio cáncer. Es importante aprender técnicas que ayuden a manejar las sensaciones dolorosas. Una de ellas inicia justamente en crear un «Termómetro del dolor», para que los niños(as) puedan calificar algunas intervenciones, e identificar que, muchas de estas situaciones son más tolerables que otras. Esto también ayudaría en describir su dolor al personal de salud. Sumándole a esto, la técnica de respiración diafragmática, relajación muscular progresiva, entre muchas otras que explicaré en futuros artículos.

Por otro lado, cuando les sucede algo «malo» a los niños(as), tienden a desarrollar sentimientos de culpa, hace unas semanas tuve un caso en el que la niñita refería que por haber hecho alguna travesura, recibía «una especie de castigo» al enfermarse. Manifestar ese tipo de pensamientos solo aumentaría su malestar. Es por esto que, resulta muy valioso entender su percepción de la situación. Para esto podemos conversar con ellos, preguntarles que piensan y sienten respecto a lo que sucede.

Es interesante analizar la mayor parte posible del contexto de tratamiento médico, y buscar orientar cada situación a la realidad psicológica infantil. En ese sentido, las formas más comunes de administración de los medicamentos en la quimioterapia, son mediante sonda intravenosa, medicamentos, inyecciones y tratamiento vía intratecal (Los medicamentos son inyectados en la parte baja de la espalda empleando la técnica de punción lumbar). Para lo cual, se puede representar, primero con un peluche o muñeco, el procedimiento que luego se le hará al niños, para permitirles familiarizarse y entender lo que sucederá a continuación.

Del mismo modo, es importante resaltar que, por la misma condición médica podrían aparecer cambios físicos, como la pérdida de peso, la caída de cabello, la alteración del sueño, entre otros. Y estas alteraciones, en muchos casos, se intensifican con el tratamiento.

Aunque no ocurre en todos los casos, pongámonos en la situación de la caída del cabello, muchos se lo tomarán con calma, pero para otros, especialmente si ya están en una etapa de pubertad o adolescencia, esto podría generarles emociones intensas. Es importante darles un tiempo de preparación a su nueva imagen.

Es común no tener cabello, es más, de seguro conocemos a personas que no lo tienen, ya sea por alguna condición médica, o simplemente por un corte de su elección. La forma en la que llevamos el cabello es parte de nuestro estilo, y la forma en la que no lo llevamos también debería de serlo. Por lo mencionado, dales a los hijos(as) la oportunidad de decidir qué quieren hacer respecto a esto, pueden decidir también si gustan usar algún complemento, como gorritos, turbantes, pañuelos o pelucas. Este punto es muy importante para ellos, dado que, por lo menos en cierta forma «tienen el control de su aspecto».

Otro punto importante para abordar es respecto al personal de salud que se encarga de los cuidados de tu hijo(a), se sugiere hacer lo posible para que el niño(a) tenga un solo médico de confianza, o un grupo reducido de profesionales de la salud. Esto para que pueda familiarizarse y tener mayor confianza durante su tratamiento. Especialmente en el caso de niños(as) pequeños(as). En caso de un cambio de médico, tratar de ir preparándolos con alguna fotografía del mismo, o contándoles algo personal sobre el médico. Ej. «Tu nuevo Doctor se llamará Javier, y le encantan los perritos, tiene en casa uno, que es muy travieso y es de raza salchicha, cómo los perritos que vimos aquella vez…»

Uno de los aspectos más importantes durante la fase de tratamiento, es asumir que, el niño(a) la va a pasar mal por momentos, pero que a la vez, mientras eso suceda, está ocurriendo algo bueno, porque recibe lo que necesita para ganar esta batalla.

DAISY DICE ADIÓS AL TRATAMIENTO:

Cuando un niño(a) culmina la batalla contra el cáncer, y le dan el alta, automáticamente se embarga de alivio, y poco a poco retorna la sensación de control sobre su propio cuerpo, esto supone un proceso realmente reconfortante.

Claro, es cierto, tiene que haber un seguimiento posterior a la recuperación, que incluye visitas al médico, y algunos exámenes que seguirán siendo parte de la rutina, pero ya se ha recuperado gran parte de la salud, y a partir de ese momento, tendrás a un hijo(a) mucho más resiliente, que ha desarrollado una serie de competencias psicológicas, cómo la perseverancia, paciencia, trabajo en equipo, tolerancia a la frustración, y sobretodo, ganas de vivir una gran vida.

Este artículo va dirigido con mucho cariño y respeto a una gran amiga, que en este momento se encuentra luchando, junto a su familia, por la salud de su pequeña. Ella me inspiró a profundizar en este tema, y es que, ella es tan fuerte y resiliente, que puedo asegurar que la mayor parte del tiempo lo mira todo color esperanza.