Descubrir mi fuerza interior

Cómo la práctica espiritual ha ayudado a transformar áreas de mi vida.

En el bullicio de la modernidad, donde prima el estrés, los problemas y las preocupaciones que nos rodean constantemente. Surge algo liberador, algo transformador, una guía desde una postura filosófica, y desde una cosmovisión muy interna que ayuda a cultivar la fortaleza de uno mismo, la paz y la serenidad mental. 

En estos tiempos, algo que me ha permitido mejorar en muchos aspectos de mi vida ha sido encontrarme con este lado espiritual, basado no solamente en la teoría, sino también en la práctica. Varias personas han hablado acerca de ello, desde el punto de vista filosófico, como Séneca, Marco Aurelio y Epicteto, siguiendo sus posturas y corrientes propiamente dichas. Pero más allá de que sean ideas que pueden tener un juicio de valor personal para cada uno de ellos, tiene que ver con principios que generalmente cuentan con una visión de transformar nuestras vidas, tal y como lo ha sido en mi caso. Para ello, las bases que yo he encontrado han sido reponedoras.

Analizando cómo esto se ha aplicado de una forma muy personal en mí mismo, podemos identificar el estoicismo. ¿Qué es el estoicismo? En primera, es más que una postura filosófica, es un estilo de vida para poder navegar a lo largo de las implacables problemáticas que podemos tener, pero con mayor sabiduría, mayor resiliencia, mayor empatía, y mayor despertar. En esencia, se trata de aceptar lo que uno insistentemente siempre pretende cambiar, porque muchas veces creemos que las circunstancias tienen poder sobre nosotros y, en base a ello, pretendemos cambiar cosas que generalmente no dependen de nosotros, lo cual nos trae mucha frustración, mucha tristeza, y demás circunstancias dolorosas. 

Brevemente les voy a explicar ciertas prácticas que han ido ayudándome a tener un mayor raciocinio de cómo llevar esta postura filosófica de vida de una forma más práctica: 

La primera es la meditación: Es importante comenzar nuestro día con una reflexión que nos lleve a un estado de tranquilidad. Dentro de ello hay que considerar que tenemos que manifestar intenciones para abordar situaciones que puedan surgir durante el día con calma y resiliencia. Muchas personas piensan que meditar significa poner nuestra mente en blanco, sin embargo, por contradictorio que aparente ser, en realidad significa estar abierto a que venga cualquier tipo de pensamiento denominado bueno o malo, pero que venga porque nos quiere esclarecer algo, pues nos quiere decir que hay algo que resolver, que trabajar en nosotros mismos y no deberíamos huir de ello. 

La segunda es tener un diario: Un diario donde nosotros podamos anotar cosas por las cuales estamos agradecidos, antes de dormir o al despertarnos —además de leerlo—. ¿En qué aspectos me siento bendecido? Es un ejercicio que puede resultar simple, pero ayuda a tener una postura más realista frente a la vida, donde uno puede analizar realmente qué cosas, qué aspectos hay que agradecer, y, decir también que hay muchas cosas positivas frente a una mirada de repente de devastación, de tristeza, o de que no salen las cosas como queremos. Realmente agradezco este día, agradezco que haya pasado, pues me ha servido verlo desde esta perspectiva, porque muchas veces ante una mirada de sombra, de oscuridad, de una profunda tristeza, uno solo se centra en lo negativo, y esta mirada no es algo realista, porque en realidad, es una actitud que empaña la vista del panorama completo, al no tener una postura clara y pareja, y lo único que hace es que nos hundamos en nuestro propio dolor. Y esa mirada, muchas veces, se hace más y más poderosa cuando en realidad no debería serlo. 

La tercera es contemplar la muerte: Puede que suene un tanto sombrío, pero reflexionar sobre la finalidad de algo que muchas veces tratamos de escapar, es decir, la muerte, en verdad, es parte de la vida en sí. La muerte nos recuerda la importancia de aprovechar el presente, el “ahora”, en cada momento. Contemplar algo que es tan parejo para todos, donde no importa la condición económica ni la postura ideológica. Nos hace notar que, a pesar de todos nuestros intentos de sentirnos seres especiales, únicos y diferentes, en realidad no podemos escapar de algo que es tan universal e inevitable para la existencia de todos, como lo es la muerte. Esto nos ayuda a enfrentarnos a nuestro yo, porque infunde gratitud, claridad y nos ayuda a poder tomar decisiones que son realmente fundamentales en nuestras vidas. Hay que disfrutar y ser feliz con las pequeñas alegrías, con los pequeños logros, y darnos cuenta de que, en una visión de contemplación frente a la muerte, nadie está ajeno.

Cuando vemos al estoicismo como una práctica desde una postura también espiritual, notamos que sus propias enseñanzas pueden tener un gran impacto en nuestra vida. Por ejemplo, a mí me ha ayudado mucho a reducir el estrés. Al centrarme en lo que puedo controlar y aceptar, y darme cuenta de que desistir en lo que no puedo cambiar también es parte de esa aceptación, lo que genuinamente ayuda a contemplar el hecho de que hay situaciones en las cuales ya no hay que luchar, que el rendirse es necesario, pero no de una postura de derrotista. Al rendirse significa desistir, “ya no más”, “hasta aquí doy”, “no he perdido la guerra, he avanzado en otros planos de mi vida y tengo que enfocarme en ellos”. 

Otro aspecto en que el estoicismo es de mucha ayuda es a ser resiliente. Las adversidades se vuelven menos perturbadoras cuando uno se enfrenta con calma y determinación a estas circunstancias y dice, incluso ante lo malo, ante lo negativo: “En la adversidad he aprendido y con gratitud lo acepto, puedo darme cuenta de que en esa sombra u oscuridad que veo a mi alrededor, también puedo sacar aspectos positivos”. 

Esta práctica también ayuda a mejorar las relaciones interpersonales. ¿A qué me refiero? Al comprender que no puedo controlar las acciones de los demás, me ha permitido desarrollar empatía y paciencia. “Yo no tengo poder sobre los demás, nadie tiene poder sobre mí”. Esta frase me permitió comprender que hay circunstancias que, en un acto de crecimiento propio, no tengo que solucionar la vida de nadie. No tengo que poner mis esperanzas, mi felicidad, mis planes, mi determinación en o a través de los demás. 

En conclusión, de esta forma puedo decir, a modo personal, que más que una mera teoría, postura filosófica o forma de llevar la vida, realmente puedo notar que hay cambios positivos desde una mirada más integral. Hay que permitirnos abrazar, comentar y difundir estas enseñanzas que son capaces de transformar una vida, ya que en esta práctica también está el agradecimiento. 

Yo los invito a que puedan aceptar un desafío con gracia y determinación y tengan en consideración estas enseñanzas y que también las pongan en su práctica diaria, en vistas a realizar un cambio. Y si en algún momento necesitan ayuda en su recorrido, pueden acudir a mí o a otros especialistas para poder apoyarlos en el camino tan hermoso que es la psicoterapia, aquella recuperación emocional donde, muchas veces, partimos desde una visión poderosa y transformadora, para mejorar nuestras vidas.

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